Muy simple

Nos parece que Kardec emplea la expresión simple, al anunciar el primer tipo de obsesión, para situarlo como algo común, frecuente, que pocas personas se libran, como ocurre con determinadas indisposiciones orgánicas.

En cuanto a sus consecuencias, se distancian de la simplicidad, asumiendo, no es raro, proporciones devastadoras. Podemos usar aquel adjetivo también para caracterizar la estrategia de los obsesores. Ellos simplemente entran en la mente de la víctima, por los conductos de la mediúmnidad, sugiriendo pensamientos que miran acentuar sus preocupaciones, fobias, dudas, temores.

Resultado: una extrema excitación que desajusta los centros nerviosos. Eso no solo amenaza su estabilidad física y psíquica, como también la lleva a adoptar una conducta irregular, ridícula, disparatada.

¿Como consiguen realizar semejante proeza los asaltantes del más allá?

Es sencillo: Apenas explotan las deficiencias morales de la víctima, a fin de someterla a la tensión y precipitarla al desajuste. Cuanto más largo consigan llevar ese proceso, más amplio será su dominio. Cuanto más el obsediado se rinda a sus sugestiones, más liado estará.

Aproximándose a un comerciante el obsesor se infiltra en su mente con dudas así:

“¿Cerró la puerta del establecimiento?”

“¿El dinero del día fue debidamente cerrado en la caja?”

“¿Apagó la luz?”

“¿Comprobó las ventanas?”

Rindiéndose a las primeras sugestiones, que luego serán seguidas de otras, permanentemente, el comerciante en breve estará repitiendo interminables cuidados y verificaciones. Conducta irregular, absurda, él sabe de eso, pero no consigue evitarlo, ya que está siendo explotada su gran fijación: el apego a los bienes materiales. Si los intereses del comerciante fuesen menos comprometidos con la avaricia; si sus motivaciones girasen en torno de temas más edificantes, aquellos ideales nunca serían asimiladas. No habría ni sintonía ni receptividad por ellas.
Importante destacar que el obsesor solamente consigue sembrar la obsesión en el campo fértil formado por el objeto de nuestros pensamientos, de nuestros deseos, cuando exacerbados. Por eso, la obsesión simple comienza generalmente como simple auto-obsesión. Nos agarramos a ideas infelices y acabamos envueltos con perseguidores invisibles que acentúan nuestra infelicidad.

Richard Simonetti
Del libro “¿Quién tiene miedo de la obsesión?
Traducido por R Bertolinni.

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