Salvo-Conducto – Luz Espiritual

Salvo-Conducto

Cuando escribía el libro ¿Quién tiene Miedo de la Muerte? Estuve en el crematorio, en Vila Alpina, São Paulo, a fin de coger informaciones sobre la incineración de cadáveres. Pretendía, como hice, escribir un capítulo sobre el asunto.

El administrador, gentilmente, me mostró cómo funciona todo eso, resaltando que dentro del horno la temperatura es de aproximadamente tres mil grados centígrados.

Podemos imaginar lo que es eso, recordando que el agua hierve a cien grados. Según él, es una temperatura tan elevada que todo allí entra en combustión, caja, metales, adornos, ropas, clavos, zapatos… ¡Hasta el cadáver! Y, algo espantoso: cuando más gordo es el difunto, mayores son las llamas, de modo que la gordura es un combustible.

Entonces, amigo lector, si piensa en ser incinerado, haga régimen para…¡morir! ¡En el caso contrario, será aquella fogata!

***

Preguntará usted: -¿Y el Espíritu? ¿Si unido al cuerpo, en el momento de la cremación, que le pasara? Ciertamente “morirá” del susto. Imaginará estar confinado en el infierno.

-Dios mío, ¡vine a parar a la caldera del infierno!

Es broma, amigo lector. Cualquier cristiano sabe que Cielo e Infierno no son lugares geográficos, pero si estados de consciencia. Jesús decía (Lucas, 17:21) …. ¡El Reino de Dios está dentro de vosotros! El infierno también. Depende de cómo vivimos, de cómo sentimos…

Si aun ligado a los despojos carnales, podrá el Espíritu, en principio, sentirse devorado por el fuego. Impresión desagradable, sin duda, pero meramente ilusoria. Las llamas del plano físico no afectan la dimensión espiritual ni los que en ella se encuentran. Desintegrados los despojos carnales, el Espíritu estará liberado. Ahí reside el problema, ya que podrá enfrentar dificultades de adaptación, en virtud de la temprana desunión. Por eso, Emmanuel, el mentor espiritual de Chico Xavier, recomienda que esperemos tres días, si pretendemos los servicios del crematorio. Hasta allí, salvo excepciones, estaremos liberados.

En Vila Alpina se espera el tiempo que la familia desea, sin problemas. Cuando estuve allí, un cadáver cumplía el plazo de siete días, solicitado por el propio fallecido. Otro, extranjero, estaba en autentica cuarentena, desde hace casi un mes, esperando que fuesen localizados sus familiares, en otro país. La familia paga cada día, como en un hotel. Hotel de difuntos.

No se sirve comidas…

***

En el futuro, en una humanidad más espiritualizada, la incineración será práctica rutinaria. Eliminaremos el culto a los cadáveres, que se expresa en la visita a los cementerios. Aprenderemos a cultivar la memoria del muerto querido en la intimidad del corazón, sustituyendo jarrón de flores, velas e incienso, por la donación de ropas y alimentos a los carentes, en su nombre. Y han que quedar muy felices los que partieron, por sentir que la separación sensibilizó nuestras almas para la solidaridad, ese salvo conducto maravilloso que un día nos ayudará a traspasar con seguridad las fronteras del mundo físico para encontrarlos en el continente espiritual.

Richard Simonetti

Extraído del libro “Abajo la depresión”
Traducido por Jacob

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