Vida y Valores (La humildad analizada)

Entre las virtudes, existe una que es coche-jefe del progreso, y pocas veces nos damos cuenta de esto. Esa virtud se llama humildad. Lamentablemente, la humildad entró en ese camino de la mala interpretación, del mismo modo que las personas interpretan mal el amor, la paz, caridad, fraternidad. Se acostumbra a imaginar que ellas sean cualquier cosa, menos aquello que de hecho ellas son. La humildad no escapó de ese trayecto de la mala interpretación. Para mucha gente, ser humilde es ser cobarde, es la tibieza, es la timidez. Pero, la humildad no tiene ningún compromiso con la cobardía, ni con la tibieza, ni con la timidez. Por lo contrario, la humildad es una virtud pro-activa, es también una virtud activa.

La persona humilde no es aquella que quede esperando caer del cielo, quieta, parada, que no habla, que no reclama, que no llama la atención, que no se levanta. No. La humildad, no. La humildad es exactamente aquella que esclarece, que orienta, que ilumina, que dice, si, que dice no, sin faltar con la verdad, sin faltar con el amor. La humildad es exactamente el camino sobre el cual el amor se mueve. Nadie consigue amar si no es humilde. Es importante pensar en eso, cuando nos acordamos que la naturaleza nos da ejemplos notables de esa virtud. Basta que veamos como el sol trata al pantano. Para cualquier persona al margen de ese cenagal, el pantano no pasaría de un fétido, de un charco mal oloroso. Pero el sol besa el charco, besa el pantano, lo drena y permite que sobre él nazca flores. Permite que sobre él caminen los hombres. Es la humildad. Él no se preocupa si allí hay lodo, él se ocupa en atender.

Vemos que el agua, medicinal por sí misma, el agua pura que nos sacia, que sacia a los animales, que sacia a los vegetales, tuvo que atravesar las capas más rústicas de piedra, el filtro de las piedras, para volverse útil, después que atravesase la dificultad. Jamás alegaría cansancio, jamás tiraría en el rostro de quien la absorbe, de los hombres, de los animales, de las plantas, su cansancio, su desgaste. “Para llegar aquí, tuve que atravesar las capas de piedra. Para atenderlos, tuve que sufrir eso, o aquello” Las aguas, no. Donde ellas están, canturrean, refrescan, hidratan, y nadie sabe de sus luchas para llegar hasta allí, para llegar a nuestra mesa. Encontramos, después del temporal que cambió la tierra, que revolvió el suelo, después que la calma llega, nuevamente los vegetales crecerán sobre todo que lo sobró. Es bonito ver la naturaleza mostrando esa capacidad de humildad. “Cómo voy a producir sobre excrementos? ¿Cómo voy a iluminar el lodazal? ¿Pero porque tengo que servir a las personas después de haber enfrentado tantas dificultades?” El sol sobre el charco, el agua vaciando los minerales, las piedras, las rocas; el vegetal creciendo sobre los escombros dejados por el aguacero, por la lluvia, por los temporales. Es tan importante saber que la humildad tiene esa característica de servir, pero no de callar. De servir, pero no de omitir.

La humildad hizo que nos conociéramos por el mundo afuera, la saga de hombres notables como Martin Luter King Jr, en los Estados Unidos, el negro que no se conformaba con el apartheid social norte americano. En nombre de su humildad hizo una campaña, una marcha sobre el Estado donde está la capital del país: la marche sobre Washington, distrito de Columbia. Para hablar al país, juntó a los negros, a los blancos, a los amarillos, todos cuantos vivían en América, incomodados con aquella situación del preconcepto racial. Es claro que pagó con la vida su humildad, pero a partir de eso, el preconcepto racial cayó en los Estados Unidos. Nueva legislación se levantó y el único negro que tiene un día oficial en los Estados Unidos, fiesta nacional, es Martin Luter King Jr.

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A partir de Martin Luter King Jr, con ese movimiento en los Estados Unidos, se puede pensar en un gesto de humildad y de grandeza. Si pensamos bien sobre esto, aquellas personas que intentan pasar un imagen de que son humildes, acostumbran a ser muy orgullosas. Aquellas que tienen orgullo de la propia humildad, porque Jesús Cristo es el punto máximo de la humildad en la Tierra, es el gran estro de la humildad. Pero El no omitió, no mintió, no huyó. Por el contrario, por Su amor a la verdad, en la hora en que los soldados llegaron, al Monte de los olivos, para cogerlo, antes que Judas Le diera el beso, los soldados preguntaron por Él y Él respondió:

¿A quién buscáis?
A Jesús de Nazaret.
Aquí lo tienes, soy yo.

Nadie haría esto. Normalmente, la criatura humana trataría de escapar, de huir, de desaparecer de allí. Pero la humildad de Jesús Cristo no permitía que lo hiciese. Porque la humildad es una virtud de coraje. Ella sabe que nada puede escapar a la verdad. Entonces, es una virtud de coraje. En otros momentos: “Vosotros me llamáis Maestro y Señor y lo decís bien, porque yo lo soy”.

¿Cuántas son las personas, entre nosotros, que están queriendo huir de las palabras elogiosas, de las palabras enaltecedoras, aunque les guste? Si hacemos un elogio por un plato bien hecho ¿Quién soy yo? No soy nadie. No fui yo, Lejos de mí. Bastaría a la persona, si fuese de hecho humilde, agradecer: Muchas gracias, que bien que le gustó. Lo hice para que a usted le guste. Eso es un gesto de humildad. ¿Quién es la cocinera que cocina para que nadie le guste su comida? ¿Quién es la costurera que cose para que nadie le guste su producto? ¿Quién es el agricultor que planta, que recoge para que nadie compre sus productos? Entonces, cuando ellos empiezan a aparentar desinterés, es un gesto de falsedad. A ellos les gustan los elogios, siendo agradecido sería bastante. Y si la persona nos dice alguna cosa que de hecho no somos, el elogio se volverá un incentivo para que persigamos aquella virtud y no cargar el peso de un elogio vacío.

La humildad tiene esas características. ¿Quién es responsable por este material? Soy yo. ¿Quién hizo ese cuadro tan lindo? Fui yo. Y, si la persona nos cubre de elogios, y nosotros sabemos que no es tanto, aprendamos con los Inmortales dedicando a Jesús Cristo todos los aplausos, todos los elogios, todas las palabras entusiastas, porque es Él nuestro estro, nuestro Maestro y nuestra inspiración. La humildad, entonces, es una actitud que se tiene delante de la vida. Toda persona que trabaja honestamente para ganar su pan a diario, es una persona humilde. Si ella no fuese una persona humilde, estaría queriendo explotar a alguien para ganar por ella.

Toda persona que realiza bien su trabajo, que da cuenta de su empleo, que se preocupa en concluirlo bien, en agradar a quien lo contrató, es una persona humilde, porque le gustaría de que los otros tuviesen una buena imagen y les gustase su trabajo. Cuantas, cuantas fueron las veces en que Jesús Cristo se manifestó asumiendo posiciones: Yo soy el médico de las almas. Yo soy el camino, la verdad, la vida y nadie llegará al Padre, si no a través de mí. Imaginemos si, en nombre de la humildad, Jesús Cristo se hubiese omitido: No, no soy yo el camino. No, no soy yo. ¿Para donde irían los discípulos? ¿Para quién irían, a quien buscarían? Por eso, vale la pena en nuestra vida asumir posiciones. ¿Pero eso no será indicio de vanidad? No, será indicio de verdad.

Aquello que es de nuestra responsabilidad, nosotros lo asumimos y aquello que es de la responsabilidad del otro, nosotros lo dirigimos al otro: “No, muchas gracias por el elogio, pero quien lo hizo fue él. Muchas gracias, pero quien lo hizo fue ella, eso no es obra mía”. Esa es la verdad de la humildad. Quien no es humilde acostumbra a coger las honras de los otros para sí. Está en un equipo en que todos trabajan y el asume para él las glorias, las honras, y no dice que sus compañeros participaron. La humildad, tenemos que enfocar bien esta virtud, porque es la gran dínamo que impulsa nuestro progreso humano.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 126, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em janeiro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 19.10.2008. Em 02.02.2009. Traducido por Jacob.

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