Nacer y morir

1–¿Qué es más complicado: reencarnar o desencarnar?

Reencarnar, sin duda. El Espíritu viste una armadura, que le inhibe las percepciones y le impone limitaciones y necesidades urgentes, relacionadas con la subsistencia; pasa por la completa amnesia, incapaz de definir la propia identidad; durante varios años estará en total dependencia, debilitado e indefenso. Males físicos lo asediarán, dudas lo perseguirán, el dolor será su compañera inexorable. ¡Será complicado y asustadizo!

2 –¿Y desencarnar?

El retorno al hogar, al continente espiritual; sacar la armadura, readquirir las percepciones, encarar la realidad, superar las dudas, librarse del dolor físico, reencontrar afectos queridos…Y lo mejor – la libertad.

3 –¿Están en lo cierto, entonces, los orientales que lloran el nacimiento y festejan la muerte?

Es razonable que festejemos el nacimiento. A fin de cuentas, incluso por las peores pruebas que puedan esperarlo, es, para el Espíritu que llega la ocasión del recomienzo, la facilidad de renovación, la oportunidad de desarrollar sus potencialidades y evolucionar.

4 –¿Debemos festejar también la muerte?

Sería pedir demasiado. Estamos lejos de la convicción necesaria. Por lo menos no deberíamos deplorarla. En nuestro propio beneficio, es necesario encarar la muerte de forma optimista, como el viajante que retorna al hogar, después de una larga ausencia.

5 – Si las perspectivas son tan buenas, ¿por qué las personas tienen terror de la muerte y le oponen tantas resistencias?

Es porque se apegan demasiado a la experiencia humana, sin espacio para pensar en la vida espiritual. Se lían de tal forma, que encarara la muerte como el aniquilamiento de todas las esperanzas, algo tétrico, terrible, que procuran ignorar. Prefieren imaginar la muerte como un monstruo que no las amenazará si no piensan en él.

6 –¿Sería la reencarnación una especie de destierro, una penalización a cumplir, por culpa de nuestros compromisos del pasado?

Depende de cómo encaremos la experiencia humana. Hay personas atormentadas y enfermas que parecen vivir en un hospital; otras se sienten en una prisión. Hay quien se sitúa en una arena de disputas por la riqueza y el poder, y quien juzgue estar haciendo un viaje de vacaciones, en la inconsecuencia de los vicios y ocios…

7 –¿Qué sería lo ideal?

Resaltar en la experiencia humana la escuela y la oficina de trabajo, considerando que estamos aquí para aprender los fundamentos de la Vida y superar las tendencias egoístas con el empeño en el Bien.

8 –¿Y sobre los problemas kármicos, que nos imponen limitaciones y dolores?

Considerando que la jornada terrestre es una gran lija que pule nuestras imperfecciones más groseras, todos tenemos programas relacionados con el hospital y la prisión. Hay males inevitables. No obstante, facultarnos la bondad celeste los ameniza, tornándolos perfectamente tolerables, desde que no despreciemos la necesidad de aprender y servir, sin desánimo.

Extraído del libro Reencarnación, todo lo que usted necesita saber.
Richard Simonetti

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