Fuera de la caridad no hay salvación

Cuando Allan Kardec utiliza esta frase como máxima filosófica y moral la palabra caridad posee connotaciones mucho más amplias de las que le son reconocidas habitualmente como su significado en el diccionario.

Se suele confundir la caridad con la limosna, la entrega de una pequeña cantidad de dinero o comida a una persona en situación precaria de necesidad, pero esto ocurre porque se ha perdido y olvidado parte de su sentido más profundo.

Tras la muerte de Jesús, sus apóstoles se establecieron en un viejo caserón, en el camino de Jope, donde iniciaron un gran trabajo de asistencia social y a la que llegaron muchos necesitados y enfermos, que al curarse se unían a los predicadores del Cristo, conocidos en sus principios como los hombres del camino. El amor y la compasión con que eran tratados era el principal remedio para sus cuerpos y sus almas. Aquello era caridad y se constituía en un tratamiento integral, completo, para la recuperación de la salud física y espiritual de las personas.

La caridad es algo más que dar limosna, es dar amor al prójimo a través de una ayuda material o emocional, o mejor de ambas a la vez, acción que logra suavizar el sufrimiento y nos hace sentir más cercanos unos de otros superando las barreras sociales. Jesús enseñó a la Humanidad el camino para encontrarse a sí misma y librarse de las ataduras que le impiden ser libre, mostrándonos el amor como terapia y método seguro para conseguirlo. Es en ese sentido que Kardec alude a la caridad, como el sentido de amor sin ataduras, sin esclavitud, sin servidumbre, que debemos aprender a sentir por nosotros, por el prójimo y por Dios.

“La caridad, que es el amor en su expresión más elevada, para ser real exige la iluminación de quien la práctica, posibilitándole, al mismo tiempo, una constante depuración de propósitos que inducen a la abnegación y a la victoria sobre las tendencias primitivas, que permanecen dominantes.

Joanna de Ángelis.

Médium Divaldo Pereira Franco. Libro «Plenitud»

El amor expresado como caridad hacia los demás en todas sus diferentes formas, en nuestras expresiones diarias, mesurando nuestras opiniones, evitando preconceptos, críticas o maledicencias, también como ayuda desinteresada con consejos acertados, apoyo emocional y ayuda material para la subsistencia, suaviza las distancias entre el que ofrece y el que recibe, dignificando al necesitado y elevando al que entrega, beneficiándose ambos de las bendiciones conquistadas por el trabajo continuo de perfeccionamiento espiritual.

Revista «Actualidad Espiritista»

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