¿Cómo mejorar?

¿Hay un medio práctico de mejorarse en esta vida, moralmente hablando, resistiendo a las malas tendencias y procurando adquirir más virtudes? ¡Sí! Siendo más pacientes, decididos, comprensivos, tolerantes y también más determinados. Pero al mismo tiempo más dóciles en el trato, más gentiles, más dedicados en el bien. Y no solo eso: también más responsables y comprometidos con las causas humanitarias, más disciplinados en los comportamientos y más conectados al respeto de las diferencias, las leyes, las instituciones. Y, claro, aprender a domar en nosotros mismos los instintos agresivos y egoístas, que tantos prejuicios causan en la convivencia.

Una recomendación del filósofo Sócrates indica el mejor camino: ¡Conócete a ti mismo! Eso significa un viaje interior de preguntas, una entrevista donde somos el entrevistado y el entrevistador. Si, preguntarnos a nosotros mismos, evaluando diariamente el propio comportamiento para averiguar si alguien tiene algo que reclamarnos o si cumplimos con el propio deber en el día que pasó. Esta auto-evaluación puede ser resumida en cinco puntos:

a) Interrogarnos sobre lo que hemos hecho;
b) Con qué objetivo hicimos o actuamos de esa o de aquella forma;
c) Si hicimos algo que censuraríamos si lo hiciera otra persona;
d) Si algo hicimos que no osaríamos confesar;
e) ¿Si ocurriera la muerte, tendríamos temor de la mirada de alguien?

Y podríamos aun examinar si actuamos contra Dios, contra nuestro prójimo y contra nosotros mismos. Las respuestas obtenidas nos darán el descanso para la conciencia o la indicación de un mal que necesita ser curado. Habiendo duda sobre determinado comportamiento, hay aún un paso decisivo: si estuvimos indecisos sobre el valor de una de las acciones, preguntémonos como la calificaríamos, si fuera practicada por otra persona. Si la censuramos en el otro, no la podemos tener como legítima cuando somos su autor. Esta indicación, inclusive, es precisa para posibles preguntas sobre ilusiones de juzgarse a sí mismo, atenuando las faltas o tornándolas disculpables.

Si censuramos en el comportamiento de otra persona, es señal que no lo aceptamos. Y, por tanto, se trata de comportamiento que no debemos adoptar. La fórmula nítida y precisa de cuestiones dirigidas a nosotros mismos sobre el móvil de nuestras acciones o el cuestionamiento de nuestras motivaciones es el camino de conocernos. Y, convengamos, conociéndonos a nosotros mismos, alcanzaremos la reforma moral. Imagínese ahora si cada ser humano emprende esa intensa lucha consigo mismo para mejorarse a sí mismo, tendremos un mundo mejor. ¿Es lo que todos deseamos, no es así?

Al final, la mejora moral del planeta con sus saludables muestras comienza en la intimidad individual. Eso influirá en la educación de los hijos que igualmente harán hombres de bien. El proceso es sencillo en lo general, complejo en los detalles, pero es el único camino si deseamos mejorar el mundo en que vivimos. Tontas vanidades, egoísmo, prepotencias y arrogancias, orgullo de cualquier origen, celos y envidias ya están quedando fuera de moda e incompatibles con la nueva era que la humanidad está construyendo. Es hora de expulsarlos.

No necesitamos de ellos.

¡Para vivir mejor, es preciso ser mejor!

Es lo que enseña Agustín en la notable pregunta 919 del Libro de los Espíritus.

Orson Peter Carrara

Traducido por Jacob

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