Tareas

Te gustaría servir, subiendo, a altos puestos, y resolverías muchas dificultades, solucionando los aflictivos problemas que aplastan al pueblo.

Preferirías actuar en relevantes compromisos, donde la propia actividad se convirtiese en represión al crimen de todos los matices.

Desearías abrazar misiones especiales, en el mundo de las investigaciones científicas o en el campo de las ciencias sociales, abriendo horizontes claros para la colectividad.

Desearías el trabajo en las altas esferas religiosas, comentando las necesidades de las masas junto a los administradores del mundo y sugiriendo caminos iluminativos como liberadores.

Estimarías el liderazgo en la colectividad favorecido por los recursos que ves en los otros, y lamentas ser inútiles donde se encuentran…

No obstante, no sabes las luchas de las primeras posiciones. Desconoces, tal vez, que todos ellos, convidados por las leyes atendiendo las dificultades de los otros hombres, son, igualmente, hombres en dificultad.

Se atormentan, sufren, lloran y viven con la máscara sobre el semblante, conforme los figurines de la política infeliz o los modelos de la cultura en adulteración.

Luchan contra máquinas obstinadas y odiosas.

Muchas veces son vencidos.

Se alzan a las cumbres del poder sin base para los pies.

Son iguales a ti mismo.

La posición de relevancia no hace el carácter recto.

El cambio de gobierno no opera repentino cambio de moral.

El problema social es más complejo de lo que parece.

Puedes, sin embargo, hacer mucho. No arriba, sino a donde te encuentras.

El suntuoso palacio se somete a los cimientos que sirve de apoyo a la construcción.

Si el sacerdocio que anhelas no te alcanza el ideal, recuerda que el hogar es la escuela de iniciación primera para cualquier investidura. Todos aquellos que serán personas importantes en el mundo, pasarán por las manos anónimas del domicilio familiar, donde se esforzarán los padres y los maestros en la extensión de sacrificios grandiosos y desconocidos.

La herramienta humilde que rasga el suelo donde reposará el monumento es hermano del buril que talló la piedra.

La azada gentil que prepara la tierra es compañera de la pluma que sanciona las leyes agrarias de justa distribución de terrenos.

Todas las tareas del bien son ministerios divinos en que debemos utilizar la vitalidad, sin desánimo ni reclamación.

Sin las manos de la humilde cocinera, las manos del sabio no podrían mover el progreso humano…

Cumple, pues, el deber que te cabe, con el alma en oración, y aunque no seas notado en la Tierra, siendo desconocido, recuerda que Jesús, hasta ahora, es el Gran Servidor Anónimo, enseñándonos que la mayor honra de la vida es el privilegio de ayudar y pasar adelante, sirviendo siempre y sin cansancio.

Joanna de Ângelis

Médium Divaldo Franco
Extraído del libro “S.O.S Familia”
Traducido por R Bertolinni.

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