Relacionamientos del adolescente fuera del hogar

En estos días de rápidos cambios en el mundo, sociales, económicos, psicológicos, morales y culturales, incluso los adultos experimentados sufren dificultades de adaptación. La celeridad de los acontecimientos, las ocurrencias imprevistas, las transformaciones radicales sorprenden a todos, imponiendo aceptación y adaptación aparentes, sin que ocurra la comprensión de lo que sucede, facultando la absorción de esos fenómenos perturbadores. Debido a eso, cada criatura se preocupa con la propia realidad, raramente disponiendo de espacio mental y emocional para otro, sea la pareja, el familiar, el amigo…

Creando un circulo de relacionamiento superficial, evita profundizar los vínculos de la afectividad fraternal, porque se encuentra señalado por el acondicionamiento del placer sexual, como si todas las expresiones del sentimiento debiesen convertirse en un comportamiento de esa naturaleza.

Los intereses mezquinos en predominancia asustan, y cada cual procura defenderse de la agresión innecesaria del otro, de la competición cruel y deshonesta de su prójimo, que desea tomar su lugar, utilizándose de recursos innobles, desde que triunfe…

Justificándose preservación de la identidad, de la intimidad, cada individuo busca prevenirse de los demás y refugiarse en el egoísmo, disfrazando socialmente sus conflictos y procurando conquistar o mantener el lugar que le parece constituir una meta, como forma de realización personal.

La familia que se debería presentar con armonía, por falta de estructura de los padres, principalmente, que se encuentran aturdidos en los propios conflictos, se transforma en un campo de choque emocionales, en los cuales los hijos se tornan las víctimas inmediatas.

Inseguridad, miedo, tormento, llenan de conflictos las mentes en formación, y la falta de amparo afectivo de los padres lanzan a los jóvenes en busca de otras experiencias y otros patrones que sean compatibles con las necesidades que experimentan.

No encontrando, en el hogar, la comprensión o la amistad segura, buscan en los amigos, igualmente inestables y sin formación ética, el relacionamiento, el entendimiento, el lenguaje para la convivencia, ahorrándose el drama de la soledad, de la apatía, de la depresión. Por otro lado, debido a la necesidad de la conquista de identificación personal, fuera de los patrones impuestos por la familia, así como de la afirmación sexual, desconfían de los valores adoptados en el hogar, buscando relacionamientos que compatibilicen con sus aspiraciones, formando grupos de afinidad ideológica y comportamental.

En el hogar, a veces, padres indiferentes a sus problemas, o dominadores, que no respetan sus transiciones fisiológicas y psicológicas, frustran sus ideales y los tornan incapaces para una existencia madura, armónica y responsable.

La afirmación del “si” lleva al joven a enfrentar las barreras domésticas impeditivas, los factores agresivos y desequilibrados, presentándose como rebelde y violento; a través de esa conducta rompe las cadenas que le parecen aprisionar en casa.

En otras veces, una aparente resignación asfixia la rebeldía natural que le brota en el íntimo, haciéndole melancólico más tarde, servil, receloso, despersonalizado, que para sobrevivir en la sociedad se adapta a todas y cualquier circunstancia, sin nunca realizarse.

Tornándose taciturno, tiende a patologías conflictivas de trastorno neurótico como psicótico, gracias a las frustraciones que no sabe digerir, interiorizándose y tomando horror por la sociedad, que le representa el grupo social del hogar turbulento e inestable donde vive.

Los jóvenes de la década de los años cincuenta fueron denominados generación silenciosa, víctimas de la Segunda Guerra Mundial, de los disturbios emocionales y sociales de la Guerra Fría y de las incertezas proporcionadas por los muchos conflictos localizados en diferentes países, particularmente en el sudeste de Asia, en un periodo en el cual aparentemente, el mundo estaba en paz…Esos conflictos generales se reflejan en la inseguridad que predominaba en la sociedad, en los gobiernos, en las Instituciones, siendo absorbidos por los jóvenes que, no sabiendo como lidiar con la alta carga de emociones desordenadas, silenciaron, buscaron refugio en el mundo íntimo, asumiendo postura sombría, sin expectativa de triunfo, sin solución de fácil o significativa conquista.

En la década siguiente, la de los sesenta, frente al desgobierno reinante en los países del denominado Primer Mundo y a las constantes amenazas de destrucción que flotaba en el aire, en todas partes, surgió la generación del desespero, del consumo de drogas alucinógenas, adictivas, de la música ensordecedora que expresaba su rebeldía, de la pintura agresiva, del sexo desvariado.La soledad vivida por los jóvenes los llevó a formar tribus, a realizar espectáculos de música desesperada, de promiscuidad comportamental, de agresividad, dando nacimiento al periodo hyppie…La socialización de la criatura humana, cuando no se da en alto patrón de equilibrio, tiende a hacerse perturbadora, sin estructura ética, cayendo en el desvarío que lo lleva a la delincuencia, porque el hombre y la mujer son intrínsecamente animales sociales.

Se torna urgente la reestructuración de la familia, que nunca será una institución fallida, porque es la piedra angular de la sociedad, el primer grupo donde el ser experimenta el regalo de la convivencia, de la seguridad emocional, de la experiencia moral.

Es comprensible, por tanto, que el adolescente realice la búsqueda de nuevos relacionamientos fuera del hogar, sean ellos conflictivos o no, dependiendo de la tendencia de este, de sus aspiraciones y afinidades, donde experimentará la autorrealización, dando inicio al futuro círculo social de amigos en el cual se moverá.

Hay, en todas las criaturas, y en el joven especialmente, necesidad de nuevas experiencias, que no tengan lugar en la familia, y el grupo humano es el gran y oportuno laboratorio para las pesquisas y vivencias que irán a completar su desarrollo y madurez social, moral y emocional. No sea, pues, de sorprender, que el adolescente parezca huir del hogar para la calle en busca de nuevos relacionamientos.

Cuando la familia le ofrece seguridad y comprensión, él amplía su grupo de relaciones sin rupturas domésticas, añadir a otras personas de la misma franja etaria y aspiraciones idénticas, que convivirán en armonía y progreso, sin clima de fuga o de agresividad. Ese es un paso decisivo para la estructuración del carácter, de la personalidad y de la madurez del adolescente, que se desarrolla, para el mundo en constantes cambios de manera saludable y equilibrada.

Estimular su desarrollo en la creación de grupos de sano relacionamiento social es tarea que compete a los padres también, en beneficio de una formación equilibrada en el área del comportamiento de los hijos.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Franco
Adolescencia y Vida
Traducido por R Bertolinni

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