Vida y valores (Incentivar en la educación)

Es tan importante pensar en nuestros hijos que, cuando imaginamos esa oportunidad que Dios nos da para recibirlos en nuestros brazos, nos sentimos profundamente emocionados, nos quedamos imaginando la belleza de la maternidad, y la bendición que las mujeres sienten en sus vidas, cuando tienen oportunidad de dar a luz un hijo.

Los hijos son tan importantes para nosotros que nos quedamos pensando en lo que sería del hombre sin la oportunidad de ser padre, de acoger en los brazos a un hijo y tener esa certeza de que nuestros hijos, en verdad, son nuestros hermanos. Si, ellos son nuestros hermanos, porque todos somos hijos de Dios, hijos del gran Padre. ¿Y cuál es la razón por la cual el Creador los confía a nosotros? Porque tanto nosotros como ellos necesitamos de aprendizaje, de crecimiento, en busca de la felicidad, en busca de ese ideal de perfeccionamiento que la vida en la Tierra nos concede. Es por ese motivo que, cuando un matrimonio tiene que lidiar con un hijo, con dos, con tres o más, son dos profesores delante de varios alumnos. Son varios alumnos lidiando con los mismos profesores. Cada padre va entendiendo que los hijos son diferentes.

Al principio, se imaginaba que podríamos criar todos los hijos de la misma manera, darles la misma orientación, la misma educación. Algunos padres llegan a decir que no saben porque hubo problemas con sus hijos, una vez que dieron a todos la misma educación. Está exactamente ahí el fenómeno del habla, porque si son individuos diferentes, si son Espíritus diferentes, ¿cómo vamos a dar a todos ellos la misma educación? Tenemos que tener el mismo patrón de comportamiento ético, moral, con nuestros hijos, pero sabiendo que cada uno de ellos precisa de un espectro educacional diferente, una estructura educacional diferente.

Hay hijos para los cuales nosotros hablamos una vez y ellos entienden para siempre. Hay otros que tenemos que hablar muchas veces la misma cosa para que ellos demuestren comprendernos y aquellos los cuales hablamos la vida entera, y ellos muestran que no consiguen entender y ni entendernos. De ese modo, se vuelve muy válido que entablemos un contacto con la educación, de tal manera que pasemos a incentivar a nuestros hijos en ese proceso de elaboración de ellos mismos para la vida, una vez que educar se refiere a un proceso bastante sutil, bastante profundo, lento. Educar significa aprender a extraer de la educación aquello que él tiene, aquello que él es, sus valores, hacer una diagnosis, diríamos así, de la condición de nuestro hijo.

Todas las veces que lo hacemos, percibimos aquello en que ellos ya están bien, aquello que ellos ya saben, aquello que ya consiguen realizar con facilidad y las cosas para las cuales ellos aún tienen dificultades. Solamente cuando notamos las cosas en las cuales nuestros hijos ya están seguros, las cosas en que ellos son frágiles y aquellas en que ellos están bien y que nosotros conseguimos elaborar un proyecto educacional para ellos. Cada hijo es un hijo de manera diferente. Nos cabe a nosotros, los padres lidiar con ellos, mejorando ese proceso educativo y dándoles incentivos para que ellos les gusten ese proceso educativo. Enseñar, por ejemplo, a leer. Aunque sean padres analfabetos, comprar para ellos las cartillas, los libros, el álbum, los comics, las revistas infantiles, para que ellos tengan ganas de leer. Aprender a contar para ellos las historias, los cuentos, hacerlos participar del cuento, integrarlos a la historia va a darles, sin duda alguna, incentivo para ese proceso de lectura. Mostrarles cómo es que, a través de la lectura, nosotros podemos viajar, nosotros podemos conocer otros lugares, otros mundos, otras realidades, otras culturas, sin salir de casa, leyendo. Entonces nos cabe pensar en esa oportunidad de incentivar a nuestros hijos a la educación, al crecimiento por la lectura, por ejemplo. Y natural es que a partir de la lectura, ellos pasen a gustarles estudiar, a profundizar la lectura. El estudio es una forma de profundizarse en la lectura. Y nosotros estaremos contribuyendo para que ese proceso avance cada vez más.

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Cuando estamos hablando de ese incentivo que debemos dar a los hijos, en el proceso de educación, nos cabe saber cómo es importante incentivar las cosas que ellos hagan. Entonces, los niños traen papeles en que ellos hicieron garabatos, en que ellos escribieron nombres, hicieron sus diseños, vale la pena incentivarles, que les miremos. ¡Muy bien, hijo mío! ¡Qué bonito! ¡Está quedando bien! ¡Va a estar mejor! Vale la pena, cuando ellos nos traigan las lecciones de la escuela, aunque sean del Jardín (de infancia), para hacer en casa, que participemos con ellos, que digamos que está bien, que es bonito, ayudemos a corregir aquí o allí, incentivando.

Hay muchos padres que insisten en decir que sus hijos no hacen más que su obligación. Ellos insisten en decir eso porque aún no se sensibilizaron para la importancia de incentivar a los hijos para el estudio, para la lectura, en las mínimas cosas que ellos presenten. Sabemos que son cosas simples, lo que hacen muchas veces los niños, pero para ellos son cosas tan importantes. Vale la pena animarles. A veces, delante de nuestro adolescente, en aquella fase tozuda del adolescencia, en aquella fase en que el cobra todo, en aquel periodo en que para él nada está bien, en que él desea tantas cosas, dominar el mundo y dar más atención a sus amigos, a la diversión, a los juegos, cabe a los padre estar con ellos, orientándolos, junto a ellos, mostrando lo que ellos ya consiguieron superar eso o aquello. Si vamos a asistir a un partido, un partido de futbol, al tenis, o lo que sea en que ellos estuvieran participando, tratar de animarlos, aunque nosotros notemos que nuestro hijo es un mal jugador. Pero le gusta el futbol. Hijo mío, tú puedes mejorar, tú tienes mucho que mejorar. Y eso va ayudando a nuestro hijo a elaborarse, mostrar que él es capaz.

Nunca decir que él es ignorante, que él es incapaz, que él nunca aprenderá, que ella es estulta, que ella es ignorante. Todas esas expresiones se van delineando en lo imaginario del joven que, a veces, no entendiendo bien lo que la palabra quiere decir, capta la carga de energía negativa con que esa palabra haya sido dicha. Y esa carga negativa es la que va a pesar sobre el alma de ese individuo. Mi padre, un día, me dijo tal cosa, mi madre habló tal cosa. Y como para los niños su padre no miente, su madre no miente, eso pasa a ser verdad, a constituir una verdad en su intimidad psicológica.

Hay tantos problemas causados en la vida de la persona adulta por los traumas de la infancia. De ahí entonces vale la pena incentivar, aunque sean cosas simples. Incentivar a la educación. Llevarlos a museos, a teatros, a salas de exposición, a asistir a un show de un buen cantante, de un buen músico. Hacerles que les guste la música, colocando en el coche, colocando en casa, aun mismo, cuando ellos digan que es música hortera, que es una música anticuada, o música de viejos.

Nosotros vamos destacando con ellos la belleza de la armonía. La juventud le gusta mucho la armonía de sonidos. No vamos a decir que ellos les tienen que gustar nuestra música, de la música que a nosotros nos gusta, de la música de nuestro tiempo. Vamos a destacar la armonía y, si es posible, hacer comparaciones así: Mira como esa armonía es la misma por John Lennon. Es la misma tomada por el artista tal o cual. Nota la belleza de esto. Y nuestros hijos, que están bien sintonizados, van a prestar atención.

Teatro, balé, danza clásica o popular, baile de salón. Como es importante incentivar la educación de nuestros hijos, la educación de nuestros niños, a partir de esa valorización que damos a las cosas que ellos hacen, trayéndolos para la posibilidad de hacer nuevas cosas. A partir de eso, nosotros veremos como la educación no exige de nosotros cualquier diploma académico. No necesitamos ser doctores, ser universitarios, haber hecho cursos superiores, para educar a los hijos. Educar es verificar lo que ellos cargan, lo que ellos ya traen en sí y de acuerdo con ese bagaje que ya traen en sí, sabremos si es importante reforzar ese bagaje por ser buena, si será necesario corregir ese bagaje, por no ser necesaria que ella se presente en su vida, o si necesitaremos apagarla definitivamente.

Cabrá entonces a los padres unidos a la felicidad de sus hijos y no solo al éxito de sus hijos, cuidar de ese incentivo a la educación. No haber pena alguna de gastar con ellos, cuando se trate de educación. No tener pena de gastar tiempo con ellos, lo que no será jamás perder el tiempo. Y poco a poco, persistentemente, nosotros los reconduciremos para Dios, como es la propuesta de Jesús al decirnos, que no debemos impedir que los pequeños lleguen hasta Él. Nuestros hijos entonces crecerán educados, apasionados por lo hayamos hecho

Raúl Teixeria

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 106, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em agosto de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 25 de maio de 2008. Disponível no DVD Vida e Valores, v. 3, ed. Fep. Em 04.01.2010. Traducido por Jacob

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