Necesidad de Evolución

Educación – Fuente de Bendición.

Las tendencias, que proviene del pasado en forma de inclinaciones y deseos, se transforman en hábitos saludables o perjudiciales, cuando no encuentran la vigilancia y los mecanismos de la educación pautando los métodos de disciplina y corrección.

Bajo el impulso del atavismo que se prende en las franjas primitivas, de las cuales a largo esfuerzo el Espíritu emprende la marcha de la liberación, los impulsos violentos y la comodidad que no se interesa por los esfuerzos de perfeccionamiento moral, debilitan la individualidad, resurgiendo como fallos graves de la personalidad.

Las dificultades de la vida, que se manifiestan de variada forma, conducen al aspirante evolutivo a sendas correctas por donde, siguiéndola, más fácil se le torna el acceso a los objetivos a que se destina.

En esa desiderata, la educación ejerce un papel preponderante, porque proporciona los medios para una mejor identificación de valores y selección de ellos, lapidando las aristas embrutecidas del yo, desarrollando las aptitudes en germen y guiando con seguridad, mediante los procesos de fijación y aprendizaje, que forman el carácter, insculpiéndose, por fin, en la individualidad y exteriorizándose como acciones relevantes.

Resto del instinto en que se demoró por largos periodos de experiencia y aun sumergido en sus sugestiones, el Espíritu crece, desembarazándose de las telas de vigorosos impulsos en que se enreda para la conquista de las aptitudes en que se desarrolla.

Persona alguna consigue inmunizarse a los dictámenes de la educación, buena o mala, conforme el medio social en que se encuentra. Si no hubo la articulación oral de la palabra, dispone de los órganos, pero, no habla; si no ve actitudes que facilitan la locomoción, la adquisición de los recursos para la sobrevivencia, consigue por instinto la movilización con dificultades y el alimento sin la cocción; tiende retornar a las experiencias primitivas si no es socorrido por los recursos preciosos de la civilización, porque en él predominan, aun, las imposiciones de la naturaleza animal.

Posee los reflejos, sin embargo, no los sabe aplicar, disfruta de la inteligencia y, por falta de uso, ya que se demora en las necesidades inmediatas, no la desarrolla; disfruta de las agudezas de la razón y del discernimiento, entretanto se embrutece por ausencia de ejercicios que los profundice.

En él no pasan de relampagueos, las manifestaciones espirituales superiores, arrojándose al aislamiento o relegado a las franjas en que se detienen los principiantes en las adquisiciones superiores…

Muy importante la misión de la educación como ciencia y arte de la vida.

Encontrándose ínsitas en el Espíritu las tendencias, compete a la educación la tarea de desarrollar las que se presentan positivas y corregir las inclinaciones que inducen a la caída moral, a la repetición de los errores y de las manifestaciones más viles, que las conquistas de la razón enseñarán a superar.

La propia vida facultó al Espíritu, en largos milenios de observación, averiguar lo que es de mejor o peor para sí mismo, ayudándolo en el establecimiento de un cuadro de valores, de que se puede utilizar para la tranquilidad interior.

Trayendo del intervalo que media entre una y otra reencarnación reminiscencias, aunque inconvenientes, de lo que le haya sucedido, elige los recursos con los que se puede realizar mejor, al mismo tiempo impidiéndose deslices y caídas en los subterráneos de la aflicción. Igualmente, inspirado por los Espíritus del progreso en el mundo, asimila ideas envolventes y confortadoras, entregándose a la labor de la autoperfeccionamiento.

El río corre y crece conforme las condiciones del suelo. La plántula crece y sigue la dirección de la luz.

La obra se levanta consonante al deseo del autor.

En todo y todas partes predominan leyes sutiles y necesarias que establecen el cómo, el cuándo y el dónde deben ocurrir las determinaciones divinas. Rebelarse contra ellas, es lo mismo que atrasarse en el dolor, espontáneamente, contribuyendo doblemente para la realización que conquistaría con un solo esfuerzo.

La tarea de la educación debe comenzar de dentro para fuera y no solamente en los comportamientos de la moral social, de la apariencia, produciendo efectos poderosos de profundidad.

Mientras el hombre no piense con equidad y nobleza sus actos se asentarán en bases falsas, si desea estructurarlos en los superiores valores éticos, ya que se tornan de pequeña monta y de débil duración.

Solamente con corrección, puede organizar programas de comportamiento superiores, a los cuales se somete consciente con placer.

No aspirando a la paz y felicidad por ignorarle de que se constituyen, impracticable enseñarle sobre tales valores. Solo, entonces, mediante el paralelismo de la luz y de la oscuridad, de la salud y de la enfermedad, de la alegría y de la tristeza podrán administrarle las ventajas de las primeras con relación a las segundas…

Largo tiempo transcurre para que los servicios de educación se hagan visibles, y difícil trabajo se impone, particularmente, cuando el propósito no se limita al barniz social, a la transmisión de conocimientos, a las actitudes formales, sin la integración de los deberes conscientemente aceptados.

Por educar, se entiende, también, la técnica de disciplinar el pensamiento y la voluntad, a fin de que el alumno se llene de realizaciones que extiendan las innatas manifestaciones de naturaleza animal, adormecidas, dilatando el campo intimo para las conquistas más nobles del sentimiento y de la psique.

En las diversas fases etarias del aprendizaje humano, en que el ser aprende, asimila y comprende, la educación produce sus efectos especiales, ya que, a través de los procesos persuasivos, libera al ser de las condiciones precarias, armándolo de recursos que resultan en beneficios que no puede ignorar.

La reencarnación, sin duda, es un valioso método educativo que se utiliza la vida, a fin de proporcionar los medios de crecimiento, desarrollo de aptitudes y sabiduría al Espíritu que gatea en el rumbo de su finalidad grandiosa.

Como criatura ninguna se realiza aisladamente, la sociedad se torna, como la propia persona, educadora por excelencia, en razón de proporcionar ejemplos que se hacen automáticamente imitados, impregnando a aquellos que sufren su influencia inmediata o indirectamente.

En el contexto de la convivencia, por el instinto de la imitación, se observan los comportamientos, las actitudes y las reacciones, aspirándose la psicoesfera ambiente, que produce, también, su cuota importante, en el desempeño de las realizaciones individuales y colectivas.

Como se afirma, con reservas, que el hombre es fruto del medio donde vive, conviene no olvidar que el hombre es el elemento formador del medio, cumpliéndole modificar las estructuras del ambiente en que vive y elaborar factores atrayentes y favorables donde se encuentre colocado para vivir.

No siendo opuesto a los contagios sociales, no es, igualmente, inerme a ellos, sino, cuando le complace, desde que reaccione a los factores dignificantes a que no está acostumbrado, si no desea a estos ajustarse.

Más allá de la enseñanza pura y simple de los valores pedagógicos, la educación debe esclarecer los beneficios que resultan del aprendizaje, de la fijación de sus implementos culturales, morales y espirituales. Por eso y, sobre todo, la tarea de la educación ha de ser moralizadora, a fin de promover al hombre no solo en el medio social, antes preparándolo para la sociedad esencial, que es aquella preexistente a la cuna donde él vino y sobreviviente al túmulo para donde se dirige. En este sentido, el Evangelio es, quizá, de los más respetables repositorios metodológicos de educación y de la mayor expresión de filosofía educacional. No limitándose a sus enseñanzas a un breve periodo de la vida y si, llenando su totalidad, propone una dieta comportamental sin los sentimentalismos ni los rigores exagerados que fluyen del propio contenido de la enseñanza.

No es raro, los textos evangélicos proponen la conducta y elucidan el porqué de la propuesta, sus efectos, sus razones. En voz imperativa, sus advertencias culminan en consolación, bienestar, que expresan los objetivos que todos miran.

– “Venid a mí”, – dijo Jesús, – porque yo “Soy el camino, la Verdad y la Vida, no delegando a otro la tarea de vivir la enseñanza, sino a si mismo imponiéndose el impostergable deber de demostrar las excelencias de las lecciones por medio de comprobados efectos. Sintetizó en todos los pasos y enseñanzas la función doble de Maestro – educador y pedagogo, aquel que pasa por el comportamiento dando vitalidad a la técnica de que se utiliza, en la más eficiente metodología, que es la de la Vivencia.

Cuando los mecanismos de la educación escasean, no permanece el aprendiz de la vida sin el concurso de la evolución, que le surge como dispositivo de dolor, estimulándolo al crecimiento con que se liberará de la difícil situación, huidizo, corrigiéndolo y facultándole adquirir las experiencias más elevadas.

El dolor, en cualquier situación, jamás funciona como castigo, dado que su finalidad no es punitiva, sino educativa, correctora. Cualquier esfuerzo impone la contribución del sacrificio, de la voluntad disciplinada o no, que se exterioriza en forma de sufrimiento, malestar, desagrado, porque el aprendiz, simplemente, rechaza considerar de manera diversa la contribución que debe hacer a beneficio propio.

Ninguna conquista puede ser lograda sin el correspondiente trabajo que la torna valiosa o inexpresiva. Cuando se reciben títulos o monedas, rentas o posiciones sin la experiencia ardua de conseguirlos, estos empalidecen, no es raro, convirtiéndose en cadenas pesadas, estímulos a la indolencia, invitación al placer exacerbado, situaciones arbitrarias por el abuso de la fortuna y del poder. Imprescindible en cualquier emprendimiento, por tanto, el examen de la situación y la valoración de las posibilidades personales.

Siendo la Tierra la bendecida escuela de las almas, es indispensable que aquí mismo se lapiden las aristas de la personalidad, se corrijan los desajustes, se ejerciten los dispositivos del deber y se predispongan los Espíritus al superior crecimiento, de modo a ser superadas las pasiones perturbadoras que impelen para abajo, en vez de aquellas ardientes por los ideales liberadores, que accionan y conducen para arriba.

Los hábitos que se arraigan en el cuerpo, procedentes del Espíritu como relampagueo y condicionamientos, retornan y se fijan como necesidades, sean de la expresión que sea, constituyendo otra naturaleza en el interior del ser, respondiendo como libertad o esclavitud, de acuerdo con la cualidad intrínseca de que se constituye.

La muerte, desvistiendo al alma de las ropas carnales, no produce una purificación de las cualidades íntimas, antes le impone mayor necesidad de exteriorizarlas, liberando fuerzas que llevan a procesos de vinculaciones con otras que le sean equivalentes.

En la Tierra esto funciona en forma de complejos mecanismos de simpatía y antipatía, en afinidades que, en el más allá del túmulo, porque sincronizan en la misma franja de aspiración y se mueven en la esfera de especificidad vibratoria, reúnen los que se identifican en el clima mental, de hábitos y aptitudes que le son propias.

Nunca se debe dejar para más tarde la necesidad de educarse, corregirse o educar y corregir.

Lo que ahora no se haga, en este particular, resurgirá complicado, en posición diversa, con agravantes más difíciles. Pedagogos eminentes, los Espíritus Superiores enseñan las reglas de buen comportamiento a los hombres como educadores que ejemplifican después de haber pasado por las mismas franjas de sombra, ignorancia y dolor, de que ya se libertaron.

Necesario, por tanto, conforme propone Jesús, que se haga la paz con el “adversario mientras se está en el camino con él”, ya que, mañana, tal vez sea muy tarde y más difícil alcanzarlo.

El mismo axioma se puede aplicar en la tarea de la educación: Ahora, mientras es posible, amoldar el yo, antes que los hábitos y las acomodaciones perniciosas imposibiliten la tomada de posición, que es el paso inicial para lanzarse sin reversión.

Educación, pues de la mente, del cuerpo, del alma, como proceso de adaptación a los superiores niveles de la vida espiritual para donde se va.

La educación, disciplinando y enriqueciendo de preciosos recursos al ser, alzan a la vida, tranquilo y dichoso, sin uniones con las regiones inferiores donde procede.
Fascinado por el tropismo de la verdad que es sabiduría y amor, después de las imposiciones iniciales, más fácil se le torna ascender, adquirir la felicidad.

Joanna de Ângelis

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”
Traducido por R Bertolinni.

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