Influencia de los medios en el proceso de identificación del adolescente

En un mundo que, a cada instante, presenta cambios significativos, el proceso de identificación del adolescente se hace más desafiador, debido a las diferencias de patrones éticos y comportamentales.

Los modelos convencionales, vigentes, para él, son pasibles de críticas, debido al conformismo que predomina, y aquellos que son presentados traen muchos conflictos incrustados, que perturban la visión de la realidad, no siendo aceptados de inmediato.

Todo, en torno al joven, se caracteriza por medio de formas de inquietud e inseguridad. En el hogar, las imposiciones de los padres, no siempre equilibrados, dirigidos por caprichos e intereses, muchas veces, mezquinos, empujan al joven, desestructurado aun, para la convivencia de colegas igualmente inmaduros. En otras circunstancias, padres irresponsables transfieren los deberes de la educación a trabajadores remunerados, ignorando las necesidades reales de los hijos, y presentándose más abastecedores de equipamientos y recursos para la existencia que, de personas afectuosas e interesadas en su felicidad, dan margen a sentimientos de rencor o de inmediatismo contra la sociedad que ellos representan. Además, en las familias conflictivas, por dificultades financieras, sociales y morales o todas simultáneamente, el adolescente es obligado a una madurez precipitada, dirigiendo su interés exclusivamente para la sobrevivencia de cualquier forma, considerando la situación de miseria en la cual se enfrenta.

He ahí un caldo de cultura fértil para la proliferación de desequilibrios, expresándose en los más variados conflictos, que pueden llevar a la timidez, al miedo, a las fugas terribles o a la agresividad, a la falta de respeto de los patrones éticos que el joven no comprende, porque no los experimentó y de ellos solamente conoce las expresiones groseras, resultado de las interpretaciones enfermas que les son presentadas.

La suma de aflicciones que lo asalta es grande, lo aturde, trabajando su mente para los estereotipos convencionales de desgarrados, indiferentes, rebeldes, dependientes, que encuentra en todas partes, y cuyo comportamiento de alguna forma le parece atrayente, porque despreocupado y vengativo contra la sociedad que aprende a desconsiderar. En ese contubernio de observaciones atormentadas, los medios, desde los primeros días de su infancia, van ejerciendo sobre él una influencia destacada y creciente. De un lado, en el periodo lúdico, le ofrece numerosos mitos electrónicos, agresivos y crueles en nombre del mal que inviste contra el bien, representados por otros seres de diferentes planetas que pretenden salvar el universo, utilizándose, también de la violencia y de la astucia, en guerras de exterminio total.

Aunque la prevalencia del ídolo representativo del bien, las imágenes alucinantes del odio, de la perversidad y de las batallas interminables plasman en el inconsciente del niño mensajes de destrucción y de rencor, de miedo y de inseguridad, de fascinación e interés por esos personajes míticos que, en su imaginación, adquieren existencia real.

Otros modelos de la formación de la personalidad infantil, presentados por los medios, tiene como característica la belleza física, que va siendo utilizada como recurso de crecimiento económico y profesional, casi siempre sin escrúpulos morales o dignidad personal.

El pódium de la fama es normalmente por ellos logrado a expensas de la corrupción que brota en determinados lugares en los medios de comunicación de masas. Es inevitable que el concepto de dignidad humana y personal, de la armonía íntima y de consciencia sea totalmente desfigurado, empujando al joven para el campeonato de la sensualidad y de la sexualidad promiscua, en cuyo campo puede surgir oportunidad de triunfo… triunfo de la apariencia, con tormentos íntimos sin cuenta.

La gran importancia que es dada por los medios al crimen, en detrimento de los pequeños espacios reservados a la honradez, al culto del deber, del equilibrio, estimula la mente juvenil a la aventura pervertida, irguiendo héroes-bandidos, que se vuelven célebres con la rapidez de un rayo, que ganan sumas importantes y las lanzan fuera con la misma facilidad, excitando la imaginación del adolescente. Aun, en ese capítulo, la super-valorización de determinados ídolos de los deportes, de algunas artes, aunque todos sean dignos de consideración y respeto, condenan el interés por los estudios y por la cultura, por el trabajo honesto y su continuidad, dejando en vano perspectivas que vale la pena invertir toda la existencia en la búsqueda de esos mecanismos de promoción que, incluso alcanzados tardíamente, compensan toda una vida terrena. Esa paradoja de valores, naturalmente, le afecta el comportamiento y la identidad.

Es evidente que los medios también ofrecen valiosos instrumentos de formación de la personalidad, de la conquista de recursos saludables, de oportunidades iluminativas para la mente y engrandecedoras para el corazón.

Lamentable, solamente, que los espacios reservados al lado ético y dignificante del pensamiento humano, propio para la formación de la identidad noble de los adolescentes, sean demasiado pequeños y no siempre en forma de propuestas atrayentes, en la televisión, por ejemplo, en horarios nobles y compatibles, como una eficiente contribución para el aprendizaje superior. Las emociones fuertes siempre dejan marcas en el ser humano, y en los medios es, esencialmente, un vehículo de emociones, particularmente en su aspecto televisivo, consonante se informa que una imagen vale más que millares de palabras, lo que, de cierto, es verdad. Por eso mismo, su influencia en la formación y en la estructuración de la personalidad, de la identidad del joven es relevante en estos días de comunicación rápida.

Las escenas de violencia, asociadas a las de libertinaje, a las de super-valorización de individuos extravagantes y conductas reprochables, de palabreado grosero y de apariencia vulgar o agresiva, con aplauso para la idiotez en caricatura de ingenuidad, despiertan, en el adolescente, por originales y perversas, un gran interés, transformándose en modelos aplaudidos y aceptados, que luego son copiados.

Es hasta incluso disculpable que, en el área de las diversiones, se presenten esos biotipos extraños y alienados, pero sin que sean llevados a la humillación, al ridículo… Lo desconcertante es que abundan por todos los lados y algunos de ellos se hacen lideres de auditorios, vendiendo incontables números de copias de sus grabaciones y cerrando los espacios que podrían ser ocupados por otros valores morales y culturales, que quedan al margen, sin oportunidad.

Falta originalidad en los modelos de comunicación, que se van repitiendo desde hace décadas, señalados por los mismos contenidos de vulgaridad y insensatez, manteniendo la cultura en bajo nivel de desarrollo.

Esa influencia perniciosa, que los medios van ejerciendo en los adolescentes, como ocurre con los adultos y niños también, estimulándolos para el lado más agitado y perturbador de la existencia humana, puede alterarse para la edificación y el equilibrio, en la medida que la criatura despierte para la construcción de la sociedad del porvenir, cuidando de la juventud de todas las épocas, en la cual reposan las esperanzas en favor de la humanidad más feliz y más productiva.

Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Franco
Adolescencia y Vida
Traducido por R Bertolinni

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