Vida y valores (El reposo necesario)

En la tierra estamos sometidos a varias leyes: las leyes que rigen el mundo físico, la ley del magnetismo, la ley de la atracción gravitacional, las leyes de la electricidad, todas las leyes que mueven nuestro mundo. Son las leyes físicas, digámoslo así. Pero, también estamos movidos por las Leyes Morales. Aquellas que rigen el mundo del alma, el mundo de la conciencia, nuestro mundo de la ética interna. Y es exactamente en ese gran mundo de Leyes Morales que vamos a encontrar una ley importantísima para nuestra vida en la tierra.

Es la ley del trabajo. Esa Ley del trabajo nos lleva a entender que toda la ocupación útil es trabajo. Naturalmente, toda ocupación útil tiene que ser útil para el bien general. No se imagina una cosa útil negativamente. Es una cosa útil que tiene utilidad para todos, para nosotros y para todos. Entonces, no es problema pensar que nosotros tenemos que trabajar. Estamos en la tierra y precisamos desenvolvernos. El trabajo es una forma importante con que la Divinidad nos permite cambiar nuestros conocimientos, nuestros bagajes, las experiencias que traemos de otras existencias corporales, aquello que el alma almacenó en sí.

Uno es artista plástico, otro es cantante, otra es músico, otro es ingeniero, otro es panadero, otro es plantador, es labrador, cada cual con su habilidad. Ofrecemos eso la sociedad es la sociedad, en trueque, nos recompensa con aquello que llamamos salario, nuestro sueldo, nuestra remuneración. Hasta ahí está bien. Lo que no podemos olvidar es que, cuando se pregunta a los Buenos Espíritus, los Guías de la Humanidad, cuál es el límite del trabajo, ellos respondieron diciendo que el límite del trabajo es el límite de las fuerzas. Lo que nos lleva a entender que nosotros vamos a trabajar hasta donde nuestro cuerpo soporte, hasta donde nuestra mente resista, hasta donde consigamos servir sin atormentarnos, sin aturdirnos. Por eso entonces, si trabajamos más allá de aquello que el cuerpo soporta, que la mente resiste, entramos en una onda de desgaste, de estiramiento, que pasamos a llamar de estrés.

El estrés es siempre negativo porque nos lleva a procesos de fobias, de depresiones, de emociones exacerbadas, de irritabilidad, de agresividad. El estrés es capaz de hacer verdadero pandemonio en nuestras vidas. Entonces la Divinidad que es perfecta, la Inteligencia Suprema del Universo, estableció, al lado de la Ley del Trabajo, la Ley del Reposo. Es importante que tengamos esa conciencia de que no estamos en el mundo apenas para trabajar como workaolics, como criaturas viciadas en el trabajo, neuróticamente envueltas en el trabajo y, si no trabajamos, no seremos felices. Porque Dios estableció que cabría a cada cual de nosotros respetar los límites de su cuerpo, respetar los escalones de su mente y partir para el reposo siempre que eso se hiciese necesario. Entonces vale la pena sentir, vale la pena aquilatar cuanto estamos trabajando para ganarnos la vida, para ganar dinero, para mejorar nuestras condiciones socio-económicas. Pero no podemos descuidar nuestra salud física, de nuestra salud mental, de nuestro equilibrio espiritual. Nada de trabajar excesivamente, hasta entrar en una línea atormentadora de estrés. No hay ninguna necesidad. Necesitamos trabajar en el límite de las fuerzas. Y es por esa misma razón que nosotros aprendemos que precisamos trabajar y reposar.

La sociedad estableció los días útiles, aquellos días en que trabajamos afanosamente, y los días de reposo, los festivos, el sábado y el domingo. La leyenda bíblica dice que Dios creó el mundo en seis días y que en el séptimo día descansó. Naturalmente no se puede pensar en esa cuestión de descanso por parte del Creador. Entendamos que esos seis días de la creación se refieren a los periodos geológicos por los cuales nuestro planeta pasó. Pero una cosa es verdad, descanse o no, el Creador nos conduce a trabajar y reposar. Porque tememos una limitación orgánica, tenemos una capacidad propia. Si sobrepasamos esa capacidad vamos a sufrir, en términos mentales, un corto circuito. Vamos a sufrir en términos corporales un proceso de debacle, de desgaste, de enfermedades, de patologías consecuentes de esa excesiva exigencia que podamos hacer a nuestro cuerpo físico. Por eso, vale la pena pensar que si es de Ley Divina que tengamos que trabajar, si nos gusta trabajar para tener la libertad en nuestra vida, ganar nuestro dinero, nuestro propio salario, no debemos perder de vista, y no tenemos por qué perder de vista la importancia de descansar, de reposar. Pero tener el cuidado para que nuestro reposo no se equipare a la pereza. Reposo y pereza tiene paredes contiguas.

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Cada vez que pensamos en esa pared contigua entre descanso y pereza nuestra cortina es muy tenue entre una cosa y otra, nos ponemos a imaginar cómo es que los Espíritus Superiores, los Espíritus Angelicales reposan. ¿O será que no reposan? Aprendemos con esos seres Superiores, la forma que las almas más capacitadas, más iluminadas, aquellas que van venciendo las diversas condiciones del mundo, las confusiones de la tierra y las necesidades materiales, descansan de una forma muy inusitada: cambiando de actividad. Es común que, aquí en la tierra, entre nosotros, mucha gente nos diga eso. Cuando desean descansar, cambian de actividad, y al cambiar de actividad relajan la mente de aquella presión, de aquella tensión que estaba viviendo antes. Digamos que tenemos un trabajo de brazos, que nos cansa los músculos, que nos desgasta el cuerpo físico. Después nos vamos a oír música, vamos a asistir a una película, vamos a participar de algún torneo mental de una fiesta ligera, palabras cruzadas, una lectura sencilla.

Aquellas que viven con trabajo intelectual muy exigente y tiene que quedarse un tiempo concentrados en textos, en libros, en correcciones de trabajos, en maquetas, en proyectos, ocupados con la mente allí detenida, podrán hacer al contrario para descansar; jugar al tenis, baloncesto, futbol, vóley, ir a la playa, correr, caminar. Entonces es importante que nosotros tengamos una salida bastante plausible para que el alma respire.

Hay mucha gente que trabaja en sus oficinas durante la semana y, en los fines de semana, les gusta cuidar jardines. Son hobbys. Otros les gustan arreglar zapatos, costuras, son otros hobbys. Y, a partir de eso, vamos viendo cuanto es que las criaturas consiguen poco a poco, después de su trabajo agotador, la bendición del descanso, del reposo. Mucha gente que, durante la semana entera, come en restaurantes, se alimenta fuera de casa, cuando llega a casa, en los fines de semana o en un festivo, les gusta ir para la cocina, liberar a la empleada doméstica, liberar a la esposa y gran placer relajante es cocinar. Vamos a encontrar las más variadas, las más diversificadas posibilidades de la criatura descansar.

Lo que Jesús Cristo nos recomienda a través de las lecciones de los Inmortales es que, para cada periodo trabajado, podemos tener un periodo de reposo, de restablecer las fuerzas físicas y mentales. Hay un libro notable de Allan Kardec, “El evangelio según el Espiritismo”, y en sus páginas vamos a hallar la necesidad de cuidar del cuerpo y del Espíritu. Del mismo modo que el cuerpo precisa ser bien acompañado, bien cuidado, para que se preste aquella misión que nos trajo a la tierra, aquellos compromisos que nos trajeron al mundo, las luchas expiatorias, nuestras pruebas, nuestro aprendizaje y crecimiento, también es importante que no descuidemos el Espíritu. De cuando en cuando asistir a un concierto, asistir a un teatro, a un baile, asistir a un cosa que nos dé alegría al alma. Participar de una exposición, visitar una fiesta, una bienal del libro, una bienal del arte, sea lo que sea, pero que nos sintamos criaturas privilegiadas, aireados por aquella dimensión que se presentó para nosotros. Por eso trabajar es fundamental.

El trabajo es la expresión de Dios entre nosotros. Jesús Cristo enseñó que el Padre trabaja siempre, que Él trabaja igualmente. No obstante, los Espíritus que responden en Su nombre nos dijeron que, al lado de la Ley del Trabajo, lo contrapuesto es la Ley del Reposo. Ya que el trabajo es toda ocupación útil y que deberemos desarrollar esas ocupaciones útiles hasta el límite de las fuerzas, cuando esas fuerzas llegaran a su límite, es preciso buscar el reposo, dormir el número de horas que sean suficientes para rehacer nuestro cuerpo físico, sin que en eso este incurso la pereza, la mala voluntad.

Si tuviéramos que levantarnos temprano para atender nuestra profesión, no hay otra manera, nos levantaremos temprano. Pero, siempre que pudiésemos nos acomodaremos más pronto, iremos a dormir más temprano, dando cuenta del tiempo que el organismo precisa para rehacerse. Y es de ese modo, entonces, la vida de la Tierra, nuestra experiencia corporal en el mundo, dominando trabajo y reposo, nos llevará a esa felicidad intima de quien sabe producir, de quien sabe crecer, sin volverse suicida, en la explotación indebida del propio cuerpo. De ahí vale la pena pensar que si Dios trabaja incesantemente, si Jesús Cristo, como Su hijo mayor entre nosotros, trabaja también, nos cabe servirnos del trabajo sin perder de vista las bendiciones del reposo físico.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 115, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 20.07.2008. Em 25.08.2008. Traducido por Jacob.

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