Vida y valores (La luz eléctrica)

Fue un sueño, desde hace mucho tiempo adormecido, eso del hombre que puede vivir en un ambiente iluminado. Ese sueño fue motivo de múltiples experiencias de un americano notable llamado Thomas Alva Edison. El 1828 Thomas Alva Edison, consiguió por primera vez, la lámpara eléctrica de filamento. Pero la lámpara tenía un filamento de carbón. No es difícil imaginar su pequeña durabilidad. A partir del momento en que la criatura humana conseguía ese hecho, a partir de Thomas Alva Edison, todo se modificó en la sociedad.

Cincuenta años después, Joseph Swan patentó la lámpara incandescente y ella pasó a ser industrializada, mandada por todas las partes del mundo. Surgieron fábricas, en todas las partes del mundo y, con esto, el mundo se transformó. Es inconcebible hoy, para nuestra mentalidad, un mundo sin luz eléctrica.

Nos quedamos pensando lo que sería una casa iluminada por velas, por candelabros, por velas. Hoy vemos en eso un toque romántico, una cena a la luz de las velas. Con todo, vivir una vida entera teniendo que leer, hacer los servicios domésticos, cuidar enfermos, coser utilizándose de velas, de cirios, de lampiones, de lamparitas… ¡Inconcebible!

En este mundo de hoy, en la era de la informática, cuando se pulsan botones y se encienden ciudades enteras, imaginemos al principio del siglo XIX, cuando surgió la gran invención de Thomas Edison. Cuando pensamos en la luz eléctrica e intentamos imaginar lo que representó para el progreso del mundo, sentimos, en el fondo del alma, una grandísima emoción. Aquel hombre que pensaba que podía conseguir lo que vino por fin a lograr, realizo casi un millar de experimentos. Sus amigos intentaban disuadirlo: Edison, desiste. Al fin y al cabo, hiciste casi ochocientos experimentos y todos salieron mal. Pero Edison, pertinaz, afirmaba: Ahora se las casi ochocientas formas que no son correctas. Debo estar más cerca de mi objetivo. Y estaba en lo cierto Thomas Edison porque luego vendría a encandecer un pequeño trozo de carbón.

Hay inventos en el mundo que son, incontestablemente Divinas, y cuando hablamos de esa posibilidad de iluminar, de hacer luz, la lámpara eléctrica se sitúa en ese nivel de un invento Divino. La naturaleza nos habla de la importancia de la luz porque nos da, a lo largo del día, el brillo solar. Cuando estamos viviendo bajo el brillo del sol, complicado pensar en la noche oscura. Cuando estamos reflexionando sobre la noche oscura, tenemos la oportunidad de pensar en el brillo de la luna y los besitos centelleantes de las estrellas.

La naturaleza Divina nos habla siempre de la luz. Dice el Viejo Testamento, después en el primer versículo del primer capítulo del Génesis: Era todo tinieblas. En el principio, eran las tinieblas y el Espíritu del Señor fluctuaba sobre la faz del abismo. Después de esa narrativa, el biblista coloco: Y el Señor hizo la luz. Hágase la luz. Fiat lux. Y la luz se hizo. La luz, entonces, es el gran mensaje del Creador delante de las tinieblas que aun obnubila la vida humana.

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Más tarde, en el texto del Nuevo Testamento, tenemos la figura emblemática de Jesús de Nazaret. Él se dirige a los discípulos y a la multitud que Lo rodeaba y afirma claramente: Yo soy la luz del mundo. Aquel que me siga, jamás conocerá las tinieblas. Cuando Jesús Cristo dice que Él es la luz del mundo, no podemos y no debemos pensar, que Él sea una luz física. Jesús hablaba de una luz mental, de una claridad espiritual, de algo que viene a traer al mundo para retirarnos de nuestras sombras. Sombras de la ignorancia, noches de maldad, oscuridad de los tormentos. Entonces, Él vendrá como un astro de una estrella de primera magnitud, con ese coraje de decir, en pleno periodo de las sombras: Yo soy la luz del mundo. Pero el Hombre de Nazaret no se estuvo al decirnos que Él es la luz del mundo. Propuso que nosotros también trabajásemos para desarrollar nuestra propia claridad: Brille vuestra luz.

Ahora, si no estamos tratando de oscuridad física, estamos tratando de esa oscuridad espiritual, esas sombras de la ignorancia que toman cuenta de nosotros y hacen que expresemos un temperamento rebelde, cobarde, traicionero. Jesús propone que hagamos brillar nuestra propia luz, porque somos lucigenitos. Somos creados, generados por la luz de Dios. Lucigenitos, generados por la luz. A partir de esa concepción, tenemos el deber de trabajar cuanto nos sea posible para salir de las tinieblas del no saber, del no sentir, del no amar, del no vivir. Todas las veces que imaginamos nuestro brillo personal, nuestra luz interior, comprendemos o juzgamos comprender lo que Jesús Cristo nos quiso transmitir al incentivarnos para que dejemos o para que hagamos brillar nuestra propia luz.

En otro momento, en los textos de Mateo, dice el Celeste Amigo: Cuando tus ojos sean buenos, todo tu cuerpo tendrá luz. Nuestros ojos buenos no son los ojos de la cara. Es nuestra manera de ver las cosas, nuestra visión de mundo, nuestro mirar sobre las personas.

En la medida en que somos misericordiosos, atentos, fraternos para con los otros y sus problemas, es natural que estaremos evolucionando, creciendo en la dirección del Altísimo. Todo nuestro ser espiritual, nuestro cuerpo espiritual, nuestro cuerpo astral brillará. Todo tu cuerpo tendrá luz. Cuando reflexionamos sobre esas enseñanzas del Hombre de Nazaret: Yo soy la luz del mundo; Brille vuestra luz; Cuando tus ojos sean buenos todo tu cuerpo tendrá luz, no podemos olvidar de otra figura grandiosa, en la Historia del Mundo Occidental, la segunda expresión de amor que la Tierra conoció, después de Jesús: Francisco Bernardone. Si, Francisco de Asís. En el momento en que deseaba presentarse al Señor como trabajador legítimo, encorajado por el ideal, en aquella llamada oración simple, el pobre de Asís, dulce cantador de Dios se expresó diciendo: Señor, haz de mí un instrumento de Vuestra paz. Y entre varios ítems: Donde hubiese tinieblas que yo lleve la luz. Todos los grandes genios espirituales del mundo valorizaron la luz. No es de extrañar que el gran Siddhartha Gautama, el gran Buda, es llamado la Luz de Asia. Por eso, cuando Jesús afirma ser la luz del mundo, Él sobrepasa las dimensiones de todas las tierras, de todos los seres y se muestra de hecho como la Luz, Modelo y Guía para todos nosotros.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 204, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em agosto de 2009. Em 25.04.2011. Traducido por Jacob.

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