El adolescente y los trastornos sexuales

En la fase del desarrollo orgánico del joven, la glándula hipofisiaria desempeña un papel preponderante a fin de que ocurra el crecimiento en la pubertad. Esa glándula se encuentra localizada en la base del cerebro, a él uniéndose por intermedio de fibras nerviosas.

Por ocasión de la madurez de las células que constituyen el hipotálamo, que es un centro nervioso regulador del equilibrio, señales específicas son dirigidas a la glándula hipofisiaria para que sean liberados las hormonas que se encuentran inhibidas. Esa liberación produce un inmediato efecto en la mayoría de las glándulas del sistema endocrino, tales la tiroides, la epífisis, la adrenal, los testículos, los ovarios, que se encargan de producir sus hormonas, tales los andrógenos, que son masculinizantes, los estrógenos, que son feminilizantes, las progestinas, específicas para proporcionar el embarazo, que desempeñan papel fundamental en el crecimiento y en el desarrollo del sexo.

Se definen, concomitantemente, los caracteres anexos de las expresiones sexuales, completando las formas biológico-anatómicas y contribuyendo para la identidad y la psicología del adolescente. Cargas genéticas se manifiestan y el tumulto emocional se establece, no siempre de forma armónica, dando surgimiento a los conflictos que irán a faltarle el comportamiento, generando, algunas veces, patologías graves.

Factores variados interfieren en ese momento y, gracias a la presencia de la progesterona y de otras hormonas en ambos sexos, el joven masculino puede revelar simultáneamente tendencias y elecciones por actividades femeninas, facultándole una conducta andrógina, lo mismo ocurriendo con la joven que se resuelve por deportes que exigen fuerza y habilidades comunes al hombre, o adopta profesiones de comando, de acción fuera del hogar en la competitividad del mercado de trabajo. Esa androginia ha enriquecido muchos adolescentes, ayudándolos a diseñar el futuro y conquistarlo, desde que no permitan al tejido moral y social rasgándose en los devaneos perturbadores que empujan para el homosexualismo en su forma promiscua. Por otro lado, los factores psicosociales y domésticos pueden llevar al joven a una preferencia psicológica y afectiva por otro del mismo sexo, sin que se manifiesten las tendencias para la conducta expresa en relacionamientos profundos de trato desequilibrante, que afecten su comportamiento orgánico y emocional.

La frustración materna, de la madre que anhelaba por un hijo y tuvo una niña, o viceversa, pasando a cuidar del ser en formación conforme hubiera preferido recibirlo, puede contribuir para que se instale una distonía entre la forma y la psicología del bebé, más tarde adolescente, engendrando mecanismo de fuga para la incorporación de la personalidad que le fue proyectada y no le corresponde a la forma física. En ese capítulo, aún tiene destaque la preferencia enferma de la super-madre, las actitudes de la madre castradora, del padre arbitrario o negligente, que interfieren en el desarrollo del hijo, imprimiendo en su inconsciente imágenes falsas de la realidad, que rezuman en la adolescencia en forma de desidentificación sexual, dando lugar a conflictos, a la inseguridad en cuanto a su capacidad de relacionamiento equilibrado y estable, sin las preferencias y opciones homosexuales o bisexuales, o, aun, sadomasoquistas, o incluso patologías en general…

Profundando más la sonda en las psicogénesis del homo y del bisexualismo, el Espíritu, en si mismo, es siempre el modelador de su organización a través del cuerpo intermediario, el periespíritu, que plasmó una anatomía correctora para las indisciplinas del pasado en el área del sexo, preservando la psicología anterior, por tanto, diferente de la anatomía.

El hombre tirano y pervertido que abusó de mujeres, que las sometió a sus pasiones lúbricas y las hizo desgraciadas, por necesidades de evolución recomienza en el cuerpo con la forma femenina y las aptitudes psicológicas masculinas. De la misma manera, la mujer que vivió de la sensualidad y de la perversión, habiendo contribuido para sufrimientos en los hogares equilibrados o producido dilaceraciones en las almas, renace en el cuerpo masculino con las matrices psicológicas femeninas o en dificultades de identificación sexual…Los vemos, en la infancia, desde los primeros instantes de su desarrollo, revelando interés, usando ropas y presentando ademanes del sexo opuesto al suyo, al crecer, demostrando mayor suma de caracteres divergentes, inclusive en el área de la afectividad.

Ninguna restricción a esas manifestaciones, perfectamente naturales en el transcurso del desarrollo y conquista evolutiva, pasando por las varias expresiones de la forma orgánica en el sexo, a fin de sumar los valores y significados de uno como los de otro, anima y anitnus, yang e yin, en el proceso de formación de un ser ideal, armónico, saludable.

En la actualidad, también contribuye largamente para la opción sexual, en oposición a la propia polaridad, la bien urdida propaganda presentada por los medios, que alcanza al adolescente en indecisión o en inseguridad, dirigiéndolo para conductas homo y bisexual, u otras denominadas pervertidas que caracterizan estados psicopatológicos. Aun podríamos recorrer a la iniciación, cuando adultos perversos y enfermos violan, o desvían la atención sexual del joven en formación, empujándolo para comportamientos alienados, en flagrante violencia a su libertad de conducta. Lamentablemente, el uso indebido y alucinante del sexo irresponsable, en cualquier expresión en la cual se presente, responde por serios disturbios que asolan al organismo social, desajustando a las criaturas que se mueven extrañas, burlescas, ridículas unas, alienadas otras, no contabilizándose aquella que huyen para la depresión, el alcoholismo, las drogas adictivas, en resultado de las distonías sexuales que no consiguen superar.

Urge crearse en el adolescente la mentalidad del amor en relación con la vida y específicamente al sexo, frente a su complejidad, a su función y finalidad, fundamentales en la existencia humana. Procedentes de los instintos agresivos y reproductores por donde transitó, el psiquismo, en largo periodo, al humanizarse, sufre la pesada carga de los automatismos, que a la razón cumple administrar y canalizar para los futuros cometidos de la iluminación interior.

Delante de cualquier disturbio sexual o incluso de la armónica polaridad, antes del adolescente o incluso el adulto se permitan el uso, la acción promiscua o abusiva, se pregunte al amor que hacer y como realizarlo, y el amor responderá:

-No hagas al otro lo que no te gustaría que te hiciesen a ti, ni tampoco te lo hagas a ti mismo, disfrutando hoy un placer fugaz, que resulta en un largo despertar entre daños prolongados.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Franco
Adolescencia y Vida
Traducido por R Bertolinni

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