Todo en la creación eleva su plegaria bendita a Dios, su creador

La paz de Dios reine entre vosotros, queridos hermanos. Blanca y pura es la luz de los cielos; santas son las plegarias, santo es todo lo que emana de la creación: luces, armonías, plegarias, bellos pensamientos, amores profundos; todo es bello, excelso y bendito. La pureza de la azucena exhalando su olor bendito, canta holocausto a la grandeza de Dios.

Las flores, con sus variedades de colores, perfumes, armonía y líneas bellísimas y correctas, cantan plegaria y acatamiento al Sumo Hacedor. Los cielos reflejándose en los mares, las olas con su trabajo incesante, las corrientes oceánicas combinando las sales y yodos para dar más vida y vigor a las especies que albergan, manifiestan la ciencia y la omnipotencia del Sumo Hacedor. Los pajarillos, cantando, dicen plegarias y alabanzas a Dios. Los bellísimos panoramas de la naturaleza; los incomparables crepúsculos de tonalidades rosadas y toda la armonía de festones que se reflejan en las nubes soleadas, todo canta y bendice al Creador. Esos movimientos constantes y sublimes de millones de cuerpos celestes; esas profundidades insondables donde tantos soles y mundos dan vida y amor a legiones y legiones de seres, también bendicen, cantan y elevan su plegaria bendita al infinito Padre.

Las mentes humanas, con su radio de acción, cuando emiten pensamientos santos y bondadosos, se elevan a las alturas y crean una corriente fluídica que sirve de guía para que todos se identifiquen y sigan aquella trayectoria que conduce arriba, donde todo es ideal, pureza, amor y sabiduría.

La humildad es un canto sagrado a Dios. Vedla en la madreselva con su belleza y sencillez, con sus aromas benditos que le distinguen, con la armoniosidad y frondosidad de sus hojas, que lo mismo trepa y se enseñorea en las chozas de los desgraciados y necesitados, que en los suntuosos palacios de los ricos.

Armonías, plegarias, luces, olores, colores, pensamientos elevados, virtudes…, todo hace un conjunto sublime que, al unísono, elevan esta plegaria: «¡Majestad Divina y Excelsa: Todos los pensamientos de Tus hijos, por muy unidos y elevados que sean, no pueden comprender Tu grandeza, Tu amor y Tu ciencia, ni en una parte infinitesimal! ¡Perdona nuestros errores, hijos que son de nuestra ignorancia y danos fuerza y voluntad para eliminarlos y podernos acercar a Tu gloria el día en que hayamos alcanzado la perfección!»

Que Su luz os ilumine y a nosotros nos alumbre el camino que a El conduce.

Os quiere Rosarillo. (Hija del médium.)

Extraído del libro «Desde la otra vida»

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