El adolescente y los fenómenos psíquicos

En la infancia, porque aun en fase complementaria de la reencarnación, el Espíritu disfruta relativa libertad, que le permite más amplio contacto con la realidad causal, aquella al respecto del mundo de donde procede. Ese lugar permanece accesible a su tránsito, y las impresiones más fuertes que de él son llevadas se exteriorizan por el cuerpo físico.

Eclosionan, entonces, en esa oportunidad, los fenómenos paranormales, proporcionando las facultades de la clarividencia y de la clariaudiencia, particularmente, y, bajo más directa inducción de los Espíritus desencarnados, otras manifestaciones de naturaleza mediúmnica propiamente dichas.

No obstante, bajo la protección de los Guías Espirituales, el niño permanece vinculado a la vida plena, tornándose instrumento dócil de comunicaciones medianímicas, incluso que, de forma inconsciente, lo que le causa, en determinadas situaciones, recelos y desequilibrios comprensibles.

Considerándose, pues, su falta de estructura psicológica, porque en fase de desarrollo orgánico y psíquico, ella no debe ser encaminada para experimentaciones paranormales, encaminándose, entretanto, mediante los valiosos y oportunos recursos específicos de la oración, del agua magnetizada, de las conversaciones edificantes, como terapia propia para su franja de edad.

En el periodo de la adolescencia, pues, en pleno desarrollo de las fuerzas sexuales, la mediúmnidad se presenta pujante, necesitado de educación conveniente y directriz adecuada para ser controlada y productiva.

En el momento en que la glándula pineal libera los factores sexuales complementarios, y las demás del sistema endocrino contribuyen para el desarrollo de la libido, la primera, que era veladora de la función genésica, transformándose en una base de energía portadora de posibilidades de captación parapsíquica, que da lugar a una variada gama de manifestaciones. Los conflictos de comportamiento del adolescente, naturales, en ese periodo, abren espacio para un amplio intercambio con los Espíritus, que se complacen en afligir y en perturbar, considerando la ignorancia de la realidad en que se demoran.

Tratándose de ser humano en progreso con un pasado para reparar, el adolescente es convidado al testimonio evolutivo, por cuyo medio se robustece en el ejercicio del bien y de las disciplinas morales, fortaleciéndose para desempeños futuros de alta importancia. En ese estadio de capacitación intelectual, el intercambio psíquico con los desencarnados se torna más viable y fecundo, mereciendo cuidados especiales, que orienten el sensitivo para el ministerio de amor y de iluminación de él mismo, así como de su prójimo y de la sociedad como un todo. Es expresiva la relación de los adolescentes que fueron convidados a actividades misionarias a través de la mediúmnidad, confirmando la existencia del mundo espiritual y su intercambio incesante con las criaturas humanas que habitan el mundo físico.

Juana de Arco, a los catorce años, mantuvo extensos diálogos con los Espíritus que se decían Miguel Arcángel, Catarina y Margarita, considerados santos por la Iglesia católica, que la indujeron al mando del desorganizado ejército francés para las luchas contra los ingleses, culminando con la coronación de Carlos 7º, en Reims, que la abandonaría después al propio destino de mártir…
Bernadette Soubirous, a los catorce años, en la gruta de Massabiélle, en Lourdes, en Francia, tuvo dieciocho continuos encuentros con una Entidad luminosa, que le afirmó ser María de Nazaret.
Tres niños, en la gruta de Iria, en Fátima, Portugal, igualmente mantuvieron contacto y dialogaron con otro ser espiritual, que informaban ser la misma Señora. Catarina y Margarita Fox se volvieron instrumento de la comunicación lúcida con el mundo espiritual, en Hydesville, en los Estados Unidos, e inauguraron la Era Nueva para la comunicabilidad con los seres del más allá del túmulo.

Allan Kardec acompañó y estudió las excelentes mediumnidades de las adolescentes hermanas Baudin, de Aline Carlótti, de Japhet e de Ermance Dufaux, que contribuirían expresivamente para las incomparables páginas de ciencia, filosofía y religión que constituyen la Codificación del Espiritismo.

Florence Cook, también con catorce años, buscó el apoyo del notable físico Sir William Crookes, en Londres, para que la estudiase e investigase exhaustivamente, produciendo extraordinario manifestaciones de ectoplasmia, en las cuales se presentaba materializado el Espíritu Katie King.

Daniel Dunglas Home, desde los días años, se volvió admirable médium de efectos físicos, habiendo sido investigado largamente por eminentes científicos que autentificaron sus facultades mediúmnicas, lo mismo que hicieron muchas cortes europeas por las cuales paseó su paranormalidad.

Más recientemente, muchos instrumentos mediúmnicos dieron inicio a la extensión de sus facultades paranormales exuberantes, que brotaron en la infancia y alcanzaron el apogeo en el periodo de la adolescencia, tornándose verdaderos ejemplos dignos de ser seguidos, por la abnegación y edificación de los ideales del bien que realizaron y que prosiguen desarrollando.
Es perfectamente comprensible que, en esa fase de autoidentificación, el adolescente despierte para el patrimonio que en él se encuentra latente y que se exterioriza bajo el aluvión de energías poderosas, a fin de canalizarlas completamente, su perfecto equilibrio psicofísico.

Muchos fenómenos, por tanto, que ocurren en el desarrollo del adolescente, conflictos fóbicos, trastornos neuróticos y psicóticos, inseguridad, insomnio, inestabilidad sexual, más allá de las conocidas causas genéticas, psicológicas, psicosociales, también pueden tener su origen en las obsesiones, que son interferencias de Espíritus sin orientación en el comportamiento del joven, como venganza de deudas pasadas o mecanismos de trabajo interior para el propio progreso moral. De la misma forma que el desarrollo de la adolescencia exige valiosas contribuciones a brindar esclarecimientos y terapias para bien conducir la paranormalidad, las manifestaciones mediúmnicas que son parte de la existencia y se integran en la naturaleza humana.

La mediúmnidad es facultad del alma que el cuerpo reviste de células para facultar el intercambio entre los Espíritus y las criaturas humanas, constituyendo un sexto sentido, que integrará los desafíos de naturaleza parapsicológica y mediúmnica con la misma naturalidad con que atiende a las demás ocurrencias del periodo de transición, trabajando interiormente para crecer moral y espiritualmente, volviendo la vida más digna de ser vivida y con un significado más profundo, que es el de la eternidad del ser.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Franco
Adolescencia y Vida
Traducido por R Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.