El viejo de la bicicleta

Todos los domingos por la mañana veíamos un viejito en la puerta de la Federación Espírita del Estado de Goiás. Se quedaba allí, buscando conversación con uno y con otro. De hablar y de ropas simples, denotaba ser persona de pocos recursos financieros, pero su conversación agradable garantizaba la posesión de una noble personalidad, cultivada a lo largo de su existencia.

Cierto día, lo confundieron con un mendigo, y le sugirieron que buscase al personal de Promoción social de la Casa Espírita, él gentilmente mostró una sonrisa jovial y dijo:

– Gracias , pero yo no los necesito.

¿Quién era, de dónde vino, y que hacía allí en la Federación todas las mañanas del domingo? Un día vi al viejito en una bicicleta ya bastante gastada llevando en el cuadro a una criatura de aproximadamente 10 años. Al domingo siguiente le pregunté a él, amenamente, y él me explicó que aquel niño era uno de sus dos nietos, que criaba y que traía todos los domingos a la Federación para la Clase de Evangelización.

– ¿Dónde vive Señor ?

– Allá por el campo de fútbol de Goiás, respondió sonriendo.

– ¿Y cómo hace para traer a los dos nietitos ?

– Ah, traigo uno de ellos por vez. Cuando ellos era pequeñitos daba para llevarlos a los dos a “camello” … Pero ahora que ellos están tan “grandulotes”, necesito hacer dos viajes.

– ¿Y no se cansa ?

– ¿Uff, los médicos no le dicen que la gente tiene que martillar? Cuando yo vengo para acá paso por un grupo de personas que “están haciendo una ejercitación grupal”. Considero que estoy haciendo gimnasia al igual que ellos, pero con una diferencia: mis nietos vienen a aprender para ser personas de Bien. Y cuando llegamos a nuestra casa ellos me cuentan lo que escucharon aquí. Así, veo como están aprendiendo y además convivo con ellos.

Sonriendo, empujó el codo contra mi brazo y dijo:

– En vez de pagar la academia para hacer gimnasia, yo llevo a mis nietos en la bicicleta y gano una clase de gracia …

Me quedé allí admirando a aquel hombre de poca cultura libresca, pero de alma y sabiduría inmensas, bendiciendo la existencia de la Evangelización Espírita y su enorme importancia.

Caucir de Sá Roriz

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