Vida y valores (Honestidad)

En nuestra vida diaria, es muy importante la relación que establecemos con los otros. Nuestro prójimo, sin duda alguna, es la extensión de nosotros mismos y, por causa de esto, tenemos que convenir con la importancia de ese relacionamiento social.

Se oye hablar de los periodos, de las fases en que el mundo es estimulado por los actos negativos, por la deshonestidad, por el desplante, por lo antiético o por lo inmoral. Naturalmente que, cuando pensamos en esas cosas, evaluamos todos esos fenómenos relacionados a los otros: Fulano, Beltrano, Cicrano son deshonestos. Pero, ¿en que se constituye la deshonestidad? Al principio, podemos pensar que la deshonestidad sea el individuo hurtar, robar, volverse un criminal, un traficante, alguna cosa que agreda la estructura de la sociedad, alguna cosa que denigre la condición humana. Decimos que ese individuo es deshonesto.

Alguien que hace fraude a alguna cosa, hace fraude al impuesto de la renta, hace fraude a los compromisos que tiene que cumplir, miente para no dar cuenta de sus deberes. Llámanos a esa persona de deshonesta. Y casi nunca nos damos cuenta, relativamente, de nuestro propio grado de deshonestidad. Sin embargo, más importante de lo que reflexionamos en torno a la deshonestidad, será hablar al respecto de la virtud opuesta, que es la honestidad.

Parece que el viejo Rui Barbosa, en su época, previó un fenómeno que hoy estamos viviendo. Decía el “Águila de La Haya” que llegaría un tiempo en que el desplante antiético e inmoral seria de tal nivel que el individuo, que el hombre tendría vergüenza de ser honesto. Nos parece que esto viene aconteciendo cada día con mayor intensidad. Las personas, de modo general, pasaron a desear nivelarse por debajo. Parece que, para mucha gente, lo bueno es nivelarse para lo inferior. Parece que es feo ser persona digna, ser noble, ser buena.

Cuando el individuo es de bien, se dice que él es moralista y pasamos a tener una vergüenza enorme de ser moralista, como si moralista fuese una palabrota, como si ser moralista fuese una ofensa. Y, de ese modo, vamos renunciando a esa prerrogativa de ser honesto. Entonces se ve cuando los muchachos, la juventud sin muy buena orientación, les gusta acompañar a sus ídolos deshonestos. Los ídolos de las películas, de la criminalidad, los bandidos de la pantalla. Ciertamente, eso merece nuestra observación cuidadosa, eso merece nuestros ojos atentos para que podamos orientar a nuestros hijos y a nuestros jóvenes para los valores de la honestidad.

La virtud de la honestidad es fundamentalmente la virtud de la coherencia. Nadie puede ser honesto si no fuese coherente. Y nos preguntamos: ¿Pero porque el individuo será honesto? ¿Para qué será honesto? Debemos vivir la honestidad porque la honestidad nos confiere armonía interior, paz de conciencia. Es la honestidad que nos hace vivir armónicamente con la sociedad de los justos, de los buenos, de los equilibrados, de aquellos que son individuos del bien.

Todo proceso de honestidad entonces reclamará nuestra coherencia, y es esa coherencia que debe tomar nuestra atención. Todas las personas acostumbran a tener aquello que llamamos de su escala de valores. Hay individuos para los cuales sus valores mayores se hallan en las cosas materiales, en las cosas inmediatas. Hay aquellos que admiten que sus valores primordiales se deben encontrar en las cuestiones sensibles, en las cuestiones psíquicas, espirituales, afectivas. Ahí, entonces, encontramos el filo de la navaja. Es exactamente ahí que mucha gente se hiere, es exactamente ahí que mucha gente se corta, porque la honestidad, siendo la virtud de la coherencia, propone que establezcamos una escala de valores, y en esa escala de valores nos colocaremos en la cima, pondremos en lo primero aquello que es más importante para nosotros, aquello que mas deseamos perseguir en nuestra vida. Y, a partir de esto, tendremos un incentivo más para vivir la honestidad.

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A partir de esa concepción de que todos necesitamos tener una escala de valores y que tengamos conciencia de eso o no, todos tenemos nuestra escala de valores, pasamos a comprobar que la honestidad necesita comenzar por nosotros. Debemos aprender a ser honestos con nosotros mismos. Pero, ¿que sería esa honestidad vivida, vivida en nosotros mismos? Fundamentalmente deberíamos aprender a vivir, a poner en práctica las verdades que vamos conociendo poco a poco. Nadie consigue colocar en práctica, de la noche para el día, una nueva enseñanza, una nueva propuesta moral. Aprendemos que, primero se desarrolla ese aspecto intelectual en la vida. Primero aprendemos cosas en nivel intelectual y después, con esa experiencia que el intelecto nos va dando, conseguimos colocarlo en práctica poco a poco. Es por eso que vemos mucha gente religiosa, que vive de forma extrañísima. Vemos muchos médicos de neumología que fuman. Encontramos personas que tratan la mente de los otros, enloqueciendo la propia mente a través de los expedientes más extraños. Encontramos las criaturas que se entregan a las drogas.

El tabaco es una droga. Pero ellos enseñan para los otros como mantener la salud, ellos piden a Dios que les conserve la salud, ellos piden a Dios que les de salud.

La honestidad es la virtud de la coherencia. Pero, ¿Cómo puede ser coherente una persona que pide a Dios salud y quema su salud en la punta de los cigarros, de los puros, de las pipas? ¿Cómo puede ser coherente una persona que pide a Dios equilibrio y se encharca de alcohol haciéndole perder la lucidez? ¿Cómo puede alguien pedir a Dios paz en la tierra, paz para sí, para la sociedad, si tiene los nervios a flor de piel, si es una persona de mal humor; si no soporta oír nada de nadie; nada que le contradiga; si es una persona que solamente le gusta oír elogios?  Ella está completamente con la coherencia desenfocada. De ese modo, es importantísimo que aprendamos a ser honestos con nosotros.

Aquellos principios ya aprendidos, y que son positivos para nuestra vida, vamos a comenzar a hacer esfuerzos para ponerlos en práctica. Es natural, tendremos que hacer esfuerzos. Somos Espíritus que provenimos de un pasado muy remoto, de muchos equívocos delante de la conciencia, muchos errores, muchas tragedias que realizamos con nosotros mismos y con los otros. Ahora, que estamos deseosos de volvernos para el bien, para el amor, para la luz, aprendamos poco a poco a tener esa coherencia, a vivir el bien que predicamos para los otros, a actuar en la paz que queremos para el mundo, a participar de ese movimiento de renovación de nuestro planeta. Y esto significa ser honesto con nuestros principios.

La honestidad no será solamente que la criatura no robe, no hurte, no mate, no mienta. Comenzaremos a ver que quien es capaz de mentir, de defraudar, de denegrir, de calumniar, será capaz de robar, porque ya comienza por robar la paz de los otros, por robar el espacio del otro. Toda criatura que es capaz de engañar a las personas, de mentir para sacar provecho, será capaz de matar, será capaz de secuestrar porque quien no es fiel en lo mínimo, como enseño Jesús Cristo, nunca conseguirá ser fiel en lo máximo. Si no conseguimos ser fieles en las cosas que están más fácilmente bajo nuestro control, será muy difícil controlar las cosas que nos exijan mucho más sacrificio.

Es importantísimo comprobar que, en estos días tumultuosos del planeta, sentimos la necesidad de la honestidad. Cuando sentimos alguna cosa en relación a alguien, bueno o no, digamos a ese alguien y no al entorno, en los momentos de intriga, de maledicencia, de cotilleos; Fulano, no me gusta lo que haces. ¿Beltrano, porque haces esto conmigo? ¿Cuál era tu intención? Pero, cuando nos guste, también tengamos la grandeza de decir: Muchas gracias. Mis felicitaciones. Usted fue muy feliz y me hizo mucho bien. La honestidad es esa virtud que no teme decir si, y ni teme decir no.

Es por esto que Jesús indaga a los Apóstoles: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? (Marcos, 9:33) Y, en la Epístola a los Efesios (V, 8 y 15) el Apóstol Pablo afirma: Mirar prudentemente como andáis. Andad como hijos de la luz. Y todo hijo de la luz, todo ser lucigenito, no puede andar sin esparcir claridad. Esto es ser honesto.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 137, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em abril de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 26.04.2009. Em 27.07.2009. Traducido por Jacob.

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