El adolescente y el suicidio

No consiguiendo la autoidentificación mediante el proceso de educación a que se encuentra sometido, o portador de un disturbio psicótico maniacodepresivo que no consiguió superar, o experimentando frustraciones derivado de conflictos íntimos, el adolescente inmaduro opta por la solución adversa del suicidio.

Sin estructura emocional para enfrentar los imperativos psicosociales, o incluso los desafíos de los relacionamientos interpersonales, o aturdido por las secuelas de las drogas adictivas, o empujado al plano secundario en el hogar, el adolescente parece no encontrar camino que deba ser recorrido, cayendo en el suicidio infame, de consecuencias,infelizmente imprevisibles y aterradoras.

Ignorando la realidad de la vida en su magnitud y profundidad, procura solucionar los problemas normales, pertinentes a su crecimiento, de la manera más absurda, que es la búsqueda de la muerte, en cuyo campo resurge vivo, ahora bajo la carga insoportable de la situación elegida para huir, del combate, que lo elevaría al estadio superior de conocimiento y de autorrealización.

La existencia corporal es enriquecedora, exactamente por ser constituida de ocurrencias, a veces antagónicas, que aparentemente se chocan,cuando en realidad se completan, como es la alegría y la tristeza, la salud y la enfermedad, el éxito y el fracaso, la conquista y la pérdida, el bien y el mal, que se armonizan en fascinantes mosaicos de experiencias, resultando en vivencias positivas por el proceso de atravesar y conocer las diferentes áreas del mecanismo de la evolución. 

Si no hubiese esos fenómenos dispares, ningún sentido existiría en la metodología del conocimiento, por faltar la participación activa en los acontecimientos que hacen lo cotidiano. 

La desinformación al respecto de la inmortalidad del ser y de la reencarnación responde por la correría alucinada en la búsqueda del suicidio, con la propuesta de encontrar en él la solución para las dificultades que son ampliación de progreso, sin las cuales se permanecería estacionado en el nivel en que se transita.  Y esa falta de esclarecimiento es mayor en el periodo infanto-juvenil como comprensible,facultando la fuga hedionda de la existencia carnal, yendo para la tragedia dela continuación de la experiencia que se deseó abandonar, ahora empeorada por los efectos trágicos de la acción infeliz, que aumenta el peso del problema,exactamente por causa del alucinado y cobarde gesto de fuga.  

El ser humano está destinado a la gloria estelar, que deberá conquistar a esfuerzo personal, venciendo cada escalón que lo lleva alas alturas con esfuerzo propio, mediante lo cual se perfecciona y consigue superarse. Toda ascensión provoca reacciones compatibles con el estadio que se alcanza, exigiendo renovación de fuerzas, ampliación de resistencia para conseguir las cimas anheladas. Es natural, por tanto, que surjan impedimentos que se presentan como pruebas de valoración, que seleccionan aquellos que se encuentran más bien dotados y fortalecidos para el éxito.

Desistir es perjuicio en la economía de la autorrealización y fuga es desastre en el emprendimiento de la evolución, que nadie consigue sin grandes perjuicios.

En el periodo de infancia y de adolescencia, el ser forma el carácter bajo las herencias de las reencarnaciones anteriores, que se expresan, no siempre de forma feliz, produciendo, a veces, choques y dolores que deben ser atenuados, canalizados por la educación, por los ejercicios moralizadores, hasta que se fijen las disposiciones definidoras del rumbo feliz. Nunca, pues, el camino se hará sin dificultad, sin tropiezos, sin esfuerzo. Quien alcanza una gloria sin lucha, no es digno de ella.

El suicidio brutal, violento, es crueldad para con el propio ser. Sin embargo, hay también el indirecto, que ocurre por el desgaste delas fuerzas morales y emocionales, de las resistencias físicas en el juego delas pasiones que corrompen, en la ingestión de alimentos en exceso, de bebidas alcohólicas, de humo pernicioso, de las drogas adictivas, de las reacciones emocionales rebeldes y agresivas, del comportamiento mental extravagante, del sexo en uso exagerado, que generan sobrecargas destructivas en los equipamientos físicos, psicológicos y psíquicos…

El materialismo, que infelizmente se propaga, sin ningún disfraz, en la sociedad, que se presenta en grupos religiosos, salvados las naturales excepciones, coloca sus premisas en el comportamiento de las personas y las impulsa para la conquista hedionda, para el gozo material exclusivo,empujando a sus víctimas para las huidas alucinantes, cuando los propósitos anhelados no se hacen coronar por los resultados esperados. 

El adolescente, viviendo en ese clima de luchas acerbas y no habiendo recibido una base moral de sustentación segura, en la vida física ve solamente la superficialidad, el placer mentiroso, la ilusión que comandan los comportamientos de todos, en terribles campeonatos de locura.

Desfilan los líderes de la aberración en los carros del triunfo engañoso, y muchos de ellos, no soportando la corona pesada que los doblega, son tragados por la sobredosis de las drogas del desespero, que los retira del cuerpo más enloquecidos y atónitos de como antes se encontraban. En otros casos, son consumidos por la virosis irreversible, especialmente por el Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, que los agota y consume poco a poco,tornándolos fantasmas despreciables y confusos para aquellos mismos que antes los respetaban, imitaban y buscaban su convivencia a peso de oro y de mil humillaciones.

El adolescente, cuya formación padece constantes alteraciones de comportamiento, necesitando de apoyo y de directriz emocional,deseando vivir experiencias adultas, sin bases psicológicas de seguridad,naufraga, sin fuerzas, arrastrado por las poderosas corrientes de los grupos sociales, en los cuales transita, grupos esos, casi siempre, constituidos por enfermos y desestructurados como él mismo.

Cuando el hogar se torna escuela de verdadera educación, y la escuela se transforma en hogar de formación moral y cultural,la realidad del Espíritu será parte de sus programaciones éticas, sin el carácter impositivo de doctrina religiosa compulsivo-obsesiva, pero con la condición de disciplina educativo-moralizadora que es, de la cual nadie se podrá evadir o simplemente ignorar, entonces el suicidio en la adolescencia cederá lugar a la resistencia espiritual para enfrentar las vicisitudes y los desafíos, mediante madurez íntima y comprensión de los valores éticos que constituyen la vida.

A través de una visión correcta sobre la realidad del ser, de su destino, de sus objetivos en la Tierra, el adolescente aprenderá a esperar, sembrando y cuidando de la gleba en la cual prepara el futuro, a fin de recoger los frutos especiales en el momento propio, frutos esos que no pueden llegarle antes de tiempo.

Descartándose los impulsos  autodestructivos, que resultan de psicopatologías graves, pero que también pueden ser debidamente tratadas, las ocurrencias que llevan al suicidio en la adolescencia serán sanadas, y se alterará el paisaje emocional del joven, a fin de que él desarrolle su proceso reencarnatório en paz y esperanza, ganando conocimientos,adquiriendo sabiduría y construyendo el mundo nuevo en el cual el amor predominará, la infancia y la juventud recibirán los cuidados que merecen en su condición de perennes herederos del futuro.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Franco
Adolescencia y Vida
Traducido por R Bertolinni

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