Guardián y el diablo – Luz Espiritual

Guardián y el diablo

Según la tradición religiosa, ángeles son seres incorpóreos e inmateriales, puros de Espíritus que actúan como emisarios divinos.

Guardián es el simpático ángel guardián, aquel que todo ser humano tiene a coste odiarlo, ofreciéndole amparo y protección. Pero hay también el ángel malo, el diablo, rebelado contra el Creador que, obstinado, intenta nuestra perdición. Vernos en tormentos eternos sería su más gloriosa realización. Aparentemente este diablo, es más astuto y capaz que el benevolente hermano. Basta observar cómo se diseminan fácilmente en la sociedad terrestre la ambición, la deshonestidad, el vicio, la mentira, la violencia y tantos otros males que hacen la confusión del Mundo.

El tiempo desgastó esas ideas. Ellas servirán a los intereses del pasado, pero no atienden a la racionalidad del presente cuando, antes de creer, el Hombre piensa comprender.
Imposible aceptar un Dios de misericordia infinita, como revela Jesús, que no ofrezca infinitas oportunidades de rehabilitación para los demonios y sus víctimas.

¿Como puede el Padre amoroso de la expresión evangélica confinar a sus hijos en grotesco e irremediable infierno, que es contraria la dinámica evolutiva del Universo?

Admitamos que así sea. Que existan ángeles y demonios disputándose nuestra Alma.

¿Cómo se establece la comunicación entre ellos y nosotros? ¿Cómo asimilamos su influencia?

Forzosamente hay un mecanismo distinto de la palabra escrita y hablada. Son seres espirituales obrando sobre individuos de carne y hueso.

Inútil especular al respecto del asunto, encaminándose por el terreno engañoso de la fantasía. Imperioso pesquisar, a partir del elemento visible, aquel que sufre la influencia. Es lo que hace la Doctrina Espirita, demostrando la existencia de la Mediúmnidad, el sexto sentido, que nos permite contactar con el Mundo Espiritual, así como el tacto, el paladar, la audición, la visión y el olfato nos colocan en contacto con el mundo físico.

El Espiritismo va más allá.

Sometiendo el fenómeno mediúmnico a rigurosos métodos de experimentación, lo que le permite superar mitos y supersticiones, demuestra que ángeles y demonios son solo hombres desencarnados, las Almas de los muertos, actuando de conformidad con sus tendencias. Son regidos, entretanto, por leyes divinas que más temprano o más tarde nos conducirán a todos a la perfección. Ese es el objetivo de Dios que, como enseñaba Jesús, no quiere perder a ninguno de sus hijos. Y no pierde a ninguno. Si perdiese a alguno, no seria Omnipotente.

Richard Simonetti
Del libro “¿Quién tiene miedo de la obsesión?
Traducido por R Bertolinni.

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