Cuando ores

“Y, cuando estuvieras orando, perdonad.” – Jesús. (Marcos, 11:25).

La sincera actitud del alma en la oración no obedece a los movimientos mecánicos vulgares.

En las operaciones de la lucha común, la criatura atiende, invariablemente, a los automatismos de la experiencia material que se modifica de manera imperceptible, en los círculos del tiempo; sin embargo, cuando se vuelve el alma a los santuarios divinos del plano superior, a través de la oración, se pone la conciencia en contacto con el sentido eterno y creador de la vida íntima.

Examine cada aprendiz las sensaciones que experimenta colocándose en la posición de ruego a lo Alto, comprendiendo que se le hace indispensable la manutención de la paz interna delante de las criaturas y cuadros circunstanciales del camino.

La mente que ora, permanece en movimiento en la esfera invisible. Las inteligencias encarnadas, aun incluso cuando no se conozcan entre sí, en la pauta de las convenciones sociales, se comunican a través de los tenues hilos del deseo manifestado en la oración.

En tales instantes, que debemos consagrar exclusivamente a la zona más alta de nuestra individualidad, expedimos mensajes, apelos, intenciones, proyectos y ansiedades que buscan el objetivo adecuado.

Es digno de lástima todo aquel que se aprovecha de la oportunidad para dilatar la corriente del mal, consciente o inconscientemente. Es por este motivo que Jesús, comprendiendo la carencia de hombres y mujeres excluidos de culpa, lanzó este expresivo programa de amor, para beneficio de cada discípulo del Evangelio: – “Es, cuando estuvierais orando, perdonéis.”

Espíritu Emmanuel

Psicografía: Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Pão Nosso”

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