Vida y valores (El anticonceptivo)

La Dra. Susan Blackmore, de la universidad de Bristol, en Inglaterra, juntamente con el Dr. Colin Blackwell, establecieron sus visiones al respecto del anticonceptivo. Si, al respecto de la píldora. Y, en las conversaciones de ambos, conseguimos leer que ellos interpretan la píldora anticonceptiva como habiendo sido un grandísimo movimiento revolucionario en la década de 1960, que tuvo el poder, tuvo el don de dar libertad a las prácticas sexuales. Aseguran que el anticonceptivo dio a la mujer esa posibilidad de dirigir su cuerpo y no permitir la fecundidad, cuando no tuviese en ella cualquier interés. Fueron mostrando como el anticonceptivo resuelve en la manera como la mujer era vista en el contexto social. La visión machista de la mujer fue forzada a sufrir alteraciones importantes. También recordaron que, gracias al incremento de los anticonceptivos, la mujer puede ocupar el lugar que le pertenecía y que le fue negado, en el contexto social.

El anticonceptivo igualmente promovió una grandísima revolución en la cuestión que era bastante discutida sobre la división del trabajo. Lo que cabía a la mujer, lo que cabía a los hombres. A lo largo de muchas décadas, desde 1960, esa cuestión del anticonceptivo gano bastante destaque. Sin embargo, desde la década de 1940, bioquímicos, químicos trabajaron buscando una solución para lo que llamaban de grave problema de las relaciones sexuales: la procreación. Y a partir de eso, en América del Norte, en los Estados Unidos, los pesquisidores trataron de investigar un producto a base de testosterona, la hormona masculina, para que hubiese una píldora para los hombres. Y eso porque eran los hombres tradicionalmente, históricamente, que tenían una vida más liberada, que tenían una vida más suelta, más libertina. Entonces, sería válido, pensaban ellos, crear una píldora para los hombres. Lo que sucede es que, después de la píldora y en fase de prueba, los pesquisidores fueron a muchos presidios del Norte América y ofrecieron a los presidiarios, con la debida autorización de la justicia, la oportunidad de servir de cobaya al uso de la píldora, bajo la condición de que recibieran indultos y, hasta la liberación total de sus penas. A lo largo de las consecuencias, los investigadores notaron algo que no esperaban. En función de los órganos sexuales masculinos, eran externos, aquel producto generó sobre los hombres, primero, una impotencia precoz; después, una retracción del órgano genital. Se puede bien percibir que los pesquisidores interrumpieron allí el trabajo.

No era conveniente, en la época, crearse una píldora para el hombre, capaz de producir tamaño desastre en la autoestima masculina. Entonces, se volvieron para la mujer, cuyos órganos sexuales son internos y la base del estrógeno, de progesterona, aun en cantidades nada científicas, presentaron las primeras píldoras. Las primeras mujeres que se decidieron por usarlas, se hicieron mucho mal. Los problemas de mama, los cánceres abundaron hasta que, a lo largo del tiempo, la propia farmacología, la bioquímica fueron ajustando los niveles de estrógeno, de progesterona para que los médicos, al conocer el funcionamiento orgánico de sus pacientes, pudiesen indicar esa o aquella píldora. De este modo, el problema grave fue atenuado, pero cada mujer responde por sí misma, en virtud del uso que haga indiscriminado o no, de anticonceptivos. No hay duda de que la mujer tiene el derecho de protegerse, de cuidarse, pero no solo en términos corporales.

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El cuidado con el cuerpo es fundamental. Ninguna mujer tiene la obligación de reproducir aleatoriamente, reproducir por reproducir. Ella tiene derecho de cuidarse, tiene el deber de cuidarse. No obstante, la mujer obedece a un programa en el plano de la Divinidad. Leemos en el Libro de los Espíritus, una pregunta que es dirigida a los Inmortales al respecto de la misión del hombre y de la mujer: ¿Cuál es la más importante para el Creador? Y la respuesta incisiva de las Entidades Espirituales, que orientan el planeta, es que la misión que Dios concedió a la mujer es superior a aquel concedido al hombre, porque es la mujer que lo educa. De esa manera, comenzamos a percibir que sería lamentable si la mentalidad femenina descendiese para esos niveles e hiciese con que la mujer se convirtiese meramente en una máquina de hacer sexo. Cabe a ella la procreación, sin duda, pero cabe a ella el amor.

La mujer es esencialmente madre, aun mismo cuando no tenga hijos de su propio cuerpo. La mujer es esencialmente maestra, profesora. Es esencialmente orientadora. La naturaleza, en las manos de Dios, hizo que la mujer tuviese una sensibilidad mayor. Entonces, cualquier producto químico que en el organismo del hombre realice un determinado efecto, en razón de la sensibilidad femenina, en su organismo, ese efecto será más drástico. Es por esa razón que, cuando percibimos ese uso indiscriminado de píldoras, desde las chicas jóvenes hasta sus madres, hasta mujeres maduras, apenas para evitarse el embarazo, lamentamos profundamente. Porque naturalmente pensamos que la píldora, el anticonceptivo, no debería existir para ese propósito. Originalmente, el anticonceptivo surgió para equilibrar el ciclo menstrual de las mujeres. No era llamado de anticonceptivo. Los médicos descubrieron que, al regularizar el ciclo femenino, también actuaba sobre la hipófisis, provocando sobre esa glándula un estado orgánico en la mujer como si ella estuviese embarazada. Y, a partir de ahí, ella simulaba ese embarazo, impidiendo la madurez de los nuevos óvulos. Esa era la función del anticonceptivo, como elemento utilizable por las mujeres: hacer con que el organismo simulase todo el tiempo que la mujer está en un estado de gestación, por la no acción de la hipófisis.

Verificamos que la mujer simula, durante un larguísimo tiempo, algo que no es real y, obviamente, habrá consecuencias sobre su organismo. Muchas alegan: ¡Pero fue recomendación de mí medico! Pero la orientación medica de esos días, con las excepciones loables, es una orientación materialista. Gran número de facultativos no admiten la existencia del alma, del ser espiritual, no admiten que seamos Espíritus y que no estamos en la Tierra apenas para hacer sexo por el sexo. El sexo, al lado de la función procreadora, debe alimentar las almas que se unen por los vínculos del respeto y del amor. Debe servir para los grandes hechos de la inteligencia, para iluminar las criaturas y esas hormonas cambiadas, esos elementos cambiados, de lo psiquismo de uno para el psiquismo del otro, tiene una dirección más alta, que es la felicidad intima de la criatura. Y por esa razón que, cuando el hombre visita un burdel, un lupanar, para apenas ofrecer el placer sensorial, aquello no es satisfacer y el tiene que volver de nuevo, como alguien que, con sed, se decide por beber agua del mar. Por su salinidad, ella no sacia la sed. Es a partir de eso entonces que, delante del anticonceptivo tan desvergonzadamente utilizado, vale la pena pensar que la mujer tiene una función delante de las Leyes Divinas. Usando o no el contraceptivo, pensar que ella es la gran generadora de vida, la gran colaboradora de Dios, por todo el mundo.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 198, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em agosto de 2009. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 15.08.2010. Em 16.11.2010. Traducido por Jacob

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