¡Y nosotros queremos el progreso!

La escuela espiritista merece ser estudiada, porque es la filosofía del racionalismo, porque reconoce la existencia de Dios, y cree en el progreso indefinido del Espíritu, considerando el trabajo y la moralidad como los principios motores del adelanto humano. Creemos que sin la perfecta tranquilidad de la conciencia, la felicidad es un mito; por esto la escuela espiritista es eminentemente moralizadora. Porque aceptamos el progreso eterno, vemos en el trabajo el adelanto en los vicios, las llamas del infierno que nos hacen verter mares de llantos.

En la ignorancia, el espanto averno, en el hombre más bueno, el mejor santo adorado de Dios la omnipotencia. En el sagrado altar de la conciencia. ¡La conciencia es el cielo en que creemos! ¡La conciencia es el cielo que esperamos! Según las perfecciones que alcanzamos. No un cielo sino mil y mil soñamos, mas no donde alabanzas entonemos que él límite del bien nunca fijamos, ni se debe fijar el infinito, ¿Podrá tener un límite prescrito? Ese cielo de mágicos colores, cataratas de luz y armonía, vergel divino de inmarchita flor, donde no acaban los hermosos días; ese Dios que entre eternos resplandores vive en unión de santas jerarquías; ese no hay más allá del fanatismo ¿A los pueblos que ha dado?

¡Oscurantismo! ¡Y nosotros queremos el progreso! ¡Queremos la verdad! ¡La luz! ¡La vida! ¡Queremos la razón!…que para eso nos la dieron por punto de partida. Que es el materialismo un retroceso no podemos dudarlo; es la caída en el más hondo y tenebroso abismo: en el indiferente escepticismo. ¡Y al hombre le hace falta una creencia! ¡Necesita esperar en un mañana! Sin la fe es un letargo la existencia. ¡Despierta de tu sueño, raza humana! Engrandece la esfera de tu ciencia, sin proclamarte nunca soberana; que el hombre en este gran laboratorio, es más pequeño aún que el infusorio.

Cuando en su falsa ciencia se envanece y dice: ¡Para mí nada hay oculto! ¡Yo sé que el sepulcro desaparece! ¡El alma del anciano y del adulto! ¡Yo sé que el árbol muerto no florece! Por esto mi esperanza la sepultó, en el caos del no ser ¡Todo es mentira! ¡Todo concluye cuando el hombre espira! ¡Todo renace, locos pesimistas!… ¡Todo recobra vida y movimiento!… Y vuestra negación, ¡Materialistas! Es torre que le falta los cimientos.

Estudiad las teorías espiritistas, comentad sus profundos argumentos, y si queréis pensar… os aseguro que encontraréis la vida en el futuro. ¡La vida! Que a torrentes se desata, demostrando en los soles su grandeza. ¡La vida! Que en hirviente catarata, se derrama en la gran naturaleza. ¡La vida! Que en los mundos aclimata, floridas plantas de sin par belleza.

¡La vida universal! ¡Vida infinita! ¡Vida que la razón la necesita! La necesita, sí; no concebimos de que puede morir la inteligencia; ¡Si del eterno vida recibimos! ¡Eterna debe ser nuestra existencia! ¡Sabemos, porqué somos, porqué fuimos! Nuestra misma razón es la evidencia, que el claro Sol en nuestra mente arde. ¡Para ese nunca llegara la tarde! ¡Escuela materialista! Por ser la ciencia tu escudo, hoy yo te saludo en nombre de la escuela espiritista.

Amalia Domingo Soler
Extraído del libro “La Luz que nos guías”

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