El adolescente y el peligro del SIDA

La adolescencia es la hermosa fase de la existencia física, en la cual el sueño y la fantasía se dan las manos, en la búsqueda delo fantástico y de lo maravilloso.  

Rica de inexperiencia, el suyo es el campo de la investigación, de la vivencia y mediante esos comportamientos el joven adquiere madurez, descubre el mundo y aprende a discernir entre aquello que debe o no hacer.

Cada error le enseña a corregirse y a adquirir capacidad para el futuro acierto, desde que se encuentre lleno de ideas de legítimo interés por el aprendizaje. Sus parámetros se renuevan con mucha frecuencia, porque la ilusión de un momento se transforma en realidad en otro, así impulsándolo a nuevas tentativas. Descubriendo la propia sexualidad y la de su prójimo, la curiosidad le puebla el universo de la mente y los deseos estallan en el cuerpo en forma de ansiedad, a veces mal contenida.

No teniendo una formación ética bien consolidada, es direccionado para la iniciación vulgar, relámpago, destituida de compromiso,corriendo el riesgo de contaminarse de innúmeras enfermedades, particularmente la sífilis con todo su séquito de secuelas y el SIDA.

Evitando los mecanismos preventivos de contagio, o por que la ocurrencia se presenta precipitadamente, o en circunstancias imprevistas, se torna más vulnerable a los riesgos de las enfermedades infectocontagiosas, de entre las cuales se destaca la ahora denominada peste blanca.

Igualmente, atraído al consumo de drogas inyectables,entre tormentos y ansiedades voluminosas, participa de las sesiones colectivas,utilizándose de agujas usadas, que son portadoras de virus y se vuelve, sin percibirlo, seropositivo, abriendo campo para la decadencia orgánica futura.

Solamente la educación de los hábitos sexuales, a través de la disciplina bien dirigida, y la total abstinencia de uso de drogas de cualquier naturaleza, especialmente las inyectables, puede asegurar al individuo en general y al adolescente en particular permanecer inmune al SIDA.Ciertamente existen los casos de las transfusiones de sangre contaminado, que la negligencia de las autoridades sanitarias y médicas pueden y deben evitar, sin embargo, la ocurrencia de casos es bien menor que en aquellas antes referidas.

Incluso cuando se recomienda el uso de preservativos para las relaciones sexuales seguras, merece sea considerado que el virus de la SIDA es menor que el poro del látex, que es la materia prima esencial para la fabricación de los mecanismos preventivos. Ha habido muchos casos, en los cuales el espermatozoide ha atravesado el látex protector y ha realizado la fecundación femenina, esto porque mide cerca de tres micras, tamaño menor que los poros del preservativo.

Considerándose que el virus del SIDA es diez veces menor, que el espermatozoide, por tanto, midiendo apropiadamente 0,1 micras,las posibilidades de atravesar los poros del látex son incontables. A las personas les gusta mucho experimentar regímenes de excepción y es muy común aseverar que determinadas ocurrencias negativas no les acontecen, como si su liviandad las inmunizase contra las consecuencias desastrosas de la insensatez. De la misma forma piensan, muchos adolescentes, que se entregan a riesgos innecesarios, confiando en la buena fortuna o en la Ada madrina, que los irían a proteger incluso sin ningún merecimiento por parte de ellos. 

Cualquier factor degenerativo, que transcurra de una contaminación microbiana o vírica, alcanza a todas las criaturas humanas, no habiendo personas inmunes a tal hecho.  

Los científicos detectaron poquísimos individuos que no se contaminaron con el virus VIH, a pesar las relaciones promiscuas que se han permitido en el área del sexo, y los estudian, buscando respuestas para el hecho, cuyas razones deben encontrarse en la estructura orgánica a través de resistencias específicas. De la rareza del acontecimiento a la normalidad, mide,sin embargo, una distancia infinita, que no puede ser ignorada.

Cuando el individuo se permite permisos morales, no solo sus defensas orgánicas entran en desequilibrio, sino también aquellas que proceden del Espíritu a través del psiquismo, fuente generadora de la vida. 

El hábito enfermo de la permisividad produce encimas psíquicas que agreden al sistema inmunológico y desarticulan las defensas del cuerpo. Además, somos parte del grupo de estudiosos que creemos que tienen las células, un tipo de conciencia embrionaria individual, que merece respeto,mediante cuyo intercambio se obtiene la de naturaleza global, aquella que es expresa por las experiencias del ser espiritual. Así siendo, toda vez que lamente desavisada o viciosa planea actividades perturbadoras y vulgares, agrede a la conciencia de equilibrio con diversas células, que pasan a funcionar irregularmente, dando inicio al campo receptivo para las infecciones, las contaminaciones. 

Ese acontecimiento podría ser entonces considerado dela siguiente forma: no son los microorganismos destructivos que producen las enfermedades en el ser humano, sino el psiquismo en deterioro, que abre campo vibratorio para que los invasores se instalen y desarrollen los procesos de enfermedades. A partir del momento en que se reconsideran actitudes y líneas de pensamiento, se contribuye definitivamente para cambios de campo propicios a la recomposición de la salud, al tiempo en que las sustancias medicamentosas producirán los efectos deseados por una mejor receptividad celular.

La mente y el comportamiento están asociados a los complejos mecanismos de la salud y de la enfermedad, contribuyendo de forma eficaz para la instalación de una o de otra. En el caso del adolescente, debido a su inmadurez y de la falta de reflexión mental en lo cotidiano, el problema de las infecciones es mucho más perturbador, ya que, al detectar cualquier proceso en instalación, el miedo lo asalta, pasando a contribuir psíquicamente para su ampliación.

Una conducta saludable, que resulta de pensamiento edificantes y equilibrados, constituye el mejor camino para una existencia juvenil feliz, sin los riesgos de los desequilibrios emocionales ni de las enfermedades degenerativas, particularmente del SIDA, cuya cura aún se encuentra algo distante de ser conseguida, aun las noticias favorables que aparecen a cada momento.  

Vida, por tanto, saludable, en cualquier periodo de la existencia, particularmente en el adolescente, es la receta para la felicidad.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Franco
Adolescencia y Vida
Traducido por R Bertolinni

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