Vida y valores (En las relaciones sociales)

Cada criatura humana está en la tierra para atender a determinados objetivos en la vida. No es de extrañar que vivimos en la sociedad. En el comienzo, vivíamos casi en un estado de anomía, aquel estado en el cual la gente habla a la ventura, habla para nadie y, por otro lado, nadie nos escucha. Poco a poco, a lo largo del proceso de formación social, pasamos a hablar cosas con intencionalidad, con direccionamiento y, por causa de eso, pasamos a tener personas interesadas en escucharnos. Comienzan ahí las formaciones propiamente sociales.

Ahora ya hemos salido de los grupos anómicos o de las sociedades anómicas y partimos para el periodo de las comunicaciones. Solo existe comunicación cuando conseguimos hablar alguna cosa dirigida a alguien y ese alguien capta el mensaje para él dirigido. De esa manera, vivimos en sociedad.

El notable Aristóteles afirma que el ser humano es un animal social. Y comenzamos a percibir como nuestro vivir social va tomando dirección, posición. Vamos formando la familia, las instituciones, escuelas, iglesias, oficinas, centros de cultura. Todo eso fue aconteciendo, a lo largo de las edades, para decirnos a nosotros mismos porque estamos en la Tierra. ¿Para qué estamos aquí?

Esa vivencia en sociedad, establecida por nuestro Creador, tiene un sentido muy especial: permitir que cada uno de nosotros pueda intercambiar con los otros nuestro equipaje, nuestras experiencias, lo que somos y las cosas que tenemos. Ese intercambio es fundamental, es indispensable. Es gracias a ese intercambio que pasamos a conocer el progreso social. Esa es la capacidad de nuestra sociedad, pasamos a descubrir que tenemos papeles que cumplir. Cada uno de nosotros tiene, en la sociedad, un papel que cumplir. Tenemos deberes para realizar en el contexto social. Esos deberes nos llevan a reflejar sobre la importancia de ser personas útiles en las relaciones que establecemos.  Lo que hacemos, debe ser de utilidad para terceros y para el conjunto.

Hay necesidad de ser personas honestas. La honestidad es uno de esos valores muy ausentes en esta actualidad del mundo, en las relaciones sociales. Pero la persona que es deshonesta en la relación social, aquella que es infiel en la relación social, es deshonesta consigo misma, es infiel a sí misma. De ahí nos preguntamos: ¿Cuándo es que la persona está siendo infiel a si misma? ¿Deshonesta para consigo misma? Todas las veces que aprendemos cosas importantes de la vida, nuestra vida, importancias que heredamos de la ciencia, del pensamiento filosófico o de las religiones y no colocamos eso al servicio de la vida, en pro de nuestra vida, estamos siendo infieles a la verdad que conocemos. Estamos siendo infieles al valor que nos llegó. Es de esa manera que vamos a encontrar mucha gente intelectualizada, bien formada, que ya aprendió el maleficio del alcoholismo, del tabaquismo para su salud física y continua fumando y bebiendo y justificando.

El conocimiento intelectual que adquirió no le fue útil. La sabiduría cultural que desarrolló no se le torno útil porque prosigue justificándose, porque no es fiel a sí misma, es deshonesta para consiga misma. Y se establece a partir de ahí aquello que aprendemos a llamar de suicidio indirecto. La criatura no tiene la idea de matarse pero ella sabe que aquella usanza, aquello que está haciendo mal, poco a poco, la está destruyendo. Es importante tener esa percepción de que quien no es fiel a sí mismo, quien no es honesto consigo mismo, difícilmente lo será con terceros.

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En la medida en que vamos siendo honestos con nosotros, fieles a nosotros mismos, pasamos a interesarnos de manera más equilibrada por los demás, pasamos a respetar la sociedad, por ejemplo, las personas que son diferentes de nosotros. Las personas tienen gustos diferentes de los nuestros, les gustan la música que a nosotros no nos gusta. Ellas tienen razones para que les guste como a nosotros tenemos para que nos guste. Personas que les gustan las ropas con las cuales no nos identificamos; ellas tienen motivos para que les guste ese vestuario y nosotros tenemos motivos para que no nos guste. Es muy importante aprender a vivir en una sociedad plural, donde las personas son como quieren ser. Desde que ellas no desprecien el status quo, o los derechos de los otros, cada uno vivirá como sabe, como puede.

Hay personas que son vegetarianas, otras son macrobióticas, muchas son lacto-ovo vegetarianas, lacto-ovo fish-vegetarianas, otras son carnívoras. ¿Cuál es el problema? Hay mercado para todos, hay lugar para todos, hay espacio para todos. Pero cuando no sabemos vivir en relación social saludable, quien es vegetariano comienza a atormentar a otro que come carne: ¿Cómo que usted como carne? ¿Cómo que usted carga un cementerio en la barriga? ¿Cómo que usted sacrifica los animalitos? De la misma manera que el otro que habla tiene la lengua ferina.

Las libertades. Imaginemos si la criatura quiere imponer su voluntad a terceros. Cuando vivimos las relaciones sociales, se aprende a ser feliz donde se esté, con quien esté. No permitimos que el mal del otro nos alcance porque estaremos amparados en la frecuencia del bien, estaremos enganchados a la frecuencia del bien. Cuando vivimos una relación saludable en la sociedad, el mal ejemplo de los otros no puede servir de ejemplo para nosotros si somos personas de bien. No se justifica que salgamos a decir: Yo lo hago porque Fulano lo hace. Yo lo uso porque Beltrano lo usa. Yo lo digo porque Sicrano lo dice. De forma ninguna.

Tenemos responsabilidades, aunque estemos viviendo en colectividad. Hay compromisos nuestros, a nivel de individuo que somos y hay compromisos nuestros, a nivel de la sociedad de la cual participamos. Saber vivir en sociedad es un arte. Cuantas son las personas que no saben. Ellas viven en un condominio de apartamentos o en una comunidad de casas y no se dan cuenta de que hay vecinos. Cuando ellas quieren oír su música, pero en los más altos decibelios. Si se molesta al vecino. No les importa si hay niños que necesitan dormir, si hay enfermos, mayores que necesitan descansar o simplemente no les importa que el vecino no quiera oír aquel tipo de música, en aquel volumen. Entonces, verificamos que esas son las personas que no saben vivir en sociedad. Ese lado humano, social aun no se les desarrolló. Encontramos criaturas que quieren hacer aquello que no les compete y comienzan a tocar en la caja de energía del edificio. De aquí a poco, todos están sin energía eléctrica. Comienzan a tocar en la caja del teléfono y de allí a poco, todos están con sus teléfonos averiados. Las personas imaginan que ellas son el centro del mundo. Claro que es necesario tener cuidado para que sepamos vivir una relación social saludable.

Fue Jesús Cristo que dijo al Padre Celeste en si refiriendo a los Apóstoles: Padre mío, no te pido para que los quites del mundo. Te pido para que los libres del mal.

El mundo es nuestra escuela. Es en la tierra que nos vamos a desarrollar. Nuestras habilidades más espiritualizadas serán desarrolladas en este campo de experiencias, en ese roer de experiencias entre nosotros.

Muy importante es que sepamos vivir en sociedad como quien desea dar lo mejor de sí, soñando con un mundo más perfecto.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 178, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná.Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 06.12.2009. Traducido por Jacob

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