La inteligencia fascinada

Un análisis superficial podrá sugerir la idea de que la fascinación alcanza solo las personas destituidas de inteligencia, suficientemente ingenuas para asimilar las fantasías sugeridas por los obsesores.

Kardec explica, en “El libro de los Médiums”, que no es así:

“Sería un error creer que este genero de obsesión solo están sujetos a las personas sencillas, ignorantes y faltas de sentido común. De ella no se encuentran exentos ni los hombres de más espíritu, los más instruidos y los más inteligentes sobre otros aspectos, lo que prueba que tal situación es efecto de una causa extraña, cuya influencia ellos sufren.”

Encontramos ejemplos en todos los sectores de la actividad humana. Hombres cultos y sensibles, dotados de respetable agudeza mental, pero envueltos en perturbadores procesos obsesivos. Se sitúan como médiums de las sombras, fascinados por extravagantes ideas que, encontrando receptividad en las mentes distraídas del Bien, generan perturbadores movimientos sociales, en siembras de desequilibrio, sufrimiento y muerte.

Jean-Paul Sartre, filósofo existencialista, predicaba el nihilismo, la nada, proclamando que el hombre está entregado a su propia suerte. Inspiró, así, muchas de las locuras de la sociedad europea de después de la guerra, distanciada de Dios.

Friedrich Nietzsche, con su idea del superhombre, movido únicamente por la voluntad del poder, con total desprecio por la ética cristiana, fue una de las inspiraciones de la locura nacista.

Arthur Schopenhauer enseñaba ser indispensable que el hombre suprima la voluntad de vivir para que se libere del dolor, induciendo a criaturas desprevenidas a los precipicios del suicidio.
Vale destacar el agonizante comunismo, generado a partir del error cometido por intelectuales que creyeron posible edificar una sociedad igualitaria sustentada por regímenes totalitarios. En ellos el Estado sería dueño de todo para que no faltase nada. Resultado: Estados que no tienen nada, donde falta de todo.

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La intelectualidad vacía de sabiduría, divorciada de valores morales, es campo fértil para la siembra de las sombras que, literalmente, casi lanzan fuego en nuestro planeta en pavorosa hecatombe nuclear. Esto ocurrió a partir del enfrentamiento entre los Estados Unidos y la extinguida Unión Soviética, que durante décadas pretendieron garantizar la paz con el aumento progresivo del poderío atómico, como si fuese posible evitar explosiones golpeando dinamita.

Incontables ejemplos de inteligencias dominadas por peligrosas fascinaciones, justifican la jocosa observación de Jaques Prèvert: “No se debe dejar a los intelectuales jugar con cerillas”

Richard Simonetti
Del libro “¿Quién tiene miedo de la obsesión?
Traducido por R Bertolinni.

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