Vida y Valores (La desencarnación)

Existen cosas de las cuales no conseguimos huir. Cosas que son parte de Leyes inexpugnables. De entre esas Leyes inexpugnables, que todos conocemos en la Tierra, existe la Ley de la desencarnación, la muerte. Naturalmente que el ser espiritual que somos nosotros, la criatura espiritual que nosotros representamos, esa no muere jamás. Ese individuo es inmortal. Una vez que somos creados por Dios, nunca desapareceremos del plano de la Divinidad. Cambiaremos de mundos, de cuerpos, pero seremos, continuaremos siendo. Pero, todas las cosas resultantes de la materia pasan por transformaciones en su estructura. Esas transformaciones la llamamos muerte.

Si miramos una montaña de barro rojo, que retiramos con facilidad, poca gente imaginará que esa montaña de barro rojo era una montaña de hierro, de mineral de hierro que, a lo largo del tiempo, se transformó y, en el lugar del hierro que teníamos que llevar al fuego para que él se disuelva, ahora tenemos el barro, que usamos para la construcción, para la plantación, para allanar caminos, damos un numero enrome de usos. Cuando vemos la arena del mar, tan fina o gruesa, poca gente imaginará que eso, viene de las grandes montañas de sílice, de silicatos que, a lo largo del tiempo, sometidas a las leyes de la naturaleza material, se convertirán en arena. Muy poca gente imaginará que el petróleo, que hoy mueve el mundo entero, provocando vida y provocando muertes, no pasa de un aglomeración de cuerpos orgánicos, vegetales, animales que, situados en el fondo del subsuelo durante millares y millares de años, sufrió transformaciones y se convirtió en petróleo. Pocos imaginarán que es el carbono, el carbono común, eso que nosotros utilizamos como grafito para escribir, el mismo que se hace diamante después, sometido a presiones enormes en el corazón tibio del planeta. Vemos que todo que es materia se transforma. Todo muere, se transforma, para reaparecer en nuevas expresiones. El carbono, que será grafito, que será diamante.

Ahora, es muy bonito pensar en la muerte de esta manera. Y, si nosotros pensamos en el cuerpo humano, cuando salimos de él, nuestro cuerpo muere. Fulano murió. Beltrano murió…No es bien verdad. Fulano, Beltrano dejaron sus cuerpos. Por eso sería más simple decir: Desencarnó. Salió de la carne porque no fue Fulano quien murió. Mi abuela murió, mi hijo murió…Terrible. Mi abuela desencarnó. Ella continúa viva, fuera del cuerpo que muere. Mi hijo desencarnó, mi padre, mi madre, mi amigo desencarnaron. Saldrán de los cuerpos pero no saldrán de la vida. Entonces, cuando miramos ese cuerpo orgánico abandonado por el Espíritu que prosigue viviendo, ese cuerpo se deshace, ahora se presentan las células que lo componen, que se deshacen, ahora las moléculas que componen esas células…La transformación. Porque esas moléculas serán asimiladas por otros seres vivos.

Plantas que nacen allí donde el cuerpo fue sepultado tendrán en si la expresión de aquellas moléculas, de aquellos átomos. Otros animales vienen a comer aquella hierba y llevan consigo aquellas moléculas que eran del vegetal, que eran del cuerpo humano. Todo se transforma. En último análisis, no hay muerte, existen apenas transformaciones. Si queremos continuar prestando culto a la muerte, podemos hacerlo, pero Jesús Cristo ya vino y detuvo la muerte, porque fue Él mismo que volvió para decir que continuaba vivo, a pesar del cuerpo desecho.

* * *

No hay ninguna razón para prestar culto a la muerte. La muerte es uno de esos fenómenos naturales, con los cuales nos acostumbramos. Con ella también nos acostumbramos. Desde todos los tiempos, las personas tienen miedo a la muerte porque se fue pasando de un individuo a otro esa misma idea de que morir es acabar. El sujeto muere, el fin, se acabó, nunca más lo veremos, nunca más nos verá. Pero, cuando nos damos cuenta de que no es bien así que las cosas suceden, todo se transforma. Pasamos a ver la muerte como una transformación, como vimos en todos los demás sectores de la naturaleza material. Es por causa de esto que la muerte representa el desgaste de los órganos. Por las vías naturales el individuo va muriendo, por causa del desgaste de los órganos. Pero, ese desgaste comienza a darse cuando nacemos. Cuando el bebé sale del vientre de la madre y respira la primera vez con sus propios pulmones, ya comienza a quemar sus células, con los esfuerzos que la naturaleza le impone. Así, nuestra muerte comienza con nuestro nacimiento. Es como si comenzásemos a cronometrar en una carrera. En el momento en que el coche sale, pulsamos el cronometro. Cuando el niño emite su primer gemido, se pulsa el cronometro de la vida orgánica. Y ahí vivimos durante un periodo de algunas horas, de algunos meses o años, o decenas de años.

La muerte no representa el fin de las cosas. Vimos que el ser espiritual sale del cuerpo, pero no sale de la vida. Está claro que en nuestra cultura judaico-cristiana, aprendemos a sufrir con la muerte. Hay otras culturas que festejan la muerte porque saben que es la liberación, es la gran salida. Como tenemos esa herencia religiosa judaico-cristiana, todo para nosotros es regado con mucho sufrimiento, mucho tormento. Para completar, las religiones tradicionales trataron de envolver el fenómeno de la muerte en lo que hay de peor, en paños negros, en paños morados, con muchos cirios, con mucha lagrima. Tenemos esa sensación de que nuestro ser querido murió definitivamente. Pero, cual nada. Pablo de Tarso dijo: Si Jesús Cristo resucitó, todos nosotros resucitaremos. Y esa resurrección de Cristo no es en el nivel físico, es en el nivel espiritual porque, al final de cuentas, en el nivel físico es imposible resucitar.

Nuestro cuerpo sufre los efectos de la descomposición, del deterioro de la materia. Nuestro cuerpo se deshace, cambia en agua llena de moléculas, de átomos que van sufriendo las transformaciones a que nos reportamos. Luego, ese cuerpo no volverá más. Aquellos que imaginan la resurrección de la carne no pararon para pensar en la complicación que sería para la Divinidad trasladar átomos y moléculas para formar un cuerpo original. Se tendría que deshacer de otros cuerpos, que ya se banquetearon, que se sirvieron de los elementos de ese cuerpo anterior. Es mucho más fácil admitir que no es por ahí que las cosas acontecen.

Nuestros muertos están de pie, continúan vivos en esa otra dimensión. ¿Para dónde vamos después de que morimos? ¿Para el cielo, para el infierno, para el purgatorio, para el limbo? No, nada de eso. Volvemos al hogar primitivo, al mundo espiritual o mundo de los Espíritus. Es de allá que venimos para la Tierra, es para allá que retornaremos al salir de la Tierra. Y ese mundo normal primitivo es la realidad que nos circunda. Todos estamos circundados, inmersos en ese mundo normal primitivo, el mundo de los Espíritus. ¿Y el infierno? Ese no es una cuestión del mundo de los Espíritus, es del alma humana. Nosotros construimos en nosotros mismos nuestro infierno, con nuestras actitudes incorrectas, con nuestros crímenes, nuestros vicios, nuestra pereza. ¿Y el cielo? De la misa forma, construimos el propio cielo que deseamos para nosotros, por la obediencia a las Leyes de Dios, por el servicio al bien al prójimo. ¿El purgatorio? Es aquí mismo en la Tierra. Purgatorio es un lugar donde se purga, donde se limpian, se lijan, se liman las anfractuosidades que cargamos, las irregularidades que cargamos. Ese purgatorio es el planeta Tierra.

Dios espera que creamos ese Reino de los Cielos en nuestro interior porque tal vida, tal será la muerte.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 131, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em janeiro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 7 de junho de 2009. Em 17.08.2009. Traducido por Jacob.

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