Hemorragia espiritual

Sentía debilidad. Más que eso, cansancio. Dolores en las piernas, inapetencia. Voluntad irresistible de amontonarse en un rincón, descansar.

Fui al médico.

El examen de sangre reveló la causa: anemia. Otras pruebas encontraron el origen: imperceptible y persistente hemorragia intestinal, producida por una ulcera indolora. Por allí se derramaba su vitalidad. Algo semejante ocurre con la victima de la obsesión simple.

Asimilando las sugestiones del obsesor relacionadas con la salud, los negocios, los sentimientos o envolviendo problemas existenciales, el obsediado pasa a obrar bajo fuerte tensión, perdiendo energías como si sufriese una insidiosa hemorragia espiritual. Por otro lado, hay Espíritus presos a las impresiones de la vida material que literalmente absorben las energías de sus víctimas con el propósito de revitalizarse, recordando la fantasía del vampiro chupador de sangre popularizada por el cine.

Resultado:

Agotamiento nervioso, caracterizado por palpitaciones, angustia, dificultad de concentración, desanimo. El obsediado experimenta la sensación de cargar sobre los hombros los males del Mundo.
Alguien informa: ¡Es un espíritu! Busca un Centro Espirita.

Definición equivocada. El obsesor no está “reclinado” en su víctima. Solo presiona su psiquismo por el pensamiento, explotando sus debilidades.

Orientación correcta. En el Centro Espirita hay amplios recursos que pueden ser movilizados en favor del obsediado.

La obsesión simple se origina, no es raro, en la influencia ejercida por Espíritus que no intentan perjudicar. Perplejos en el Más Allá, recién llegados de las luchas humanas, se aferran a las personas con las cuales tienen afinidad, particularmente familiares, imponiéndoles el reflejo de sus desajustes.

Sustentan, así, lo que podríamos denominar “obsesión pacífica”. Acompañando al “aferrado” son beneficiados en el Centro Espirita, donde hay charlas en las reuniones públicas o son encaminados a las reuniones mediúmnicas que funcionan a la manera de emergencias, deshaciéndose la unión. Por esa razón escuchamos frecuentemente comentarios así:

– Yo me sentía mal cuando fui al Centro. Ideas infelices, horrible sensación de opresión. Ahora estoy mucho mejor. Fue como si me lo quitasen de golpe.

Richard Simonetti
Del libro “¿Quién tiene miedo de la obsesión?
Traducido por R Bertolinni.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.