Eutanasia, causas y consecuencias

“¡Ancianos huyen de Holanda con miedo de la eutanasia!”. Con esa llamada, el portal de la Familia hizo pública la denuncia de un órgano de comunicación de Alemania, con la dirección en el site: http://www.dw-world.de/dw/article/0,2144,1050812,00.html, así resumida: Asilo en Alemania se convierte en acogida para ancianos que huyen de Holanda con miedo de ser víctimas de la eutanasia a petición de la familia. Son 4 mil casos de eutanasia por año, siendo un cuarto sin aprobación del paciente.

Es común, en todas partes, la prensa dar énfasis a la noticia sobre la aprobación de leyes que atentan contra la vida, pero dan poca o ninguna importancia a una denuncia tan grave como esta. ¿Y si fuésemos unos ancianos de Holanda, donde la práctica de la eutanasia es liberada, como suele ocurrir en algunos países dichos “primer mundo”? ¿No estaríamos en riesgo permanente, considerando que el Estado estimula en las familias una conducta egoísta incompatible con la dignidad humana, indicio de ignorancia y desprecio para las cuestiones morales/espirituales?

Recorriendo al contrario de las leyes actuales, en Brasil, los legisladores aprovechándose de la reforma del Código Penal, que incluyesen la legislación del aborto y de la eutanasia en el Congreso. ¿Por qué ese es un camino de debemos de evitar? ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de la práctica de la “muerte sin dolor”? Es un hecho que somos meros depositarios del cuerpo físico, primero es un préstamo que Dios nos concede para el progreso intelecto-moral. Partiendo de este principio, si el hombre no es capaz de crear la vida, tampoco tiene el derecho de quitarla. De acuerdo con el Código de Ética de la profesión, inspirado en la tradición hipocrática, el médico no puede, directa o indirectamente, apresurar la muerte del paciente. Si no tuviera condiciones de controlar el mal, puede disponer de medios lícitos para suspender procedimientos que perlonguen la vida del paciente, con sufrimiento desnecesario (obstinación terapeuta o distanasía), ofreciéndole, en contrapartida, el amparo necesario para que tenga una muerte natural y digna (ortotanásia).

¡Al final, el médico se formó para salvar vidas y no para destruirlas! Ese es el dilema de la eutanasia: ¿cómo conciliar el acto de curar con el de matar? La eutanasia no es la solución para el dolor, pues, al ser expulsado del cuerpo, el Espíritu, indestructible, lleva consigo para el Más allá sus dramas y conflictos. La Medicina no es una ciencia exacta: (…) Los designios divinos son insondables y la ciencia precaria de los hombres no puede decidir en los problemas transcendentales de las necesidades del Espíritu. (Del libro “El consolador”. Chico Xavier. Espíritu Emmanuel)

Además, el criterio de incurable es muy frágil, y la ciencia médica no para de evolucionar. Periódicamente, son descubiertas curas para ciertas dolencias que hasta entonces eran consideradas irreversibles. Las causas principales de la práctica de la eutanasia son el materialismo, el egoísmo, el orgullo y la ignorancia en cuanto a los orígenes del hombre, ser integral, formado de cuerpo y Espíritu. Aquel que pide para que le sea anticipada la muerte física, muchas veces así obra oprimido por el dolor, por el recelo de sufrir, para no dar trabajo a los otros, en una especie de fuga psicológica de la realidad. Todos abominamos el sufrimiento y queremos librarnos de él. Es el derecho natural a la salud, protegida por el instinto. En caso contrario, no sería dado al hombre la oportunidad de descubrir la anestesia y de tantas otras terapéuticas. Entre tanto, la eutanasia es inútil, pues ella solo agrava la situación espiritual.

Unos son a favor de la eutanasia, porque temen el juicio de la sociedad; se avergüenzan de la propia dolencia. Cuando no, son los familiares que se constriñen con sus enfermos, a veces portadores de enfermedades insidiosas. Hay aquellos que quieren la eutanasia, por considerar al enfermo un fardo. Quieren el descanso inmerecido, olvidando que, no es raro, la aprobación no es exclusiva del enfermo. Otros, aun, así obran, en nombre de intereses materiales sospechosos. Las consecuencias, para la víctima de la eutanasia pasiva o no consentida, tal cual la persona asesinada por cualquier motivo, varían al infinito, visto que son parte de la propia evolución del ser. Tales efectos dependen de varios factores y, sobre todo, del tiempo necesario para el desprendimiento de los lazos periespirituales, que son bien demorados en las criaturas aún muy apegadas a la materia, pues quedan imantadas mentalmente a los despojos físicos, con serios perjuicios para su restablecimiento y adaptación en el mundo invisible: (…)

Sin ningún conocimiento de las dificultades espirituales, el médico administra la llamada, “inyección compasiva” (…) En pocos instantes, el moribundo silenció (…) Cavalcante, para el espectador común, estaba muerto. No para nosotros, entretanto. La personalidad desencarnante estaba preso al cuerpo inerte (…) Cavalcante permanece ahora, pegado a trillones de células neutralizadas, durmientes, invadido (…) de extraño entumecimiento que lo imposibilita para dar cualquier respuesta a nuestro esfuerzo (…) (Libro “Obreros de la vida eterna” Espíritu Andre Luiz, médium Chico Xavier)

Para la víctima de la eutanasia activa (consentida), las consecuencias se asemejan a los efectos experimentados por los suicidas conscientes: la decepción, porque la fuga de sí mismo es imposible, una vez que nadie muere; agrava el problema, pues, si el paciente pretendía escapar del dolor, ahora va a encontrarla en dosis superlativas, principalmente en el aspecto moral (remordimiento), en que sufrirá pesadillas íntimas torturantes; sintiendo sufrimientos inenarrables en las regiones de sombra (umbrales), en que agota las reservas vitales y los residuos mentales groseros, donde hay millares de otros Espíritus infelices en condiciones semejantes o peores; reencarnaciones dolorosas del Espíritu, que reaparece en el palco físico con un cuerpo debilitado, o defectuoso, gracias a las impresiones deletéreas registradas en las entrañas del periespíritu. En fin, “siempre es culpado por no aguardar el término fijado por Dios para la existencia” (Allan Kardec, El libro de los Espíritus) y la consecuencia del tal acto es “como siempre, y de acuerdo con las circunstancias, una expiación proporcional a la gravedad de la falta” (Allan Kardec, El libro de los Espíritus).

En ayuda de los desesperados, surge la Doctrina Espirita con sus enseñanzas esclarecedoras y consoladoras, restituyendo, tanto a los enfermos como a los familiares, la esperanza, la paz, la resignación y el coraje, una vez que permite la comprensión de las causas y de la finalidad de los sufrimientos y de los dolores: (…)Raramente los compañeros encarnados, cuando en excelentes condiciones de salud física, pueden comprender las aflicciones de los enfermos en posición desesperada o de los moribundos prestos a partir. Nosotros, pues, en el cuadro de realidades más fuertes, sabemos que, muchas veces, es posible efectuar realizaciones sublimes, de naturaleza espiritual, en pocos días, en esas circunstancias, después de largos años de actividades inútiles. (…) (Chico Xavier. Misionarios de la luz. Espíritu Andre Luiz)

La finalidad del dolor físico, en general, es un aviso de la naturaleza que nos procura preservar de los excesos. Si no fuese por eso, destruiríamos el cuerpo en poco tiempo. Hay otras ventajas que el dolor nos proporciona: acentúa el heroísmo de la criatura humana; derrumba las murallas de la indiferencia, del egoísmo y de amor propio excesivo; “desanimaliza” el alma, enflaqueciendo los instintos más bajos; facilita el auxilio de los benefactores espirituales, en todos los sentidos; funciona como válvula de escape de nuestras imperfecciones morales; nos enseña a corregir los vicios, proporcionando el arrepentimiento de nuestras faltas, para tener un retorno más tranquilo al mundo espiritual, de modo que recobramos, en el futuro, condiciones de expiar y reparar nuestros equívocos; despierta las fibras del sentimiento y de la solidaridad en aquellos que conviven con el enfermo (parientes, amigos), estimulándolos a la práctica de la caridad.

Tanto el dolor como el placer pueden ser un factor de elevación moral, si bien aprovechados y conducidos, una vez que proporcionan la reeducación del Espíritu. Es bello compadecerse del sufrimiento ajeno, entre tanto, procuremos aliviar el dolor de nuestros enfermos sin violentar las leyes divinas. Atendamos el consejo de los buenos Espíritus: (…) Minorad los postreros sufrimientos, tanto como podáis; guardaos, pues, de abreviar la vida, aun de un minuto, porque ese minuto puede ahorraros muchas lágrimas en el futuro. (El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec)

Amparados en la humildad, en las oraciones, en la fe y en los recursos de la Medicina de los hombres, tenemos que soportar nuestros dolores, por mayores que sean, las cuales continuarán existiendo en nuestro mundo, en cuanto no superemos el nivel de expiaciones y pruebas. Esa es la razón por la cual debemos priorizar la cura de los males morales, para que tengamos más salud en el futuro.

Christiano Torchi

Revista “Reformador” Agosto 2013.
Traducido por Jacob

2 comentarios en “Eutanasia, causas y consecuencias”

  1. vengo a decir, que dios no existe, a mi quien me ha creado ha sido mi madre y mi padre, no un hombre de allí arriba que no sabes si existe. parece ser que si me encuentro mal es que me quiero a mi misma, y dios sigue sin existir. la eutanasia la deciden el enfermo que sufre o los familiares por el porque saben que sufre no tu cristiano de mierda. Dios no existe.

  2. Blanca, las cosas no se hablan así, yo respeto tu forma de pensar al decir que Dios no existe, aunque no la comparto. Pero por favor intenta decir las cosas con dos dedos de frente y respetuosamente porque hay gente a la que le puede doler la forma en la que lo dices.

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