Hablemos y pensemos bien

Siempre tenemos que tener presente que todo lo que hacemos, hablamos y pensamos tendrá una consecuencia. Es bueno que comprendamos todo eso porque es lo que más descuidamos, porque no ponemos mucha atención en las cosas que hacemos, si lo hacemos bien o mal, ni tampoco ponemos atención con lo que hablamos, porque nuestra palabra dice como somos por dentro, y aun menos ponemos atención con lo que pensamos, y este último es el más importante, porque es el inicio de todo.

Siempre se habla de que el pensamiento es una fuerza creadora y que puede perturbar todo lo que hacemos, pero también es cierto que los pensamientos perturbadores también nos acerca a otros espíritus perturbadores y cuando esto ocurre, entonces nuestros actos y nuestros comportamientos serán también perturbados.

Todo pensamiento genera una energía sutil que puede ser captada por otros espíritus en esa frecuencia, por lo tanto, si tenemos prudencia al hablar, hay que tener prudencia al pensar, y en este último con mayor atención.

Construyamos nuestro interior con hechos y pensamientos más elevados, y procuremos ante todo que nuestros actos y palabras estén en armonía dentro de nosotros, generando pensamientos buenos y más cerca de las enseñanzas de Jesús.

Tengamos esto presente y si trabajamos en pensar bien, y cuando tengamos pensamientos perturbadores, luchemos para cambiar esa energía negativa en pensamientos más buenos, pues poco a poco percibiremos que muchos pensamientos negativos que tenemos sabremos que no son nuestros sino de espíritus perturbadores que por nuestra imprudencia nos hemos unido a ellos.

Hagamos oraciones, pidamos fuerzas al Padre, tengamos como ejemplo a Jesús y poco a poco nos alejaremos de estos espíritus perturbadores y nos uniremos a pensamientos más elevados.

Aprendamos de nuestro Maestro Jesús y caminemos siempre hacia el bien.

Espíritu Rafael.

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