Vicio alcohólico

Bajo cualquier aspecto considerado, el vicio, ese condicionamiento pernicioso que se impone como una “segunda naturaleza” constrictor y voraz, debe ser combatido sin tregua desde cuando y donde se aloje.

Clasificado por la liviandad de muchos de sus aedos como de pequeño y gran porte, surge como forma de “hábito social” y se instala en currículo de largo tiempo, que termina por deteriorar las reservas morales, anestesiando la razón y resucitando con vigor los instintos primitivos de que se debe el hombre liberar.

Insinuante, al principio perturba los iniciantes y despierta en los más débiles curiosa necesidad de repetición, en la búsqueda engañosa de placeres o emociones inusitados, conforme estridulan los aficionados que padecen su irreversible dependencia.

Aceptado bajo el manto de la impúdica tolerancia, su contagio destructivo supera las más virulentas epidemias, arrasando mayor número de vidas que el cáncer, la tuberculosis, las enfermedades cardiovasculares sumados…

Inclusive, en la estadística obituaria de esas calamidades de la salud, se pueden encontrar como causas preponderantes o predisponentes las matrices de muchos vicios, que se tornaron aceptados y acatados como motivo de destaque y distinción…

Los perjudicados sistemáticos por el vicio se excusan abandonarla, justificándose que el suyo es siempre un simple compromiso de fácil liberación considerando otros de mayor seriedad que, examinados, a su vez, por sus secuaces, se caracterizan, igualmente, como insignificantes.

Hay quien lo relacione como de consecuencia secundaria y de inmediata potencia aniquilante. Obviamente sitúan sus comprensiones, como irrelevantes delante de “tantas cosas peores” … Y argumentan: “antes este”, como si un mal pudiese ser sopesado, valorado y discutidas las ventajas consecuentes de su actuación…

Indiscutiblemente, la ausencia de impulso vicioso en el hombre le da valor y recursos para realizar y disfrutar los elevados objetivos de la vida, que no pueden ser devorados por la burla de las vacuidades.

La vinculación alcohólica, por ejemplo, esclaviza la mente desarmonizándose y envenena el cuerpo deteriorándolo. Tiene inicio a través del aperitivo inocente, como dispensable, que se repite entre sonrisas y se impone como necesidad, realizando la incursión nefasta, que luego se convierte en dominación absoluta, desde que aumenta de volumen en la razón directa en que consume.
Los pretextos surgen y se multiplican para las libaciones: alegrías, frustración, tristeza, esperanza, rebeldía, resentimiento, venganza, olvido… Para unos se convierte en valor, para otros en entusiasmo, invariablemente imponiéndose, dominador incoercible.

Rivalidad para prácticas que la razón repulsa, el alcoholismo hace suponer que sustenta a los débiles, que caen en tales urdiduras, cuando, en verdad, más los debilita y arruina.

No fuesen tan graves, por sí solo, los daños sociales que de él surgen, transformando ciudadanos en parias, jóvenes en curvados ancianos precoces, profesionales de valor en trapos morales, jóvenes y matronas en torpes simulacros humanos, aceptados y detestados, acatados y temidos en los sitios en que se pervierten a camino de la total sujeción, que lleva, cuando se dispone de monedas, a Sanatorios distintos y en contrario, a las cunetas hediondas, en ambos casos avasallados por alienaciones dantescas, culmina en imponer los trágicos suicidios, por cuyas puertas buscan, tales enfermos, soluciones insalvables para los problemas que crearon espontáneamente para sí mismos…

No aconteciendo la caída espectacular en el suicidio, este se da por proceso indirecto, gracias a la sobrecarga destructiva que el alcohólico o simple cultivador del alcoholismo deja sobre el tejido de elaboración divina, que es el cuerpo. Y cuando viene la desencarnación, lo que es también doloroso, no cesa la compulsión viciosa, naciendo dramas imprevisibles del otro lado del túmulo, en que el espíritu irresponsable constata que la muerte no resuelve los problemas ni aniquiló la vida…

En ese capítulo conviene considerar que la desesperada búsqueda del alcohol, u otras sustancias que dilaceran la voluntad, desagregan la personalidad, perturban la mente, puede ser, a veces, inspirada por procesos obsesivos, culminando siempre, pues, por obsesiones infelices, de consecuencias imprevisibles.

A pretexto de conmemoraciones, fiestas, decisiones no te comprometas con el vicio.

El océano es hecho de gotitas y las playas inmensurables de granos.

Libérate del concepto: “solo hoy”, cuando obligado a compromisos perniciosos y no te permitas: “solo un poquito”, ya que, una picada que inyecta veneno letal, aunque sea en pequeñas dosis, produce la muerte inmediata.

Si estás animado por la felicidad, bebe con lucidez.

Si te encuentras visitado por el dolor, enfréntalo, abstemio y fuerte.

Para cualquier cometido que exija decisión, coraje, equilibrio, definición, valor, humildad, estoicismo, resignación recorre a la oración, sumergido, en la reflexión, el pensamiento, y aspira los recursos preciosos para la victoria en cualquier situación, bajo cual sea el impositivo.

Nunca te permitas la asimilación del vicio, en la suposición de que de él te liberarás cuando quieras, pues si los viciados pudiesen hacerlo no estarían bajo esa violenta dominación.

Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”
Traducido por R Bertolinni.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.