Jesús está presente

A veces parece que el mundo está al borde del caos y que ya no hay manera de arreglarlo. A veces se piensa que nada conseguirá revertir la confusión que se instaló.

Miseria, guerras, terrorismo, corrupción, violencia, dolor. Tal parece que no hay nada que esté bien. Pero el bien existe. No hace alarde, apenas acontece y se explaya.

El amor existe e impulsa a los seres humanos al progreso, a la búsqueda de su espiritualidad, a la caridad legítima y mantiene encendida la llama de la esperanza. Porque Jesús está presente. No se ausentó del mundo. Permanece e inspira al ser humano para que alcance su elevado destino.

Como Pedagogo sublime, enseña a través de las sabias y justas Leyes del Padre del Cielo. Sin embargo, muchísimas veces, el ser humano infringe las Leyes y recibe la sanción correspondiente. Por ello, el dolor no tiene una función punitiva, sino educativa.

El destino del ser humano es el amor, el bien, el progreso, la felicidad. La violencia, en todos los niveles en los que se manifiesta, es el fruto de la ignorancia de las Leyes. La miseria social es una consecuencia de la miseria moral. Corresponde a la Doctrina Espírita revelar el legítimo mensaje del Cristo.

Jesús es aún el gran olvidado o desconocido. El hombre, distraído de sus carencias espirituales, prioriza la vida física, material, fugaz e impermanente. Y después llora su propia ruina. En esa hora se acuerda de que existe alguien mayor que él mismo.

En esta Navidad y en todos los días de nuestra vida recordemos a Jesús, trayéndolo de regreso a nuestro corazón. Es su cumpleaños. Y la fiesta legítima y real de Jesús no necesita de tantas celebraciones mundanas. No pide riquezas, regalos, bebidas, cenas o rituales. Al contrario, es vivida en el silencio del ser. Es el encuentro con el prójimo. Es la caridad que se hace en nombre de Él. Es la donación de sí mismo. Es el amor en acción. Por tanto, en esta Navidad, deje que la presencia de Jesús se revele en usted, o se irradie en dirección a la vida. Y no se admire si la persona más feliz fuese usted.

Es que, ciertamente, la voz del Maestro resonará en su mundo íntimo, diciéndole:

–Yo estoy aquí, contigo.

Éste es el regalo que Él nos da. ¡Feliz Navidad, durante todo el año!

Suely Caldas Schubert

Anuario Espirita

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