Rechinar los dientes

Durante la conferencia en el Centro Espirita, en una remota cuidad, el expositor notó que la gente unida a la institución no tenía dientes, todos desdentados. Ciertamente algún problema relacionado con la mala calidad de vida, ya sea del agua, la alimentación, cepillado, falta de flúor, hereditario…. Al final, en conversa con uno de los dirigentes, pregunto:

-Disculpe la curiosidad,pero ¿porque la gente aquí no tienen dientes?

-Los extrajimos todos.

-¿Hubo algún problema?

-Fue para evitarlos en el más allá.

-¿Quién les orientó?

-Nuestro guía. Dice respecto al “Lloro y rechinar de dientes” a que se refiere Jesús. No dijo que el lloro ocurrirá. No somos santos. Pero podemos evitar el rechinar de dientes, yendo sin ellos.

***

Bien, amigo lector, parafraseando un dicho italiano podemos decir que ciertamente non e vero, no es verdad, pero é bene trovato, es una buena historia, a ilustrar uno de los problemas más recuentes en los Centros Espiritas poco habituados al estudio: la irracional sumisión a los “guías”.

No es raro, el dicho cuyo el propósito del médium, a ejercitar, inconscientemente, su vocaciones para liderar, o un Espíritu gallofero que se presenta como tal, aprovechándose de la credulidad de las personas. Aunque estemos delante del legítimo orientador, no siempre este tiene condiciones ideales para orientar.

Dice Allan Kardec, en Obras Póstumas, en la segunda parte, al hablar de su iniciación en el intercambio con el Mas Allá: Uno de los primeros resultados que cogí de mis observaciones fue que los Espíritus, nada más siendo que las almas de los hombres, no poseían ni la plena sabiduría, ni la ciencia integral; que el saber de que disponían se circunscribía al grado que habían alcanzado, de adelantamiento, y que la opinión de ellos solo tenía el valor de una opinión personal.

Reconocida desde el principio, esta verdad me preservó del grave escollo de creer en la infalibilidad de los Espíritus y me impidió de formular teorías prematuras, teniendo por base lo que fue dicho por uno o algunos de ellos.

1. Hay dos importantes observaciones al respecto del asunto, en el Libro de los Médiums, de dos mentores que orientaban a Kardec: Ítem 266, Espíritu San Luis, o Luis IX (1214 1270), rey de Francia, famoso por su bondad e integridad, canonizado por la iglesia católica 1297. Cualquiera que sea la confianza legítima que os inspiren los Espíritus que presiden vuestros trabajos, la recomendación que no nos cansaríamos de repetir y que tendrías que tener siempre en la memoria cuando os entregáis a vuestros estudios, es que penséis y maduréis, que sometáis a la prueba de la razón más severa, todas las comunicaciones que recibís; que no descuidéis, desde que un punto os parezca sospechoso, dudoso u oscuro, pedir las explicaciones necesarias para poderos fijar con precisión.

Ítem 230, Espíritu Erasto, que fue discípulo de Pablo de Tarso: …En la duda abstente, dice uno de vuestros antiguos proverbios; no admitáis, pues, sino aquello que tenga para vosotros una evidencia cierta. Desde que aparezca una opinión nueva, por poco que la creáis dudosa, pasadla por el tamiz de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechazadlo con vigor; más vale rechazar diez verdades que admitir una sola mentira, una sola teoría falsa.

Elemental, por tanto, querido lector, que nos habituemos a examinar cuidadosamente las orientaciones que vengan de la Espiritualidad, sin miedo de preguntar y hasta de contestar las que parezcan huir de la coherencia doctrinaria. Dígase de paso: los mentores legítimos ejercitan infinita paciencia. No se aburren con nuestras dudas.

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Oportuno, recordar, en ese particular, que la naturaleza de los Espíritus que nos traen noticias y orientaciones guarda correspondencia con las intenciones del grupo. Si deseamos recibir manifestaciones productivas, orientemos la reunión para el estudio, insistiendo en la seriedad, en el empeño al Bien, en el ideal espirita… Seguramente atraeremos mentores espirituales en condiciones de ayudar. Pero, si conforme ocurre con frecuencia, estuviéramos rodeados por los intereses inmediatistas, ajenos a las realizaciones espirituales, ciertamente atraeremos orientadores sin orientación, capaces de sugerir aberraciones como extraer los dientes en la Tierra para no chirriarlos en el Más Allá.

Richard Simonetti
Libro “Abajo la depresión”

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