Caso de conciencia

Mi amigo, Usted se declara extremamente cansado en la lucha por la victoria del bien y añade en su carta:

“Hermano X, ¿qué se puede hacer? No aguanto más injurias, incomprensiones, sarcasmos, críticas… Sólo pienso en descanso, tranquilidad y en la noche, cuando consigo dormir, si sueño, de la única cosa que me acuerdo, es la de una hamaca que incesantemente pasó a vivir en mi memoria.”

De hecho, mi amigo, el cansancio es sufrimiento y de los mayores; sin embargo, ya que nos pide opinión, pido permiso para narrarle algo que sucedió en el dominio de las sombras.

Un denodado legionario de obra salvadora nos contó que en un tenebroso rincón de la Espiritualidad Inferior, casi como una copia perfecta de la antigua parábola, atribuida a Lutero, se reunió un empresario graduado en el mal con diversos cooperadores. Se disponía a oírlos sobre alguna idea nueva, con relación a vampirizar a los amigos encarnados en la Tierra. Reunión de bandidos, como sucede, de hecho, en muchos lugares del plano físico. Expuesto el objetivo de la asamblea, por el director de la crueldad organizada, dijo uno de los asesores:

– En el mes pasado, azucé a un perro hidrófobo contra dos sembradores del bien, que estudiaban el Evangelio, y conseguí que la muerte los colocara fuera de acción…

– Trabajo inútil – adujo el sombrío dirigente -, ambos a estas horas, estarán en espíritu, apoyando obras importantes en la Tierra. Habrán salido de la desencarnación con amparo de los Cielos.

– Yo – contó el segundo – tejí una red de intrigas contra una señora dedicada a Jesús, y lo hice tan bien, que el marido ya la abandonó, quitándole los hijos…

– Esfuerzo improductivo – se burló el jefe. – Tú no hiciste nada más que endiosar a esa mujer… Ella acabará venciendo por la abnegación…

– En mi sector – proclamó un raro asalariado de la delincuencia -, provoqué el odio gratuito de un loco sobre un seguidor fiel del Cristo, que murió la semana pasada, por tanta carga de balas.

– No valió de nada – comunicó el mentor. – La víctima fue elevada a condición de mártir y, fuera del cuerpo terrestre, se dedicará más intensamente en favor de la Humanidad…

– En cuanto a mí – expresó otro cooperador -, logré confundir todo un grupo de aprendices de la Buena Nueva y ahora, cinco de los mejores elementos están alejados por la imposición de la calumnia que fue urdida con firmeza…

– Emprendimiento frustrado – replicó el comandante -, los injuriados sabrán aprovechar la oportunidad, con el fin de trabajar con Jesús, a través del ejemplo…

Silenció la pequeña junta, algo desencarnada, cuando uno de los auxiliares dijo con una sonrisa irónica:

– Jefe, parece mentira lo que voy a contar, pero, desde hace mucho tiempo, percibí que persecución sólo sirve para promover a los perseguidos. Entonces imaginé que el mejor medio de anular a los colaboradores de Jesús es hacerles ver las pequeñas depresiones y ponerlos a dormir. En seis meses, ya coloqué ochenta servidores del Evangelio, fuera de acción, en casas de reposo, lechos, hamacas y colchones… La receta no falla. La persona siente un ligero abatimiento y entro en escena con nuestra vieja hipnosis. El resultado es completamente seguro. Es un sueño que nunca acaba. De ese modo, los mejores de esa gente del Cristo no trabajan más, ni en la Tierra, ni en los Cielos…

El caudillo aplaudió frenéticamente lo comunicado y dispensó la presencia de todos los demás participantes del grupo, con el fin de entenderse más profundamente con el sagaz compañero.

Como se puede dar cuenta fácilmente, mi amigo, la depresión es un problema. Para terminar, le digo que hubo tiempos, en los cuales yo mismo, pobre cronista desencarnado hace ya unos treinta y cinco años, también me sentí, en algún momento, bajo enorme abatimiento. Rápidamente busqué un orientador amigo, pidiendo consejo. Él me oyó cariñosamente, tocó suavemente mis hombros, y finalmente dijo:

– Mi querido amigo, si sufres algún desgaste en las propias fuerzas, trata de mejorarte, rehacerte. Sin embargo, tenga mucho cuidado con semejante asunto. El cansancio si existe, pero siempre es un caso de conciencia, por lo que sabemos, hasta hoy nadie ha conseguido verificar realmente adonde termina el cansancio y comienza la pereza.

Espíritu Hermano X
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Relatos de la vida”

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