Punta de luz

Un hombre paseaba por una calle desierta, a altas horas.

Noche oscura, sin luna, estrellas apagadas…. Seguía aprensivo. Por allí ocurrían, no es raro, asaltos… Notó que alguien le seguía. 

– ¡Hola! ¿Quién hay ahí? – preguntó, asustado.

No obtuvo respuesta. Se apresuró, lo que fue imitado por el perseguidor. Corrió… El desconocido también. Aterrado, en precipitada carrera, tan rápido, mientras sus piernas lo permitían, corazón galopando en el pecho, pulmones en brasa, pasó delante de una punta de luz. Miró para atrás y,como por encanto, el miedo se desvaneció. Su perseguidor era solo un viejo burro, acostumbrado a acompañar a caminantes.

La historia se asemeja a lo que ocurre con la muerte.La inmortalidad es algo intuitivo en la criatura humana. Sin embargo, muchos tienen miedo, porque desconocen enteramente el proceso y lo que les espera en la espiritualidad.

Las religiones que deberían preparar a los fieles para la vida más allá del túmulo, concientizándolos de la supervivencia y abriendo la cortina que separa a los dos mundos, poco hacen en este sentido, ya que se limitan a incursiones por el terreno de la fantasía. 

El Espiritismo es la “punta de luz” que ilumina los caminos misteriosos del retorno, ahuyentando temores irracionales y opresiones perturbadoras.

Con la Doctrina Espirita podemos encarar la muerte con serenidad, preparándonos para enfrentarla. Eso es muy importante, fundamental incluso, ya que se trata de la única certeza de la existencia humana: ¡todos moriremos algún día!

La Tierra es un taller de trabajo para los que desenvuelven actividades edificantes, en favor de la propia renovación; un hospital para los que corrigen desajustes nacidos de vicios pasados; una prisión, en expiación dolorosa, para los que rescatan deudas relacionadas con crímenes cometidos en existencias anteriores; una escuela para los que ya comprenden que la vida no es un mero accidente biológico, ni la existencia humana una simple jornada recreativa; pero no es nuestro hogar. Este está en el plano espiritual, donde podemos vivir en plenitud, sin las limitaciones impuestas por el cuerpo carnal.

Comprensible, pues, que nos preparemos, superando temores y dudas, inquietudes y engaños, a fin de que, al llegar nuestra hora,estemos habilitados a un retorno equilibrado y feliz.

El primer paso en este sentido es el de quitar a la muerte el aspecto fúnebre, mórbido, temible, sobrenatural… Hay condicionamientos milenarios en este sentido.

Hay personas que simplemente rechazan aceptar el fallecimiento de un familiar o el suyo propio. Dejan el asunto para un futuro remoto. Por eso se desajustan cuando llega el tiempo de la separación.

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” pregunta el apóstol Pablo (I Corintios 15:55), demuestran que la fe supera los temores y angustias de la gran transición.

El Espiritismo nos ofrece recursos para encarnar la muerte con idéntica fortaleza de ánimo, inspirados, igualmente, en la fe. Una fe que no es éxtasis de emoción. Una fe lógica, racional, consciente. Una fe inquebrantable de quien conoce y sabe lo que le espera, esforzándose para que le espere lo mejor. 

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

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