Mensajes al profesor Levino Albano Conceição

Amigo mío, que las flores de la paz de Jesús puedan florecer en tu corazón, llenándote toda el alma de claridades divinas.

Tu espíritu desearía una palabra de nuestra parte que te viniese a orientar en el laberinto de todas las preocupaciones de la vida material. Sufre, intrépidamente, la provocación que la misericordia divina te reservó en la faz de la tierra. La vida en el exilio terrestre vale por su expresión de sacrificio y de aprendizaje. Las amarguras que encontraste en el mundo tienen sus causas profundas en el pasado oscuro y caliginoso.

Hubo un tiempo en que no supiste percibir las grandiosidades de la ley divina de la fraternidad y del amor, y fuiste tu quien, contemplando el pasado lleno de sombras, quisiste renacer, organizando un mapa de amarguras purificadoras.

Quisiste deambular en el mundo a través de todas las dificultades, vencer los caminos tristes y oscuros, para llevar a los que sufren el valor de tu coraje y el apoyo de tu corazón.

Quisiste conocer la ceguera para ayudar a cuantos se encuentran bajo sus cruces en la faz del planeta terrestre. Y viniste y venciste. Y bien sabes que más merito poseen todos aquellos labradores que encuentran obstáculo en la tierra ingrata para la germinación de su semilla.

Tu obra y tu acción siempre y constantemente representan ese trigo escaso.

En la balanza de Dios, pues, ese fruto de sacrificio es más dulce. Continúa en tu apostolado fraterno. Espíritus abnegados y amigos te extienden las manos del plano espiritual y su protección constituye para tu esfuerzo la mayor garantía para tu victoria.

La ceguera física es casi siempre la mejor forma para que se establezca la plena visión espiritual.

En tu mundo interior, donde explayas tu mirada en las regiones divinas de la inspiración y de la inmortalidad, conservas siempre el culto del amor y de la fraternidad, en himnos de esperanza en el porvenir glorioso que te aguarda en el mundo espiritual donde, si supieras escalar el calvario de tus sacrificios, recibirías la laurea de vencedor, en compensación de tu coraje y de tu heroísmo.

Esperando, pues, que conserves tu idealismo encima de todas las inquietudes y de todas las angustias de la vida material, pido a Jesús que te ampare, concediéndote todas las posibilidades para que te liberes de tus suaves obligaciones de misionario de la armonía.
Ora, cree, trabaja y espera.

Un día, cuando entones el himno de amor a Dios, despertarás en la visión extensa y divina de todas las cosas. Tus amarguras habrán terminado, tus sueños llevados a efecto en el bello plano de todas las concretizaciones.

Tu pasado estará redimido. Una ola de luz bañará, entonces, tus ojos, en una resurrección de vida gloriosa, y las manos suaves y dulce del divino jardinero, habrán plantado para siempre en tu alma los lirios maravillosos de la inmortalidad radiosa de la eterna esperanza.

Emmanuel

Belo horizonte, 6 de abril de 1937.

Del libro “Paz y liberación”
Médium Francisco Cándido Xavier.
Traducido por R Bertolinni

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