Vida y valores (El libro y la lectura)

Desde los tiempos inmemoriales de la humanidad, las criaturas pasaron a tener contacto con formas de mantener vivas sus impresiones, modos de registrar su historia, incluso en la Prehistoria. Y comenzaron a hacer escritos, diseños en las piedras, en las rocas, más adelante en los troncos de los árboles, en las cerámicas. Después de mucho tiempo el individuo fue consiguiendo preparar determinados vegetales y convertirlos en un tipo de tejido llamado papiro. De esa forma, tuvimos los escritos en las cortezas de los árboles y en los papiros. Después, en los tejidos de algodón, de lino, de cañamón, de seda, a lo largo de los años. Hasta que llegamos a la edad media y el genio alemán Johannes Gutenberg inventó tipos móviles. Surgió la gráfica. Hasta entonces los textos escritos, los libros, que eran raros, muchas veces producidos en los castillos, en los conventos, en los seminarios, otras veces en gabinetes de algunos pensadores de la ciencia, eran copiados.

Bien se puede imaginar lo que representaba copiar un texto que ya había sido escrito a mano por alguien. Muchas cosas no correspondían, ni todo era debidamente comprendido. Pero, como el trabajo de Johannes Gutenberg, el mundo vivió un verdadero bum en el campo de la impresión. Se juntaban tipos móviles, se juntaba letra por letra, formaban las palabras, las amarraban para después comprobar el texto entero, página a página, hasta completarse el libro. A partir de esa invención de Gutenberg, a quien debemos toda esa gratitud, podemos conocer la proliferación de los libros, la literatura ganó una expresión vastísima. De Alemania a los caracteres móviles invadieron el mundo entero. Es como se volvieron importantes los libros.

Si quisiéramos llamar libros los textos primitivos, antiguos pueblos, tendríamos Zendavesta, tendríamos los Diez Mandamientos, la Torá, la Cábala, libros notables de los pueblos antiguos. Después, tuvimos libros formidables que fueron ganando expresión a lo largo de los siglos. ¿Quién nunca oyó hablar, por ejemplo, del Libro de los Muertos, del Antiguo Egipto, del Libro de los Muertos de Akhenaton? ¿Quién nunca oyó hablar de la Bhagavad-Gita, la sublime canción de los indianos? Poca gente habrá oído hablar del libro de los Espíritus, de Allan Kardec.

La biblia, con los variados libros de los profetas, de los evangelistas y la historia del libro avanza mucho en todo el mundo. Como es importante notar en el libro el poder que él tiene de hacernos viajar, aunque nunca hayamos salido de nuestra aldea, de nuestra ciudad, de nuestra plaza social, podemos saber lo que pasa en el mundo entero a través de la literatura, a través del libro. Por eso, vale la pena incentivarnos al libro, a la literatura, en esos días de tantos libros. Es muy importante que sepamos valorizar ese recurso que la vida nos dio y que la inteligencia humana consiguió hacernos aflorar, desarrollarse, ampliarse, permitiendo que hoy tengamos, en el mundo entero, en sus lenguas nacionales, la bendición del libro, la oportunidad de la literatura. Como es importante viajar por las alas de la literatura, sean romances, sean libros épicos de ciencia, sean libros de filosofía, sean libros religiosos, sean libros de ocio. Son los libros que nos envuelven.

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En la medida en que los libros nos envuelven, nos envuelven la vida, nos permite sentir cosas que nunca vimos, nunca oímos directamente. Cuando leemos los Libros Sagrados, como en los referidos a la Biblia, el libro de los Espíritus, el libro de los muertos, el Corán, esos libros nos traen informaciones de quien pensó antes de nosotros la cuestión religiosa, la cuestión de la fe, de los ídolos, de los iconos, de los Espíritus, etc. Cuando leemos un libro de mitología, podemos bien percibir como es aquel pueblo, aquella comunidad o aquella etnia se relacionaba con sus cuestiones parapsíquicas, paranormales, llamando a los Espíritus de dioses y trabando con ellos verdaderos contactos a través de las pitonisas, pitón, de los richis, de los hierofantes, de los profetas, de los magos. Eran tiempos notables aquellos que nos son traídos hoy por la literatura religiosa, mitológica.

Hay otros textos de ciencia. Como son agradables, para quien le gusta la ciencia, penetrar, identificar una célula, por ejemplo, sus partes, su integridad, su funcionamiento. Como es importante saber del corazón, del músculo cardíaco, del haz eléctrico que lo hace moverse, latir, portador de esos secretos del corazón. Como es importante pensar en esa literatura científica, biológica, física, química, matemática. Cuando leímos “El hombre que calculaba”, de Malba Tahan, no solo viajaban los niños, como los adultos. Cuando leemos los textos de José de Alencar, de la literatura brasileña, de Machado de Asís, del cual estamos conmemorando el centenario del fallecimiento en el año 2008, como es importante percibir lo que queda para la comunidad, para las sociedades, para el mundo después de la lectura.

Estamos viviendo una época paradoxal. Nunca se vio tanto libro sobre todo y cualquier asunto, nunca tuvimos tantas ferias de libros, ferias nacionales, internacionales, ferias de barrios, iglesias, ferias espiritas. Nunca vimos tantas editoras y tantas ediciones y nunca vimos tanta ignorancia. Parece que esa avalancha de libros no ha hecho que las criaturas les gusten más leer. Ese habito de leer, esa costumbre de estudiar, de viajar, a través de los libros, tiene que comenzar en casa. Casi nunca los padres leen para sus hijos, casi nunca. Aquella lectura que la madre puede hacer, antes de dormir, de historias para que los niños viajen como ella.

Aquellas lecturas que las madres pueden hacer de mañana, sobre casos, sobre cuestiones sociales, en los libros infantiles. Cuestiones y casos que son traídos por los escritores infantiles con rara maestría. Es dentro de casa que los niños van tomando gusto por la lectura. Cuando ven sus padres leyendo libros, leyendo periódicos, leyendo revistas, cuando los padres leen alguna cosa interesante y llaman a sus hijos: Ven aquí, Fulano, ven a ver lo que papá encontró interesantísimo. Ven a ver lo que mamá hayó interesante. Lee esto de aquí para la mamá te escuche. Lee esto de aquí para el papá, solo para verte. Vamos incentivando a los hijos a la lectura.

Hoy en día, con excepciones felices, las criaturas tienen tiempo para la televisión, para el juego o los juegos, tienen tiempo para el fútbol, pero no tienen tiempo para la lectura. ¿Cómo podremos exigir que nuestros niños y nuestra juventud aprendan a leer si dentro de casa nadie lee? Los libros están en el estante, con certeza. Muchos de ellos, con autógrafos de sus respectivos autores. Pero es preciso incentivar la lectura, permitir que los niños viajen, crezcan, se apasionen por la lectura, porque eso les hará mucha falta, en esos días de tantas informaciones que nos son traídos por los libros.

¡Ave el libro! ¡Salve la lectura!

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 175, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 11.10.2009. Em 11.01.2010. Traducido por Jacob.

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