Patrimonio Inútil

Cuenta Esopo (siglo VI a.C.), que un hombre extremamente celoso de sus pertenencias, decidido resguardarse de cualquier perjuicio, tomó radical decisión: Vendió todas sus cosas y compró varios kilos de oro que fundió en una única barra. En seguida, lo enterró en un bosque espeso. A la noche, solitario y esquivo, contemplaba, en éxtasis, su tesoro. Algo de tío pato, el millonario ávaro de las historias de las viñetas, que se deleita sumergiéndose en un tanque lleno de monedas.

Un día fue seguido por el amigo de lo ajeno. Cuando se apartó, después de la adoración rutinaria, el ladrón desenterró el oro y desapareció. El ávaro casi enloquece, tamaña su desespero. Un vecino, al saber sobre el hecho, dijo:

-¡No sé por qué está tan trastornado! Al final, si en el lugar del oro estuviese una piedra sería la misma cosa. Aquella riqueza no tenía ninguna utilidad para usted…

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Difícil encontrar en la actualidad personas dispuestas a enterrar sus riquezas. Rarezas hay sobradas. Más allá de eso, seria correr un riesgo inútil. Las instituciones financieras guardan con seguridad nuestro dinero. Hasta producen rendimientos, sin sorpresas desagradables, salvo cuando tienen el mal gusto de quebrar, por incompetencia o corrupción. No obstante, mucha gente acostumbra a enterrar un bien mucho más precioso, una riqueza inestimable – la existencia.

Si nos diéramos el trabajo de analizar la jornada terrestre, con sus bendecidas posibilidades de edificación, veríamos como es de valiosa. Nos trae innúmeros beneficios:

• El olvido del pasado nos ayuda a superar pasiones y fijaciones que precipitaran nuestros fracasos.
• La convivencia con desafectos transformados en familiares favorece rectificaciones y reconciliaciones indispensables.
• El contacto con compañeros del pasado, en las experiencias del hogar en la actividad social, estrecha los lazos de afectividad.
• La armadura de carne inhibe las percepciones espirituales, minimizando la influencia de adversarios desencarnados.
• Las necesidades del cuerpo inducen a la bendición del trabajo.
• El esfuerzo por la subsistencia desarrolla la inteligencia.
• Las limitaciones físicas refrenan los impulsos inferiores.
• Las enfermedades depuran el alma.
• Las luchas fortalecen la voluntad.
• La muerte impone oportuno balance existencial, señalizando donde estamos, en la jornada evolutiva

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Sin embargo, a la semejanza de comer uñas de Esopo, mucha gente cambia el tesoro de las oportunidades de edificación por una barra brillante de efímeras realizaciones, cuidando apenas de sus intereses, de sus negocios, de sus ambiciones…

Cuando todo va bien, hay los que se deslumbran con esa “riqueza”, como aquel labrador del pasaje evangélico: Construyó grandes graneros, guardó en ellos toda tu producción y proclamó para sí mismo (Lucas, 12:18-20): -Tienes en depósito muchos bienes para muchos años; descansa, como, bebe, regocíjate… Pero Dios le dijo: – Insensato, esta noche pedirán tu alma; ¿y lo que has preparado, para quien será?

Exactamente así ocurre con aquel que se apega a las ilusiones humanas, buscando realizaciones de brillo efímero. Un día vendrá el indefectible ladrón -la muerte -, y le robará el cuerpo. Indigente en la vida espiritual, se desespera. Llora, inconformado. No acepta la nueva situación.

Esopo le diría: -¿Por qué el lamento? Hubiese usted practicado en las entrañas de una piedra y el resultado sería casi el mismo. ¡La experiencia humana poco le sirvió!

Richard Simonetti

Extraído «Livro Luzes no Caminho»
Fragmento traducido por Jacob.

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