El siglo XXI llego. ¿La ley de talión finalmente se fue?

En estos tiempos de modernidad, cuando todo se renueva y se transforma, hábitos, costumbres y conceptos del pasado, encuentran cada vez menos espacio para debates. Hay incluso cierta aversión generalizada por las tradiciones, practicas e ideas antiguas. Todo tiene que ser actual, nuevo, tecnológico, mente abierta para las innovaciones. Hablar del pasado es “out”, “in” es hablar de lo moderno. Hoy en día, de modo general no se sabe quién fue este tal “talión”. Así, la primera información de interés para todos nosotros es que “talión” no fue una persona, es una palabra oriunda del latín “talionis” que significa tal, igual, de tal tipo, por eso no se escribe con letra mayúscula.

También conocida por pena de talión, sugiere de esta forma una pena al infractor, semejante, parejo, tal cual al perjuicio de aquel que se sintió perjudicado. Se relacionaba a las cuestiones del delito y de su correspondiente castigo. Es vista por muchos como cruel y barbará, extemporánea, pero existía como un precepto moral con aplicación civil. Aunque de carácter divino, podía ser y era empleada por los hombres. Entretanto, esta antiquísima ley, de casi cuatro milenios, continua siendo usada a todo momento, para sorpresa y espanto de muchos, siempre que es necesario, bajo ciertas condiciones, es verdad. Entretanto, ahora no debería ser aplicada más por los hombres. Dice nuestra historia que esta máxima ya constaba de un antiguo código de leyes, elaborado en Mesopotamia, en el reino de Babilonia, llamado Código de Hamurabi ( siglo XVIII a .C)

Es también el conocido principio del ojo por ojo, diente por diente de Moisés, un concepto de hecho para disciplinar. Hay una discusión en la Historia si Moisés se habría inspirado en el Código de Hamurabi, o si propuso esta ley para el pueblo judío espontáneamente, tal vez inspirado. Esa cuestión, de momento, es de poca relevancia para nuestro abordaje. Lo que nos interesa de inmediato, es mostrar que esta ley aún existe, determinar quién tiene autoridad para aplicarla y en que circunstancia. La introducción de este principio en las leyes de la Humanidad busco establecer una primera moción de justicia en las relaciones sociales, visto que, en el pasado, el cobro de la deuda, fuese cual fuese, era desmedida, alcanzaba al deudor de un modo desproporcionado al daño causado, extrapola el derecho de resarcimiento de la posible pérdida. Los fuertes superan a los débiles. Entonces, en tiempos bárbaros, la propuesta de una ley que señalase con visión más ecuánime de la justicia fue una regalo para las sociedades de la época, un verdadero avance moral. Intentó reducir las cuestiones jurídicas, de modo que no incentivase la venganza, impidiendo que el castigo fuese mayor que el propio delito, o sea, se debía pagar, pero con la misma moneda.

Los tiempos pasaban, y llegó a la Tierra el Espíritu puro por excelencia: Jesús, el Cristo. ¿Qué hace Jesús en relación a esta ley? ¿Derogarla? ¿Dictamina su fin? ¿Decreta su nulidad como ley de Dios? No, muy al contrario, ratifica el principio, al decir: “Quien con la espada hiere con la espada será herido” en aquel inolvidable momento en que, traicionado, estaba para ser preso, cuando Pedro, para defenderlo, desenvaina la espada y, con un golpe certero, hiere Malco, el siervo del sumo sacerdote que estaba para dar cumplimiento al hecho que predijo Jesús. (Mateo, 26:52) Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. (Mateo, 5:38 al 41) Propone de ese modo, una actitud revolucionaria para la época, la cual aún nos desafía, sugiriendo que el ofendido desistiese de cualquier represalia por venganza, no pagando el mal con el mal, sino con el bien. Realmente, otro avance moral para aquellos Espíritus poco acostumbrados al perdón. Con todo, con la imagen de la espada hiriendo a aquel que con el hiere, no descartó la existencia del ojo por ojo. Pero una vez que los tiempos pasan, y llega el momento de una nueva revelación para la Humanidad: el adviento de la Doctrina de los Espíritus.

Visitando apenas las páginas de las obras básicas, encontramos varias citaciones, entre otras, sobre la existencia de la Ley de talión: El libro de los Espíritus, cuestión 746; El evangelio según el espiritismo, cap. VIII, ítems 16 y 21; La génesis, cap. XI, ítem 34; El cielo y el infierno, segunda parte, cap. VIII. Excepto El libro de los médiums, todas las otras obras citan directamente la ley, indicando que debe estar viva, presente por lo menos hasta el siglo XIX, época en que fue consolidada la Doctrina Espirita. Entretanto, como la Doctrina vino para quedar con nosotros, la ley en principio también debe permanecer. ¿Sería sorpresa encontrar esta ley consagrada en los textos espiritas? De modo alguno, visto que es el propio Allan Kardec que, en La génesis, capítulo I, ítem 56, afirma en más de un momento de extrema lucidez espiritual: La moral que los Espíritus enseñan es la del Cristo, por la razón de que no hay otra mejor. Ahora, si Jesús no suprimió la Ley de talión, el Espiritismo tampoco podría hacerlo.

Se cerró el ciclo de revelaciones: Moisés, Jesús y el Espiritismo, y en todas las tres el mismo concepto confirmado, la misma propuesta de una justicia más “justa” ¿Podrá ser diferente ¡Respondemos que no! Leyes de Dios, como están, no son de corta duración. Deben tener vigor mientras el hombre no aprende y no entiende como portarse dentro del organismo social en que vive. Tales leyes deben existir en cuanto el Espirita, aun tímido en sus avances morales, no acepta los principios de otra ley divina: la del Amor, principios estos que existen para ser ejercitados continuamente, bajo pena de, no cumplirlos, ser sorprendido por “ojo por ojo”.

La ley está en vigor hasta que nos concienticemos de que no se puede herir con la espada impunemente, sin consecuencias graves para sí y para su jornada evolutiva. Se concluye que la ley existe, incluso en los días actuales, y existirá por mucho tiempo. ¿Con todo, quien tendría el derecho moral de aplicarla? ¿Seriamos nosotros, Espíritus aun en evolución? ¿Serían los Espíritus puros que ya hacen la voluntad del Padre? No, ni unos ni otros. Quien aplica la Ley de talión es el propio Dios, a través de la reencarnación, por ejemplo, pues al final fue Él que la formuló. No es la ley humana. ¿Pero en qué condiciones aplicarla? Registrada en la literatura universal, particularmente en el Nuevo Testamento, hay otra ley de Dios que dice: “Pero, sobre todo, tener ardiente caridad unos para con los otros, porque la caridad cubrirá la multitud de pecados” (I Pedro, 4:8). Se cerró otro ciclo. Dios permitió que fuese presentada en el pasado su Ley de talión, permitió también que los hombres la aplicasen, pero en el transcurso del tiempo presento otra ley informando que todo aquel que ama podrá acogerse a la aplicación de la primera.

¡Cuánta belleza en la creación! Advertencia y ecuanimidad en la primera ley, misericordia y salvación en la segunda. Así, Pedro, el mismo que fue advertido de que si hería con la espada seria herido, registro en su epístola este tesoro de enseñanzas que dejo Jesús en Lucas (7:47). Y ahí están las condiciones en que siempre se aplicó la Ley de talión. Toda vez que pecamos, y es oportuno definir el pecado en la visión espirita como en toda y cualquier transgresión a las leyes de Dios, y no reparamos por el ejercicio del Amor, los perjuicios causados al prójimo por nuestros actos inconsecuentes, aunque queramos continuar hiriendo con la espada, Dios, en su infinita bondad y sabiduría, nos hace pasar por la espada, no para castigarnos, sino para educarnos e impedir futuros delitos. Muestra que todos somos hermanos y que un hermano no debe ofender a otro hermano sin que le sean pedidas cuentas de su actos. Por la segunda ley, la del Amor, estas cuentas pueden ser plenamente sanadas, sin que precisemos pasar por el filo de la espada.

Cabe recordar que muchos de nosotros, ahora más conscientes, sinceramente arrepentidos, solicitamos la pena del ojo por ojo antes de reencarnar, promoviendo de esta forma, simultáneamente, la retirada rápida de la falta y aceleración de nuestro progreso. Si, el siglo XXI llego con nuevas esperanzas de un mundo mejor y de una sociedad más justa. Y, si deseamos este mundo nuevo de regeneración, recordemos siempre de Pedro y guardemos igualmente en nuestro corazones la superior propuesta de Jesús, que recomienda retribuir el mal con el bien, perdonando y nada más, dejando que las sabias y educativas leyes de Dios, encuentren de acuerdo con el ojo por ojo, donde y cuando se hiciera necesario, y en cuanto durara la dureza en nuestro corazones.

Rogerio Miguez
Revista “Reformador” Abril 2013
Traducido por Jacob

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