Contemplando el bien

A través de mil formas, somos hoy, como ayer, viajeros del tiempo en tránsito de la sombra hacia la luz. Millares de cunas y túmulos señalan nuestra marcha en los caminos evolutivos y, si la niebla del pasado aún nos entenebrece la visión, en la actualidad, ya se nos hace posible prever, con Jesús, la alborada renovadora.

Ayer, redujimos al deudor a la condición de bestia de carga doméstica.

Hoy, disponemos de códigos que nos facultan la solución de los propios compromisos ante la ley.

Ayer, hacíamos del océano centro vivo de las más deplorables operaciones de piratería y rapiñaje.

Hoy, hicimos del mar bendito camino de progreso y fraternidad.

Ayer, convertíamos la mujer, nuestra madre y nuestra hermana, en silenciosa bestia de carga, con tratamiento familiar inferior aquel dispensado comúnmente a los caballos.

Hoy, procuramos destacarle la grandeza, conduciéndola al más alto nivel de la cultura y de la educación.

Ayer, relegábamos los enfermos difíciles a los valles obscuros de abandono y desespero.

Hoy, perfeccionamos la experiencia social, convocándolos a nuestra convivencia para que la ciencia y la caridad les aseguren la defensa ante las amenazas de la muerte.

Ayer, esclavizábamos a nuestros propios hermanos en espectáculos deprimentes de penuria moral, en los mercados de la vida humana.

Hoy, consolidamos el derecho del hombre de casi todas las latitudes, en el acceso al trabajo digno y en la conquista de la propia emancipación.

En verdad, aún tenemos hoy las demostraciones de la guerra, en los desentendimientos periódicos de las naciones, y los hábitos infelices, como son el lenocinio y la industria de las drogas; no obstante, Cristo que nos inspira el avance espiritual, guiándonos la jornada hacia la justicia, nos dará brazo fuerte para que el mañana surja más claro, asegurándonos la victoria del amor y del respeto unos por los otros.

Porque dudar del bien sería desacreditarnos en derrocada injustificable, no solo porque estamos camino del perfeccionamiento, como también porque, si es innegable que Jesús comenzó a construir entre nosotros el Reino de Dios, no es menos cierto que su Obra Divina aún no terminó.

Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Nacer y Renacer”

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