Hijo adoptivo

Querida mamá:

Yo sé que tú me recibiste con el alma en fiesta, vestida de sueños y esperanzas.

En momento alguno te pasó por la mente que el hecho de yo no pertenecer a tu carne pudiese alterar nuestro infinito amor.

Yo vengo de regiones ignoradas y de los tiempos inmemoriales de tu pasado, en el cual establecimos estos vínculos de afecto imperecedero….

Fue necesario que ambos nos necesitásemos, en el área de la ternura, impedidos, pues, de nacer uno de la carne del otro, por motivos que nos escapan, a fin de que otra mujer me concibiese, entregándose a ti.

Ella no se dio cuenta de la grandeza de la maternidad; no obstante, le soy reconocido, pues que, sin su contribución, yo no habría recibido este cariño de madre espiritual nostálgica, ni disfrutaría de su convivencia luminosa, gracias a la cual yo me enternezco y soy feliz.

¡Hijo adoptivo!

¡Cuántas veces me golpearon con irritación, utilizando esas palabras!

Su amor, sin embargo, me demostró siempre que la maternidad del corazón es mucho más vigorosa que la del cuerpo.

¿No hay madres que asfixian a los hijos, cuando estos nacen? ¿Y otras, no hay, que ni siquiera los dejan desarrollarse en su vientre, matándolos antes del parto?

Sin embargo, quien adopta, lo hace por amor y se dona por abnegación. De cierto modo, somos todos hijos adoptivos unos de los otros, por el cuerpo o sin él, dado que, la única paternidad verdadera es la que procede de Dios, el Padre Divino que nos creó para la gloria eterna.

Madres de adopción es alma que sustenta otra alma, vida completa que ampara otra vida en desarrollo. Vengo hoy a agradecerte, en mi nombre y en el de aquellos hijos adoptivos que, ingratos y enfermos, pues que también los hay en cantidad, no supieron valorizar los hogares que los recibieron, ni los corazones que se dilaceraron en la cruz espinosa de los sufrimientos en favor de la vida y de la seguridad de ellos.

Recordándome de la Madre de Jesús, que a todos nos adoptó como hijos, en homenaje a

Su hijo, le digo, emocionada y feliz: Dios te bendiga mamá, ¡hoy y siempre!

Amélia Rodrigues
Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”
Traducido por R Bertolinni.

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