Hijos Ajenos

He aquí, rudo y soberbio, que se enfrenta, sin respeto e ingrato, agotándote las reservas de ánimo y dejándote en lamentable estado emocional.

Insensible a tus llamadas e indiferente a tus colocaciones se presenta marcado por profundos traumas de los cuales no tienes culpa, mirada desvariada, pareciendo estar a un paso de la locura, amedrentándote e inspirándote la renuncia del ideal educativo.

Tomando actitud vulgar, sus palabras son groseras o brutales, pasando, a través del tiempo, a desconsiderarte, como si la tuya fuese la tarea de servirlo y dejarlo a la voluntad.

Es gentil, cuando está de acuerdo con sus deseos absurdos, anhelando por una vida ociosa y despreciable. Tan pronto le hablas de deber, obligaciones, se rebela, refunfuña, desobedece y amenaza.

Estás a punto de abandonarlo.

Indagaste, muchas veces, por el niño indefenso y necesitado que recibiste en tus brazos, requiriéndote ternura y amor… ¡A través de los recuerdos vuelves a ver el cuerpo frágil y enfermo que cuidaste y atendiste con esperanzas de preparar un ciudadano para el mundo, un hombre para la sociedad!

No puedes ser el mismo, este agresivo adversario, el niño que albergaste en el corazón.

*

Allí está la chiquilla petulante y voluntariosa, exigente e inquieta.

Intoxicada por anhelos de libertad exagerada, desborda amargura y se hace rebelde por depender de tus manos vigorosas que la impiden, momentáneamente, de complicarse, cayendo en el foso de dolores que lamentará más tarde.

Astuta, piensa que te engaña, traicionando tu confianza y huyendo al maternal apoyo que le dispensas, voluntariamente desconectando los engranajes del equilibrio.

Observándola, muchacha audaciosa, preguntas por la niña débil que te llegó, hace poco, y a quien amaste con dedicación y cariño.

Parece que esto no puede pasar contigo: ¡recibir brezo después de haber sembrado flores y beber hiel en la taza en que donaste linfa benéfica!

La realidad, pues, es más fuerte que los planes que abrazaste de felicidad, y temes no disponer de más fuerza para continuar.

Hijos ajenos son, también, hijos de Dios.

*

Te preguntas si valió el sacrificio de tus mejores años de vida, que les ofreciste, frente a los resultados que recoges.

Toda la aplicación del bien, siempre retorna un día. No te asustes ni temas ante los precipitados momentos de la alucinación que toma cuenta de la actualidad histórica.

Recobra la capacidad de amor y no te decepciones.

*

Si el rebelde fuera tu hijo o tu hija, esto es, si es nacido de tu cuerpo, ¿cómo procederías? ¿La dejarías al abandono, porque es una enferma moral y se encuentra en crisis emocional?

Pregunta a las madres sacrificadas, que no desisten ni abandonan a los hijos, y ellas nublarán de lágrimas los ojos, informándote que, así mismo, los aman e insistirán hasta el fin.

Piensas que aun puedes gozar de una vida mejor, libre de problemas y de tales inquietudes. ¿Dónde, pues, ese paisaje de reposo y de paz, en la Tierra?

Si no recibes la retribución del bien próximo que hiciste, es porque te están llegando los efectos del mal que realizaste antes.

Llegará el turno de la cosecha de la paz, cuya semilla de amor dejaste en el suelo de los corazones de la carne ajena, que aceptaste como tu oportunidad de redención.

*

El niño risueño crece, y su cara, a veces, se altera y deforma.

El futuro, sin embargo, lo trabajará de modo a despertar para el verdadero sentido de la vida.

Nunca te arrepientas del amor que donaste alguien, ni te aflijas delante de la respuesta que aún no llegó, benéfica. Ten paciencia e insiste más.

Continúa amando al niño y comprenderá al adulto atormentado.

*

Son enfermos, si, los hijos ajenos a quien amas y que no reconocen tu cariño, como lo son los hijos de la propia carne, que se debaten en los engaños de la desdicha, tornándose arrogantes y perversos, desconocidos y prepotentes.

Con Jesús aprendemos que el amor debe enfrentar los desafíos de la dificultad, robusteciéndose en la fe y sirviendo con las manos de la caridad hasta la plenitud, cuando el hombre regenerado está en una tierra feliz que él mismo edificará.

Contemplarás, entonces, la gleba humana dichosa y te alegrará por todo lo que contribuiste para que él se hiciese pleno.

Joanna de Ângelis

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”
Traducido por R Bertolinni.

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