La presencia de la nube – Luz Espiritual

La presencia de la nube

Causa rareza a aquellos que no están familiarizados con la Doctrina Espirita la pregunta nº 459 de “El libro de los Espíritus”:

¿Influyen los Espíritus sobre nuestros actos y pensamientos?

– A ese respecto su influjo es mayor de lo que creéis, porque con sobrada frecuencia son ellos los que os dirigen.

¿Viviremos rodeados de tantos Espíritus, dotados de poderes que los habilitan a condicionar nuestro comportamiento?

Pues es exactamente lo que ocurre. No se trata de una mera especulación. Mucho menos de mentira. Sobre todo, no es novedad.

Desde las culturas más remotas vemos personas con influencias espirituales. De eso nos da cuenta el folclore de todas las culturas. La riquísima mitología griega, poblada de dioses pasionales que conviven con los hombres, interfiriendo frecuentemente en los destinos humanos, es un ejemplo típico.

Los textos evangélicos revelan que Jesús conversaba frecuentemente con los Espíritus, apartando los llamados impuros de sus víctimas.

– ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? – está es la reclamación de un perseguidor espiritual antes de ser apartado de su víctima, conforme relata Lucas (4:31 al 37).

Y comenta el evangelista:

Todos quedaron grandemente admirados y comentaban entre sí, diciendo:

¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder, manda a los espíritus inmundos, y salen?

En la primitiva comunidad cristiana los discípulos de Jesús realizaban idéntico trabajo, como podemos ver en en el capítulo 5º versículo 16, del libro “Hechos de los Apóstoles”:

“Y aun de las ciudades vecinas concurrían multitudes a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran sanados.”

La duda en cuanto a esa influencia nace de la errónea concepción de que el mundo espiritual, la morada de los Espíritus, está situado en una región distante de la Tierra e inaccesible a los pensamientos humanos, cuando él es solamente una proyección del plano físico. Comienza exactamente dónde estamos. Así, permanecen junto a nosotros aquellos que, liberándose de la carne por el fenómeno de la muerte, permanecen presos a los intereses del inmediatismo terrestre. Y gravitan en torno a los hombres, obedeciendo a las más variadas motivaciones:

Viciados procuran satisfacer el vicio. Victimas intentan vengarse de sus verdugos. Usureros defienden el oro amonedado. Ambiciosos pretenden sustentar dominación. Fugitivos de la luz trabajan en favor de las sombras. Hambrientos del sexo vampirizan sexólatras. Genios de la maldad siembran confusión. Alienados de la realidad espiritual perturban a familiares. Es toda una inmensa población invisible que nos acompaña e influencian, recordando la observación del apóstol Pablo, en la Epístola a los hebreos (12:1), según el cual somos rodeados por una nube de testimonios.

Mucho más que simplemente presenciar nuestras acciones, nos transforman, no es raro, en instrumentos de sus deseos, manipulándonos como si fuésemos marionetas.

Richard Simonetti
Del libro “¿Quién tiene miedo de la obsesión?
Traducido por R Bertolinni.

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