Condición común

“Inmediatamente, el padre del niño, clamando con lágrimas, dijo: ¡Yo creo, Señor! ayuda mi incredulidad.” – (Marcos, 9:24)

Aquel hombre de la multitud, aproximándose a Jesús con el hijo enfermo, constituye una expresión representativa del espíritu común de la humanidad terrestre.

Los círculos religiosos comentan excesivamente la fe en Dios, sin embargo, en los instantes de la tempestad, son escasos los devotos que permanecen firmes en la confianza.

Se revelan las masas muy atentas a los ceremoniales del culto exterior, participan de las edificaciones alusivas a la creencia, con todo, ante las dificultades del escándalo, casi toda la gente resbala en el despeñadero de las acusaciones recíprocas.

Si falla un misionero, se verifica la desbandada. La comunidad de los creyentes posa los ojos en los hombres falibles, ciegos a las finalidades o indiferentes a las instituciones. En tal movimiento de inseguridad espiritual, sin paradojas, las criaturas humanas creen y no creen, confiando hoy y desfalleciendo mañana.

Somos enfrentados, aún, por el régimen de incertidumbre de espíritus infantiles que mal comienzan a concebir nociones de responsabilidad. Felices, pues, aquellos que, a la manera del padre necesitado, se acercaren a Cristo, confesando lo precario de la posición íntima. Así, afirmando la creencia con la boca, pedirán, al mismo tiempo, ayuda para su falta de fe, atestando con lágrimas su propia situación miserable.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Pan nuestro”

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