¿Por qué no reaccionan?

La subyugación es la forma más penosa de asedio espiritual. En la obsesión simple el individuo es perturbado por ideas infelices.

En la fascinación lo vemos convencido de ellas.

En la subyugación poco importa lo que piensa.

El obsesor controla sus movimientos.

Sobreponiéndose a sus reacciones, le impone gemidos, gritos, estertores, agonías, desmayos y desvaríos absolutamente incontrolables.

Animado por mórbidos propósitos y perseguidor invisible, tanto más se complace cuanto mayor sea la degradación que consigue someter a la víctima, llevándola, no es raro, a precipitarse en la soledad de cubículos destinados a inquietos y agresivos enfermos mentales.

Buena parte de los alienados mentales que están en los hospitales psiquiátricos, son víctimas de la subyugación.

En muchas oportunidades Jesús estuvo en este problema. Es ilustrativo el caso del habitante de Gadara (Marcos, 5):

“Cruzaron el lago hasta llegar a la región de los gerasenos. Tan pronto como desembarcó Jesús, un hombre poseído por un espíritu maligno le salió al encuentro de entre los sepulcros. Este hombre vivía en los sepulcros, y ya nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con cadenas y grilletes, pero él los destrozaba, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Noche y día andaba por los sepulcros y por las colinas, gritando y golpeándose con piedras.”

Liberado por Jesús de la persecución espiritual, el garaseno volvió al hogar, perfectamente curado.

En otro pasaje (Lucas, 9), un padre habla a Jesús:

“Maestro, te ruego que veas a mi hijo; que es el único que tengo; y he aquí un espíritu lo toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.”

Apartado el Espíritu por Jesús, el chico se libró del problema. Cuando lúcido y receptivo, el subyugado escuchó de familiares, acostumbradas recomendaciones.

– Es preciso reaccionar. Haga pensamiento firme. No se entregue a ese desvarío. Piense en Dios.

Si el infeliz reclama incapacidad de resistir a la presión, insisten:

-Nosotros no somos alcanzados. Solamente usted. Es que tenemos fe. ¡Cultivamos pensamientos positivos, ejercitamos fuerza de voluntad! ¡Usted está siendo débil!

Razonables afirmaciones.

No obstante, quien lucha con el subyugado precisa llevar en consideración que generalmente él está imantado al obsesor, en estrecha sintonía. Se sitúa como una marioneta en sus manos. Esa imantación no es de iniciativa del obsesor. Normalmente ya existía. Viene del pasado, envolviendo graves conflictos entre ambos.

Tanto como el amor, el odio recíproco establece estrechos vínculos. Hay solo una diferencia:

Los que se aman se ayudan mutuamente, en laboriosas jornadas de progreso y bienestar.

Los que se odian se agreden interminablemente, con ventaja eventual para aquellos que se sitúan en el anonimato, cuando desvestidos de la carne, en tránsito por el Más allá.

Jesús decía que Espíritus de esa naturaleza solo pueden ser apartados con ayuno y oración. El ayuno simboliza el empeño de superar la naturaleza animal, representada por vicios y pasiones.

La oración simboliza el empeño de cultivar la naturaleza espiritual, buscando la comunión con la Espiritualidad. Solamente así el bienhechor que busca interferir en una subyugación, tendrá la autoridad necesaria para hacerse oído y respetado por los agresores espirituales.

Richard Simonetti
Del libro “¿Quién tiene miedo de la obsesión?
Traducido por R Bertolinni.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba