El más allá y la sobrevivencia del ser

La dinámica de nuestras existencias actuales transfirió para las religiones los cuestionamientos sobre la naturaleza del Ser, sus orígenes, su destino y el porqué de la dicotomía entre el ser espiritual y el ser público o de la vida real. Si la tecnología nos aproximó los unos a los otros, a través de los Smartphone, ordenadores, etc., si internet nos conecta en tiempo real con el mundo, aunque este sea un mundo vigilado y condicionado, nunca fue tan grande el desconocimiento en cuanto a las cuestiones que envuelven la muerte y la posibilidad de la continuidad de la vida en otras dimensiones.

En los países del primer mundo, donde las universidades desenvuelven el saber, son raras las sillas de estudio sobre la sobrevivencia del Espíritu, tratado peyorativamente como “fantasma” o como un ser diabólico que aterroriza los vivos, llevándolos a procesos patológicos y autodestructivos, principalmente por el cine y por las series de TV.

Hay el caso pionero de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, donde la paranormalidad es asunto serio. En Brasil, hay estudios concernientes a las experiencias de casi muerte por parte de investigadores de la Universidad Federal de Juiz de Fora, en Minas Gerais. Todavía en los EUA, el Dr. Raymond Moody Jr., investiga las posibles relaciones entre los “muertos” y sus familiares vivos. Su trabajo viene demostrando, a partir de investigaciones realizadas sobre los oráculos en la Grecia Antigua, donde las comunicaciones eran constantes y reales, que los contactos del inframundo siempre fueron parte de nuestra civilización. Sin duda que el Espiritismo, con su despojamiento místico y mítico, nos trajo otro escenario de la vida después de la muerte: seguimos existiendo con consciencia (consciencia aquí son todos los archivos de nuestras experiencias registrados en nuestro inconsciente); trazamos los rumbos de nuestros destinos, continuamos ejerciendo el libre albedrío cada vez más libre, a medida que nos tornamos directamente responsables por la Vida. Y nuestro mayor ejemplo de que ella continúa después de la muerte, todavía es y será siempre Jesús, despojado de la mitología creada a su alrededor, presentado a lo largo de los siglos como una mezcla de héroe griego con profeta judaico. Y es Él quien vuelve, en toda su plenitud, a demostrar que la muerte no existe, que no pasa de invención humana, producto del vacío existencial que habita éste plano moral de existencia, a través de la visión espírita, que no es religiosa en el sentido ritualista, litúrgico y teológico, sino liberadora, concienciadora, reveladora.

Léon Denis, quién consolido el Espiritismo en Francia después del fallecimiento de Allan Kardec, tras reflexiones extremadamente actuales en su vasta obra en la cual destacamos el pequeño gran libro que hay tras el título de nuestro artículo, presenta un elenco de pruebas capaces de confirmar la opinión de quien quiera que investigue la llamada supuesta vida después de la muerte. Y finalizamos nuestras reflexiones con sus palabras, dejando una pregunta en el aire: ¿las relaciones humanas se modificarían para mejor si nos identificásemos como seres inmortales? “¿No es un conmovedor espectáculo ver los que visitan un sepulcro? A estos yo diré: el más allá es apenas lo que nuestros sentidos no tocan.”

Sonia Theodora da Silva
Revista «Periódico de Estudios Psicológicos» Nº 32

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.