La orquesta y el CD – Luz Espiritual

La orquesta y el CD

¿Experimentan los Espíritus nuestras necesidades y sufrimientos físicos?

– Los conocen porque los han padecido, pero no los experimentan como vosotros, en lo material, puesto que son Espíritus.

Pregunta 253

Espíritus sufridores, en reuniones de asistencia a los desencarnados, se quejan frecuentemente de dolores torturantes, algo curioso, ya que el dolor es un fenómeno físico. Si acercamos la mano a la llama de una vela, los terminales nerviosos allí localizados llevarán, instantáneamente, la noticia para el cerebro, repercutiendo en nuestra consciencia como una estridente alarma, el dolor lancinante. En una fracción de segundo retiraremos la mano, evitando que sea incinerada.

Así, aunque execrada e indeseable, el dolor se sitúa como la más eficiente defensa de nuestro cuerpo. Si no fuese por su inestimable protección, fatalmente nos meteríamos en dolorosas situaciones sin esbozar una reacción. Hasta en un simple baño caliente podríamos herirnos, con graves quemaduras, si el termostato celular no nos avisase de que el agua está muy caliente.

Ese es uno de los problemas de la lepra, que destruye los agentes sensoriales en la epidermis. Un leproso se calzó el zapato en el cual el hijo inocentemente guardó un pequeño soldado de plomo. Anduvo durante todo el día sin notar nada. A la noche, al bañarse notó que su pie guardaba una sangrienta herida.

El dolor físico se sitúa también por eficiente instrumento evolutivo. La mayoría de las personas que buscan los templos religiosos es motivada por males variados que les imponen tormentosos padecimientos.

Se confortan, calman sus dolores y aprenden, sobre todo, a cultivar las virtudes cristianas, dando menos énfasis a las ilusiones. Eso ocurre particularmente en el Centro Espirita, escuela divina, taller de servicio redentor, en principio confundido con milagroso hospital para males renitentes. Guardián de la salud, maestra rigurosa de renovación, el dolor nos ayuda a preservar y valorizar la existencia humana.

¿Tratándose de un fenómeno material, que envuelve al cuerpo físico, porque los Espíritus desencarnados experimentan dolores?

Aquí es preciso recordar el periespíritu, eterio intermediario entre el Espíritu, el ser pensante, y el cuerpo físico, la máquina de que nos valemos para transitar por la materia. Es a través de él que el Espíritu toma conocimiento de lo que ocurre con el cuerpo y experimenta las sensaciones físicas.

El cáncer óseo provoca dolores martirizantes que, registradas por el cerebro, repercuten en la consciencia por intermedio del periespíritu. Después de la muerte, liberado de la materia, el Espíritu no las tendrá. Entretanto, impresiones contenidas en los registros periespirituales lo incomodarán como si fuese dolores auténticos, hasta que supere el trauma relacionado con la enfermedad que lo mató. Algo semejante podrá ocurrir con el individuo que se amputa una pierna. Dolores y picores en el pie que se fue no son sensaciones, sino meras impresiones.

El tiempo para la solución de ese problema es variable, dependiendo de la evolución del Espíritu y de su preparación para la muerte. Cuanto más apegado con vicios y pasiones; cuanto mayor su ignorancia sobre el asunto, mayor será su dificultad.

No es raro que el desencarnado, inconsciente y perturbado, se aproxima a un familiar. Ocurre entonces un envolvimiento mediúmnico natural, situándose el Espíritu como un necesitado que implora socorro.

Sus impresiones periespirituales repercutirán en el encarnado, que las convertirá en dolor y malestar que les corresponden. Si la unión persiste, acabará buscando a un médico. Este no encontrará absolutamente nada en el paciente, ya que no hay lesión física. Es solo un fenómeno mediúmnico, perfectamente superable con el esclarecimiento y alejamiento del “obsesor”.

***

Del salón cerrado se escuchan sonidos fuertes de una orquesta. Abierta la puerta vemos que allí no hay nadie. Sofisticado aparato reproduce una vibrante composición musical gravada en CD. La música es real, pero los músicos solo existen en los registros sonoros. El médium (aparato) reproduce dolores (sonidos) que el Espíritu sentía cuando encarnado, registradas en su periespíritu (impresiones). Así como la persona que está fuera del salón puede engañarse, pensando que la orquesta está presente, el familiar envuelto por el desencarnado en perturbación podrá imaginar que sufre un mal idéntico al que lo mató.

Un cardiólogo espirita, médium psicofónico, experimentó, en una reunión mediúmnica, síntomas típicos de un infarto: dolor intenso en el pecho, extendiéndose para el brazo izquierdo, malestar, sudor abundante…

Ayudado por amigos y familiares fue al consultorio. Llamó a la enfermera que trabajaba con él. Se sometió al electrocardiograma. Varios registros fueron hechos, sin encontrar absolutamente nada. La esposa le aplicó el pase magnético, después de la lectura de “El Evangelio según el Espiritismo” y evocación de benefactores espirituales. En breve la crisis fue extinguida. El problema fue mediúmnico, con la aproximación de un Espíritu agarrado por el infarto que provocó su muerte.

En el día siguiente, para confirmar que el fenómeno fue espiritual, el medico fue a jugar al tenis, sometiéndose a un intenso esfuerzo físico durante dos horas. Si hubiese un problema cardíaco fatalmente sufriría un infarto.

Multitudes, particularmente las personas dotadas de mayor sensibilidad psíquica se someten a tratamientos médicos caros, demorados e inútiles para males que se renuevan, consecuentes de una mera influencia de Espíritus perturbados y perturbadores. Sin pretender ser la panacea infalible, la Doctrina Espirita ofrece preciosas ayudas para una mejor comprensión del asunto, con alternativas más eficientes en favor de aquel que se dispone a estudiar sus principios libertadores.

Richard Simonetti.
Extraído del libro “Quien tiene miedo de los Espíritus”

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