Teatrito

Acto I – En la empresa –

Jefe, ¡su hijo sufrió un accidente!…

– ¡Dios mío! ¿Qué fue? ¡¿Es grave?!

– Cálmese. Apenas cosas de jóvenes. Saltaba el muro de una residencia cuando apareció el propietario. En la fuga apresurada cayó y se fracturó la pierna.

Acto II – En el hospital-

– Padre, te siento fastidiado. No lo hice por maldad. Un juego tonto…

– Está todo bien, hijo.

– Perdóname.

– ¿Perdonar qué? Fue apenas una experiencia…

– ¡Es terrible! ¡Terrible!… Cuando la pierna se rompió pensé que me moría de dolor.

– Me haces recordar la Ley de Causa y Efecto. Toda acción mal dirigida resulta siempre en perjuicio nuestro.

– Principalmente cuando huyo de la responsabilidad, ¿no?

– Eso mismo. Sería menos complicado enfrentar al propietario perjudicado por tu juego.

– La próxima vez tendré más cuidado…al huir.

– ¡Alocado! Espero que no ocurra otra vez…

Acto III – En casa –

Uf, ¡padre!… Finalmente estoy recuperado. Fueron dos meses de dolores e incomodidades con la inmovilización y la fisioterapia. Un karma pesado, ¡viejo! Pagué con beneficios y pago monetario.

– Engaño tuyo, hijo. Todo eso apenas fue la consecuencia inicial. El pago comienza ahora, con la pintura del muro pisado.

– ¿Es un castigo? Pensé que estaba perdonado…

– Perdonado, sí. Redimido, no. Es preciso reparar el perjuicio causado.

– ¿Tú me darás el dinero?

– La deuda es tuya. Te daré un adelanto de tu paga para las pinturas. Será un préstamo. La pintura queda por tu cuenta.

– Vaya, “te gustó a pesar” de todo, ¿eh papá?

– Mucho más de lo que imaginas, hijo. Pero tan importante como el amor es la justicia. Hay una deuda a rescatar. Es responsabilidad tuya, ¡intransferible! Si no lo hicieras ahora, aprendiendo a respetar los patrimonios ajenos, la Vida lo exigirá más tarde. Será mucho más difícil.

– Está bien, jefe. Me convenciste. La ciudad ganó un pintor.

– Espero que se hayan librado de un pisador…

– Acto IV – Junto al muro –

– Hola ¡bicho!… ¿cambiaste a pintor? ¿Y la facultad?

– Hola, ¡compañero!… No dejé el estudio y ahora mismo estoy aprendiendo que a veces es necesario hacer las tareas más simples para medir el valor de las cosas.

– Entonces, capricho, muchacho. Hazlo bien hecho para que no sea preciso retocar la pintura…

– Curioso, eso me recuerda a un principio espírita…

– No entiendo… ¿Qué tiene el Espiritismo que ver con las pinturas?

– No nada, amigo mío. Olvida…

*****

La vida es un inmenso panel. Somos los pintores. Iremos adelante, desarrollando técnicas y habilidad artística en la medida en que nos perfeccionemos en los dominios de la inteligencia y del sentimiento. Los “pisadores” inconsecuentes permanecen presos a sus creaciones lamentables, recomenzando siempre.

Richard Simonetti
Extraído del libro “Cruzando la calle”

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