La esperanza

Yo me llamo la Esperanza; sonrío a vuestra entrada en la vida; yo os sigo paso a paso, y no os dejo sino en los mundos donde se realizan, para vosotros, las promesas de felicidad que oís, sin cesar, murmurar a vuestros oídos. Yo soy vuestra fiel amiga; no rechacéis mis inspiraciones: yo soy la Esperanza.

Soy yo quien canta por la voz del ruiseñor y que lanza a los ecos de las florestas esas notas de lamento y cadenciosas que os hacen soñar con los cielos: soy yo quien inspira a la golondrina el deseo de calentar sus amores al abrigo de vuestras moradas; yo juego en la brisa leve que acaricia vuestros cabellos; yo derramo a vuestros pies los perfumes suaves de las flores de vuestros canteros, ¡y es con dificultad que dais un pensamiento a esta amiga que os es tan dedicada! No la repeléis: es la Esperanza.

Yo tomo todas las formas para aproximarme de vosotros: yo soy la estrella que brilla en lo azul, el caliente rayo de sol que os anima; embalo vuestras noches de sueños risueños; expulso lejos de vosotros la negra inquetación y los pensamientos sombríos; guío vuestros pasos para el camino de la virtud; os acompaño en vuestras visitas a los pobres, a los afligidos, a los moribundos y os inspiro las palabras afectuosas que consuelan; no me repeléis: yo soy la Esperanza.

¡Yo soy la Esperanza! soy yo quien, en el invierno, hace crecer sobre la llaga de los robles los musgos espesos de los cuales los pequeños pájaros construyen su nido; soy yo quien, en la primavera, coronó el manzano y el almendro de sus flores blancas y rosas, y las derramó sobre la tierra como un juncal celeste que hace aspirar a los mundos felices; estoy sobre todo con vosotros cuando sois pobres y sufridores; mi voz resuena, sin cesar, en vuestros oídos; no me repeláis: yo soy la Esperanza.

No me repeléis, porque el ángel del desespero me hace una guerra obstinada y se agota en vanos esfuerzos para sustituirme junto a vosotros; no soy siempre la más fuerte y, cuando él llega a apartarme, os envuelve con sus alas fúnebres, desvía vuestros pensamientos de Dios y os conduce al suicidio; uníos a mí para apartar su funesta influencia y dejaros embalar dulcemente en mis brazos, porque yo soy la Esperanza.

Felicia

Hija del médium

Revista Espiritista nº 2 – Año IV

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba