Vida y Valores (Educación religiosa de los hijos)

No siempre observamos que nuestros hijos son seres espirituales. Nuestros hijos son Espíritus. No importa cuál sea nuestra creencia, no importa si no tenemos creencia religiosa, el hecho es que nuestros hijos son los hijos de Dios, prestados a nuestros cuidados, durante un tiempo más o menos largo en la Tierra. Cuando pensamos en eso, nos viene a la mente la razón por la cual la Divinidad sitúa esos hijos junto a nosotros. Sitúa a Sus hijos junto a nuestros hijos que ya llevan más tiempo en la encarnación. Cuando pensamos en eso, tenemos que tener en cuenta que hay razones bastante ponderables, bastante plausibles para que nosotros recibamos, por parte del Creador, uno o más de Sus hijos bajo nuestros cuidados. A partir de ahí entonces, pensar lo que Dios quiere de nosotros con relación a esos hijos puestos bajo nuestras manos. Sin ninguna duda, cualquiera de nosotros que llega a la Tierra para una nueva existencia, para una nueva experiencia, o si quisiéramos, para una nueva encarnación, viene con el propósito de evolucionar.

Como un alumno que va cada día a la clase, cada día vuelve a la escuela para ir complementando el aprendizaje. Nadie consigue hacer el aprendizaje de un curso entero en una única aula, ni un único mes, en un único semestre, ni en un único año. Por eso, cuando nosotros miramos para nuestros hijos, es bueno que tengamos esa percepción de que ellos son nuestros hijos biológicos, porque les damos un cuerpo físico. Pero, en realidad, ellos son hijos de Dios como nosotros. Vinieron del gran Rey, del gran Padre, del gran Señor del Universo. Y, como no siempre nosotros llegamos a la Tierra nulos, con relación a los valores atormentados que acumulamos, muchos llegamos llenos de tormentos, de angustias, de problemas traídos de otras existencias, de fobias, de crímenes, que necesitamos acertar con la conciencia. Nuestros hijos son así. Muchas veces son críos inteligentísimos, expertos, llenos de brillo, de vigor, capaces de captar rápidamente todo cuanto nosotros les enseñamos y, a veces, cosas que no les enseñamos.

El lado intelectual es maravilloso, pero lo que aprendemos de los buenos ángeles, de los Espíritus guías, es que la mayor parte de nuestros hijos vienen a la Tierra para completar exactamente lo que les faltó en el pasado, el lado moral, el lado espiritual, el lado ético. Muchos de ellos tienen mucha facilidad en aprender cosas que resuelven con el intelecto. Rápidamente aprenden muisca, aprenden a tocar instrumentos de oído, aprende a cantar, son bailarines, danzantes. Juegan, practican deportes de los más variados, todos ellos aprenden con mucha facilidad. Pero hay un lado que resisten siempre. Es el lado que se relaciona con las cosas de Dios. Es muy común que niños no quieren ir a su Iglesia, al Centro Espirita, a la Sinagoga. Es muy común que los niños reaccionen. Y cabe a los padres no forzarlos de modo violento, sino persuadirlos, a partir de varios recursos, para que ellos pasen a gustarles a participar de esa vida social religiosa de la familia. No sabemos, en realidad, de donde vienen nuestros hijos. Jesús Cristo estableció, al conversar con Nicodemo, que el Espíritu sopla donde quiere. Nosotros no sabemos de qué realidades vienen, ni para que realidades van. Por causa de eso, vale la pena llevar nuestros hijos para la experiencia de la fe religiosa.

Para la experiencia de la fe religiosa. ¿Cómo vamos a hacer esto? Aquella religión que nos alimenta, que nos nutre, que nos hace personas felices…. Esa misma, vamos a procurar ofrecerla a nuestros hijos. No importa si más tarde, cuando sean independientes, ellos cambian de creencia, ellos cambian de religión, ellos adopten otro sistema filosófico de creer en Dios. Pero, en cuanto estén bajo nuestro cuidado, en cuanto sean nuestro dependientes, los llevaremos para aquellos ambientes, aquellos espacios de creencia, de cultivo de las ideas Divinas que nos hacen feliz, que nos alimenta, que nos nutre el alma. Será importantísimo comprobemos que esos Espíritus, que esos hijos nuestros, aquellos seres, necesitan urgentemente de esa luz religiosa. Vale la pena pensar que, si nuestros hijos no son nuestros hijos esencialmente, son los hijos e hijas de la vida por sí misma, como dice el poeta Kalil Gibran. En el lenguaje religioso, ellos son los hijos de Dios prestados a nuestros cuidados, para que sepamos reencaminarlos.

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Cuando se habla de llevar a los hijos para la vida religiosa, es porque cabe a los padres redimensionar la vida de esos hijos, reencaminando esos Espíritus para Dios. Es natural pensar que encamínanos nuestros hijos para Dios por diversos caminos. Ellos deberán aprender a estudiar, aprender a aprender. Deberán ser buenas personas, honestas, dignas personas pero, fundamentalmente, aprender ellas mismas, nuestros hijos, a mantener contacto con el Padre Creador. Aprender a elevarse a través del pensamiento. A desenvolver dentro de si su oración, a tener más confianza en los poderes sublimes de la vida. Todo eso es una riqueza inconmensurable que los padres podemos colocar en el alma de nuestros hijos. Pero, cuando hablamos en dar una religión a nuestros hijos, es importante que no los transformemos en personas religiosistas, acostumbradas a ir al templo, como quien va al club social. Sera importantísimo que criemos en nuestros hijos el alma de religiosidad. Aquella reverencia profunda y honesta al Creador de la vida. No importa cuál sea esa creencia, pero deberá ser una creencia que no pueda ser desmentida por los hechos, desmentida por el progreso de la ciencia. Porque, todas las veces que enseñamos a nuestros hijos cosas que luego más tarde la ciencia demostrará lo contrario, que los hechos de lo cotidiano los lleven a entender diferente y a constatar diferente, ellos dejarán de creer en aquello que nosotros les estamos presentado. También dejaran de creer en todo cuanto se diga sobre de la religión.

Vale la pena llevar a nuestros hijos para un religión madura, cuyos principios estén asentado en las Leyes de la Naturaleza, para que los descubrimientos de la ciencia, las voces de la ciencia sirvan de refuerzo, de base, de instrumentalización. Por eso, saber que nuestros hijos son Espíritus nos ayuda mucho, en esa propuesta de orientarlos para el bien. Jamás presentarles los malos ejemplos de nuestra conducta o presentarles como buenos ejemplos los malos ejemplos de los otros. Llevar a nuestros hijos a entender que el mal ejemplo de alguien jamás deberá ser seguido por nosotros, por más que ese alguien sea cercano, sea familia, sea una persona amiga. Pero, el error no puede servir de patrón para nuestras vidas. Y es a partir de esto, que nosotros comprobamos que el sentimiento religioso es vida y, como Jesús Cristo nos vino a decir que nos traería vida abundante, será siempre importante vivir junto a nuestros hijos, esos principios que queremos que ellos aprendan, vivir junto a ellos aquello que queremos que ellos experimenten en la sociedad, vivan junto a otros. Será un valor, un tesoro, una herencia que nuestros hijos jamás perderán. Vale la pena, de esa manera, pensar en la instrucción religiosa. Llevar a nuestros hijos al templo. Enseñar a nuestros hijos la práctica de la oración. Pero, fundamentalmente, llevarlos a vivir la práctica del amor, la resistencia al mal, a las tentaciones del mal, resistir a todos los temporales morales que abaten sobre la tierra. Para esto, no basta frecuentar una casa religiosa. Es necesario haber aprendido la verdad enseñada por Jesús Cristo, sea cual fuese la interpretación, desde que esta interpretación nos eleve, nos madure, nos transforme en hombres y mujeres de bien y nuestros hijos a los cuales amamos tanto, serán convertidos igualmente en hombres y mujeres de bien.

La religión no debe ser un arma, una esgrima con la cual luchamos contra los otros. Y Jesús Cristo no puede ser transformado por nosotros, en una muralla divisoria entre las personas. Jesús tendrá que ser un toldo de unidad, de fraternidad. Si estuvimos eligiendo para nuestros hijos una educación no cristiana, si estuvimos en las prácticas Musulmanas, en las prácticas del Judaísmo, del Taoísmo, del Budismo, no importa. Todas esas prácticas llevan la propuesta del bien, inducen a los individuos a la práctica del bien. Por eso, será fundamental que trabajemos con ellos la importancia de la vivencia del bien, no importa cuál sea la religión. Si somos cristianos, deberemos tener en Jesús Cristo nuestro Modelo, nuestro Patrón, el Guía de la Humanidad. Y, solamente a partir de Sus enseñanzas conseguiremos entender que el sentimiento religioso es un sentimiento de vida, y Él, que vino para que tuviésemos vida en abundancia, ciertamente nos vino a enseñar a vivir una religiosidad abundante, una religiosidad que, de hecho, nos colocase en los caminos que nos dirijan a nuestro Creador. Educar a nuestros hijos bajo todos los aspectos, pero principalmente, enseñarles a buscar en lo íntimo de sí mismos, la figura de nuestro Padre Celeste.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 114, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 15 de junho de 2008. Em 26.05.2008. Traducido por Jacob.

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